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En entrevista con La Jornada, el artista británico manifiesta: antes que nada, soy pintor

Si hay rencarnación quiero regresar como arquitecto, pide Peter Greenaway

Rotundo: la gran mayoría de las personas, entre ellas muchos cineastas, no captan o no saben leer el lenguaje visual

Dictó una conferencia en el congreso Arquine, en el teatro Metropólitan

Foto
Peter Greenaway, ayer, durante la entrevista con La JornadaFoto Guillermo Sologuren
 
Periódico La Jornada
Martes 12 de marzo de 2013, p. 5

El reconocido cineasta británico Peter Greenaway comparte lo que hoy sería uno de sus anhelos: Poder controlar, por dos semanas, las más de 125 pantallas, que se encuentran en Times Square, de Nueva York, para hacer un trabajo cinematográfico más contemporáneo.

Greenaway, quien visita el país para participar en el Congreso Arquine, considerado el más importante encuentro de arquitectura en Latinoamérica, que se lleva a cabo en el teatro Metropólitan, en entrevista con La Jornada detalló los vínculos entre el cine y la arquitectura.

El director, quien en 1987 rodó la cinta The belly of an architec (La panza de un arquitecto), consideró que se trata de un fenómeno curioso que siempre, en el mundo entero, ha sido un tema que fascina a arquitectos y cineastas.

A partir de esa película, dijo, lo han invitado a participar en foros de arquitectura, cuando en realidad es muy poco lo que sé de esa disciplina, porque mi formación es como pintor. Sin embargo, si creyera en la rencarnación me gustaría que me dieran la oportunidad de volver como un arquitecto.

Para Greenaway, el vínculo más fuerte entre el cine y la arquitectura es la noción y el entendimiento del espacio; es ahí donde más se relacionan. En mis películas me encanta trabajar en conjunto con los bailarines, porque tienen un enorme concepto del espacio, así como los arquitectos.

Existen varios directores que tienen estudios de arquitectura, que tratan de desarrollar o congelar el concepto del espacio, como Michelangelo Antonioni, añadió.

Vivimos en la época de la pantalla

Debido a que este año el congreso Arquine tiene como tema el espacio, abordado desde distintas miradas, como la antropológica, la política y la cinematográfica, Greenaway ofreció una conferencia magistral sobre el tema, en la que explicó su concepto del espacio. En mi caso es algo curioso, porque el cine se considera el arte del movimiento y mucho de mi cine es más estático.

Greenaway se apoyó con material fílmico propio, grabado en su computadora, para desarrollar el concepto del sentido de lugar, que no está relacionado con las matemáticas sino más bien con la atmósfera arquitectónica, una especie del sentido del tiempo.

De manera curiosa o irónica, comentó el cineasta, “la arquitectura convencional ha sido desastrosa para el cine. Desde 1865, siento que ver una película dentro de un recinto, es una lástima. Pienso que deberíamos habernos liberado de esos espacios y salir del cine… para proyectar cine”.

Hoy día, destacó, hay más pantallas fuera del cine que dentro. Tendríamos que concéntranos más en las pantallas exteriores. El cine convencional, como actualmente lo conocemos, está de cierta manera falleciendo, pues hoy vivimos en la época de la pantalla.

Ejemplo de ello, abundó, es que en muchos espacios cerrados, generalmente hay varias cámaras de supervisión grabando. Eso nos obliga a vernos siempre muy bien, porque siempre estamos frente a una cámara, bromeó.

Algo importante respecto de sacar el cine de su ámbito convencional, explicó, “es acercarnos y hacer uso de la arquitectura contemporánea.

Uno de mis sueños sería poder controlar por dos semanas, las más de 125 pantallas, que se encuentran en Times Square, en Nueva York, para hacer un trabajo cinematográfico más contemporáneo.

Para Greenaway no hay tal cosa como historia, sólo historiadores. Comentó sentirse desencantado sobre que casi toda la historia está basada en textos. “Me siento muy desilusionado de que los historiadores no utilicen la imagen con el mismo peso que usan para el texto.

La gran mayoría de las personas, entre ellas hay muchos cineastas, no captan o no saben leer el lenguaje visual, añade.

Hoy, con las nuevas tecnologías, expresó, podemos tener acceso a un teléfono celular, con el que se pueden tomar muchas imágenes, no obstante, “creo que sólo existen unos 50 buenos fotógrafos en el mundo.

Tenemos la santa trilogía del padre, el hijo y el espíritu santo: El padre es el teléfono celular, el hijo es la laptop y el espíritu santo la cámara digital. Ahora, hay que esperar, que una compañía cree un solo ente, que agrupe a todos.