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La gente gasta en vacaciones o en antros, yo en cumplir mis sueños, dice el alpinista

Afirma Liaño que el récord Guinness fue una anécdota, no algo para presumir

Relata que en una de sus escaladas al Everest lo impresionó ver alrededor de 15 cadáveres

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A David Liaño lo sorprende la atención que generó y el registro de su hazaña en el libro de récord GuinnessFoto cortesía del alpinista
 
Periódico La Jornada
Martes 18 de junio de 2013, p. a14

La notaria del Himalaya, Elizabeth Hawley, tiene 88 años y nunca ha subido una montaña. No le hace falta, pues la autoridad de esta señora con aspecto frágil, siempre bien arreglada como para asistir a una reunión de té, está amparada en tres décadas de seguimiento riguroso de las expediciones que llegan a la cordillera para conquistar alguna de sus 14 cimas.

Los métodos detectivescos que utiliza esta historiadora y ex periodista para verificar si alguien alcanzó la cumbre son célebres: sabe con precisión quién llega, dónde se hospeda, agenda un par de entrevistas –una antes del ascenso y otra después–, pregunta y anota en papeletas rudimentarias y, sobre todo, indaga entre las comunidades de sherpas –los habitantes del Himalaya nepalí– sobre la veracidad o inconsistencias en los relatos de cada alpinista que asegura haber llegado a lo más alto.

Esa celebridad la conocía bien el alpinista mexicano David Liaño, quien llegó a Katmandú en abril pasado para intentar un doble ascenso a la cima del Everest. Al llegar al hotel donde se alojaría lo esperaba un mensaje de la señora Hawley para pactar una entrevista sobre la expedición. El día del encuentro, la notaria del Himalaya, a quien también se conoce con el mote de la Dama de Hierro por su carácter de acero, le preguntó sobre los planes que tenía: las fechas estimadas en las que estaría en cada campamento y en las que pretendía hacer cumbre, las personas que le acompañarían y si usaría oxígeno. Un cuestionario riguroso para evitar falsas conquistas.

Liaño emprendió el ataque a la cima la noche del 10 de mayo. En completa oscuridad avanzó junto a su sherpa –el compañero y asistente en la escalada– sólo guiado por el pequeño campo de luz que formaban los haces de las linternas.

El viento y la nieve hicieron difícil la travesía, pero el 11 de mayo alcanzó la cumbre de la montaña más alta del mundo, a 8 mil 848 metros sobre el nivel del mar, cuando el cielo resplandecía con un azul intenso.

Para cumplir con la segunda parte del proyecto, Liaño se desplazó a China para emprender el segundo ascenso al Everest desde el lado del Tíbet. Bajé al campamento base en Nepal y tuve que dar toda la vuelta en helicópteros y camiones para llegar a la base en China y hacer el segundo ascenso, relata.

La ladera china del Everest representa un reto todavía mayor, no sólo por los obstáculos que impone el gobierno de ese país y que convierten todo proyecto en una hazaña burocrática, sino por las características de la ruta misma.

Entre el último campamento y la cima, me tocó ver alrededor de 15 cadáveres, cuenta Liaño. Era impresionante avanzar por la noche y encontrar de pronto las botas de un cadáver; no se puede ver al Everest como una montaña fácil.

El 19 de mayo David Liaño se convirtió en el primer alpinista en alcanzar dos veces el techo del Everest en una misma expedición. En una segunda entrevista, la señora Hawley volvió a la carga con sus preguntas para detectar la solidez de la experiencia, atenta a todos los detalles que derivan en la certificación de una expedición o en el bochornoso veredicto de un ascenso dudoso.

La hazaña fue consignada por el gobierno de Nepal, que lo contactó para realizar una ceremonia para darle el reconocimiento por el doble ascenso, pero que también desembocó en el registro en el libro de récords Guinness.

Para mí eso fue muy raro, casi irreal, algo que nunca busqué: una marca, y lo viví todo como algo inesperado; para mí es más una anécdota para platicar que algo para presumir, dice.

Me ha costado reconocer que lo que logré fue algo importante porque fue una meta personal; por eso me sorprendió la atención que generó, pero poco a poco lo he ido entendiendo.

Asesor financiero

Hay modestia en la manera en que se percibe a sí mismo este alpinista que no piensa que escalar cimas lo convierta en superhombres y que ni siquiera se ve como profesional porque no vive de subir montañas: David Liaño es asesor financiero y de esa actividad obtiene los recursos para costear sus proyectos.

Y como en un viaje de placer, el presupuesto determina las comodidades; si el rango de una expedición es de 16 mil a 75 mil dólares, Liaño asegura que se mantiene en el presupuesto más bajo. Eso describe las condiciones en la que emprende cada aventura.

Las expediciones las planeo de acuerdo con mis posibilidades; hay gente que se va de vacaciones, que cambia de coche o gasta en antros, yo no necesito eso y hago un sacrificio para conseguir mis sueños, comparte.

Algunos alpinistas de elite, esos que persiguen las 14 puntas más altas de la Tierra, suelen descalificar a quienes escalan el Everest, una montaña que consideran no representa retos y recuerdan que fue escalada por ancianos, niños y personas amputadas.

Liaño no se inquieta. Sabe que en este deporte existen mucho celos y envidia, pero tampoco puede olvidar que la población de alpinistas –profesionales, amateurs e improvisados– hacen complicado subir. Para mucha gente subir al Everest más que un logro es una medalla para presumir, dice con cierta pena.

Tiene razones para quejarse, pero no lo hace: hace un par de años abandonó una misión porque el tráfico de escaladores no le permitió incorporarse a la ruta de ascenso. Era como cuando alguien quiere incorporarse al viaducto y los conductores hostiles no te dan el paso, compara.

Para hacerse una idea de la sobrepoblación, algunos testimonios han descrito al campamento base como un pueblo improvisado de alpinistas en el que se llegan a hacinar hasta 300 casas de campaña.

Pese a todo, Liaño defiende el derecho de todos a intentar, bajo la responsabilidad de cada quien, mirar hacia abajo desde el lugar más alto del mundo. Algunas iniciativas buscan contener el incremento de alpinistas aficionados en el Everest mediante el control riguroso de permisos para quien no cumpla con ciertos requisitos, como tener alguna cumbre de ocho mil metros en el currículum.

Yo no estoy de acuerdo, porque la montaña es para todos, dice con la solvencia de quien ha cumplido metas y, además, aparece en un libro de récords.

Liaño ya lo consiguió y no le cierra la puerta a nadie. No irá tras las 14 cimas de más de ocho mil metros ni nada que implique acercarse al cielo. El siguiente reto de Liaño es líquido: buscará navegar durante ocho meses para dar la vuelta al mundo en una embarcación de vela. No busca otro récord, sino demostrar que sin metas, la vida es el vacío a ras del suelo.