Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 29 de diciembre de 2013 Num: 982

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

La mirada de
Graciela Iturbide

Vilma Fuentes

Adiós a Maqroll
José María Espinasa

Amén: Breve nota
para Álvaro Mutis

Xabier F. Coronado

Elogio de Selma
Adolfo Castañón

Día de feria
Carlos Martín Briceño

A 400 años de Cervantes, el ejemplar
Enrique Héctor González

Póstuma
Adela Fernández

Leer

Columnas:
A Lápiz
Enrique López Aguilar
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
Núm. anteriores
[email protected]
@JornadaSemanal
La Jornada Semanal

 

Amén: Breve nota para
Álvaro Mutis

Xabier F. Coronado

Que te acoja la muerte/con todos tus sueños intactos./Al retorno de una furiosa adolescencia, /al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,/te distinguirá la muerte con su primer aviso./Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,/te iniciará en su constante brisa de otro mundo./La muerte se confundirá con tus sueños/y en ellos reconocerás los signos/que antaño fuera dejando,/como un cazador que a su regreso/reconoce sus marcas en la brecha.
Álvaro Mutis: “Amén”

El domingo 22 de septiembre nos llegó la noticia, se filtró entre otras notas de actualidad con el paso implacable de la muerte: falleció Álvaro Mutis. Desde hacía una semana todos temíamos lo peor, que es siempre lo inevitable, y sucedió lo que continuamente sucede: el cuerpo se acaba. El perfecto engranaje fisiológico que nos da vida tiene un límite, es perecedero y eso nos hace mortales. Se acaba el cuerpo y con él se van los gestos, las risas, las palabras; las pesadas funciones metabólicas, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad; se va el contacto físico del abrazo y el beso...; las cosas ligadas al cuerpo se nos van. Pero hay otras cosas que escapan a la tiranía de la materia orgánica y trascienden la muerte física: el artista deja al morir obras que sólo necesitan de otros sentidos para tener vida; en nuestro caso detrás del escritor se quedan las palabras que renacen cada vez que alguien las lee y las disfruta.

Álvaro Mutis ya es inmortal como Maqroll, juntos seguirán recorriendo eternamente en una barcaza de madera el estero infinito donde las aguas pasan en lento remolino de lodo y de raíces. Allí esperaba el viejo Maqroll desde que Mutis lo embarcó en su viaje definitivo después de remontar el Paso del Ángel en el Xurandó, de sobrevivir en las minas de Cocora y Amirbar donde Antonia intentó matarlo; luego de tener una experiencia casi mística en el Cañón de Aracuriare y de nunca superar la muerte de Ilona, inmolada por Larissa en un barco varado en Panamá. Siempre nos quedarán todos esos personajes inigualables que ahora se reencuentran con su creador en la tienda de Flor Estévez en la cordillera, en ese espacio incierto llamado La Nieve del Almirante, donde viven las cosas que nos son entrañables porque tienen la fuerza de tocar el corazón: Abdul Bashur, el soñador de navíos; Jon Iturri, el capitán del Tramp Steamer ; doña Empera y Amparo María de La Plata; Dora Estela y Eulogio... y tantos otros que habitarán por siempre el universo de personajes llenos de vida y pasión que Mutis nos regaló.

Se va Álvaro Mutis en un bel morir compartido con el Gaviero, pero aquí se quedan las mansiones de la Araucaíma, repitiendo sus historias góticas en cuartos situados alrededor de patios tropicales; las “tecata valín”, destrozando pobres diablos recluidos en otros lecumberris; y todos los demás Elementos del desastre que nos rodean. También aquí nos quedamos los maqrollianos, ésos que estamos marcados por su prosa precisa, por sus libros llenos de historias que revivimos una y otra vez al leerlas. Aquí nos quedamos todos un poco más huérfanos porque la muerte se llevó a otro estratega que, como Bolívar, nos guió por caminos de libertad donde el vivir y el morir marcan la huella.

Amigo Mutis, en la despedida no podemos hacer otra cosa que rezar tus propias oraciones: la Oración de Maqroll, la Plegaria a Amirbar, la Oración del Capitán, la Letanía del Gaviero, Amén, y tantas otras que con afán nos enseñaste para que pudiésemos superar el doloroso recuerdo de tu ausencia.