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Asuntos Jurídicos del INAH ya trabaja en el caso, adelanta César Moheno a La Jornada

Interpondrán denuncia en la PGR por daños irreversibles a El caballito

La ley dispone multa máxima de 50 mil pesos pero la reparación del daño asciende, según el dictamen de los especialistas, a casi $1.5 millones, indica el secretario técnico del instituto

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Detalles de la escultura de Manuel Tolsá, donde se observan algunos de los dañosFoto Cortesía del INAH
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La escultura de bronce conocida como El caballito tiene daños en aproximadamente 50 por ciento de su superficieFoto Cortesía del INAH
 
Periódico La Jornada
Miércoles 9 de octubre de 2013, p. 4

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) interpondrá una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR), contra quien resulte responsable de los daños irreversibles que sufrió la estatua ecuestre de Carlos IV, obra de Manuel Tolsá (1757-1816), luego de que por instrucciones de funcionarios del Gobierno del Distrito Federal (GDF), la escultura fue intervenida por Arturo Javier Marina Othón, presunto restaurador, como adelantó La Jornada (2/10/13).

El secretario técnico del INAH, César Moheno, señaló a La Jornada que la Coordinación Nacional de Asuntos Jurídicos de la institución trabaja en la formulación de la denuncia correspondiente para incluir los elementos probatorios necesarios.

Como dispone el artículo 5º de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, la multa máxima es de 50 mil pesos, es lo que la ley permite, tomando en cuenta la gravedad de los hechos. También se deberá condenar a la reparación del daño ocasionado por el valor económico que establezca el dictamen elaborado por los especialistas, el cual asciende a casi millón y medio de pesos.

Ayer, el funcionario dio a conocer a la prensa el dictamen elaborado por ocho restauradores, arquitectos y químicos metalúrgicos de las coordinaciones nacionales de Conservación del Patrimonio Cultural de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, y de Monumentos Históricos del instituto, los cuales confirmaron que la escultura de bronce conocida como El caballito tiene daños en aproximadamente 50 por ciento de su superficie.

Hubo pérdida irreversible de la pátina original a causa del uso de ácido nítrico al 30 por ciento; desaleación y pérdida irreversible de elementos (estaño y zinc) por el uso de esa misma sustancia; corrosión del bronce y abrasión de la superficie por el uso de cardas metálicas, determina el informe.

Según un escrito en poder del INAH, proporcionado por el propio Marina Othón, “se utilizaron fibras de acero para sacar ‘brillos en las partes de mayor realce’. Aunque el documento menciona que estos brillos se darían al terminar la aplicación de una nueva pátina, resultó evidente que se utilizó también como método de limpieza

Si bien la obtención de brillos es un proceso común en la patinación de obras recién producidas, es un grave error utilizar este mismo método en un monumento histórico.

Durante la visita de inspección de los especialistas del INAH, “se encontró un bidón con ácido nítrico al 60 por ciento in situ en uno de los andamios”.

El dictamen revela además que también sufrió afectaciones el pedestal de la obra que se ubica en la plaza Tolsá, frente al Museo Nacional de Arte: hay manchas tanto en la piedra como en los tableros de mármol (un material particularmente susceptible al ataque por ácidos) por el escurrimiento y absorción de la solución del ácido nítrico, así como por salpicaduras de óxidos de hierro de los andamios e incremento de los daños prexistentes en la piedra, lo que alteró las propiedades físicas del material y demeritó las cualidades estéticas del monumento histórico. También disolución y desprendimiento de capas superficiales de carbonato de calcio, ocasionados por una limpieza con agua a presión de los tableros de mármol”.

Intervención sin aval del instituto

César Moheno reiteró que la intervención, que se inició el pasado 17 de septiembre, no contó ni cuenta con autorización del INAH, instancia que detuvo los trabajos el 19 de ese mes.

Destacó que si bien el valor cultural del monumento histórico (construido entre 1793 y 1802) es incalculable, “la estimación de los daños ocasionados por la intervención realizada por Arturo Javier Marina Othón asciende a un millón cuatrocientos quince mil setecientos veintitrés pesos.

“Al realizar los tratamientos sin autorización, se violó la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y su Reglamento; además, los documentos presentados por el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México y por Arturo Javier Marina Othón, mediante los cuales se pretendió obtener solicitud de autorización por parte del INAH de manera extemporánea están incompletos: no se presentó cédula profesional de restaurador responsable, no se cuenta con un curriculum completo del responsable de los trabajo, no se presentó un diagnóstico preliminar que justifique las intervenciones realizadas, y planteó métodos y materiales de intervención sumamente agresivos que afectaron la integridad del monumento histórico.

“También se pudo observar negligencia en la calidad de los trabajos realizados, así como una total falta de sensibilidad al trabajar sobre un monumento histórico.

Su ejecución no autorizada generó daños irreversibles. Es urgente iniciar un proceso de intervención para estabilizar el monumento histórico y restituir los elementos necesarios que garanticen su conservación.

El secretario técnico del INAH, César Moheno, explicó a este diario que El caballito en estos momentos se encuentra estable, el efecto del ácido nítrico se detuvo, y reiteró que el GDF es el responsable de presentar un nuevo proyecto para la restitución de la obra. por supuesto, la ejecución de los trabajos que al efecto se autoricen por el INAH será supervisada por personal de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural y de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, quienes sí saben lo que hacen y son especialistas con reconocimiento internacional.

Hace unas semanas, el director del Fideicomiso del Centro Histórico, Inti Muñoz, afirmó que la decisión de intervenir la escultura no fue discrecional de un organismo, sino a través de un cuerpo colegiado e interinstitucional, el Comité de Monumentos y Obras en el Espacio Público, en el que el propio INAH participa.

Moheno explicó que, en efecto, hubo un par de mesas de trabajo con la participación de autoridades del INAH y del GDF (el 15 de agosto y 5 de septiembre) en las que sólo se presentó el programa de trabajo para el Centro Histórico, “se mencionó la necesidad de restaurar El caballito, pero en ningún momento se estableció una fecha ni se solicitó la autorización de intervención como lo marca la ley”.

Indignación de investigadores

De acuerdo con documentos que a posteriori entregaron al INAH los funcionarios del Centro Histórico de la Ciudad de México, la intervención de la obra fue llamada por ellos “Servicio para la restauración y rehabilitación del monumento ecuestre a Carlos IV de España conocido El caballito, limpieza y mantenimiento de la escultura ecuestre, incluye el pedestal”.

En un comunicado, el Colegio de Investigadores del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México manifiestó su indignación por los daños que sufrió la estatua ecuestre de Carlos IV, “una de las obras señeras de la escultura virreinal y del arte mexicano.

“Nos parece inaceptable que este deterioro haya tenido lugar por la acción de organismos públicos que estaban obligados a proceder con profesionalismo, cuidado y conforme a la normatividad para garantizar la conservación del patrimonio. Lo ocurrido debe llevar a la realización de una investigación exhaustiva en la que se deslinden las responsabilidades de acuerdo con la legislación vigente.

Hacemos un llamado a la comunidad para expresarse en torno a este lamentable acontecimiento. Hacemos un llamado a las autoridades para conducirse con rigor y conforme a derecho.

El dictamen completo se puede consultar en la página electrónica del INAH.