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Karla Wheelock, satisfecha con los resultados del programa

Expedición a la Antártica transforma la vida de jóvenes
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El viaje de los adolescentes fue del 27 de diciembre al 8 de enero pasadosFoto cortesía Fundación Wheelock
 
Periódico La Jornada
Martes 15 de enero de 2013, p. a15

Hatie Ramírez no conocía la nieve. Por eso, cuando pisó la Antártica quiso tirarse y abrazar con emoción la alfombra blanca que se extendía por el horizonte. El paisaje ante sus ojos era lo más ajeno que conocía, de una extrañeza casi fantástica: un reino helado, icebergs, cimas nevadas y un cielo azul intenso y soleado que asombró a las jóvenes expedicionarias.

Habría dado volteretas sobre el frío suelo si no hubiera tenido la responsabilidad de organizar el equipo con el que iniciaría la expedición, junto a un grupo de estudiantes de secundaria que ganaron el viaje gracias a sus proyectos de cuidado ambiental, como parte del programa Líderes mexicanos a la Antártica, que dirige la alpinista mexicana Karla Wheelock.

Cumplida su tarea colectiva, Hatie se abrazó con sus compañeras y saltaron de alegría. Ese día comenzaba una aventura que les cambiaría para siempre la manera en que miran la vida.

Hatie tiene 14 años; estudia en una secundaria pública del pueblo de San Bartolo Ameyalco, en la delegación Álvaro Obregón, donde con unas compañeras y la profesora de biología Carolina Hernández fundó un grupo para recuperar un terreno baldío que convirtieron en un parque comunitario. La población está cerca del parque nacional del Desierto de los Leones, pero carecía de algún espacio verde con esas características, dice la maestra. El proyecto prosperó y decidieron concursar en el programa de Wheelock.

Sólo dos secundarias fueron elegidas. Una era la del grupo Las defensoras del planeta Tierra, formado por las cinco estudiantes y la profesora, que participó en la expedición del 27 de diciembre de 2012 al 8 de enero de 2013.

A partir de entonces vino la preparación física y las caminatas al nevado de Toluca para acondicionarse en lo que consideran la aventura de sus vidas.

La experiencia las marcó profundamente, comentan las alumnas de tercer grado. No sólo por la curiosidad que significó salir de su país, rumbo a la isla Rey Jorge, en el círculo polar antártico, como comparte Daniela Monterrubio, sino porque a raíz de esa expedición se convirtieron en otras personas.

Tairy Molinero, de 15 años, es menuda y parece seria. Pero cuando recuerda la experiencia adquiere una seguridad inquebrantable. Recuerda que antes se percibía a sí misma como una chica débil y tímida. Ahora siente una fortaleza inimaginable y es capaz de afrontar grandes retos.

Wheelock recuerda que los jóvenes que participaron el año pasado hoy están en Dubai exponiendo el proyecto que los llevó a ganar el viaje.

La idea es que cada joven que participa se convierte en un agente de cambio para su comunidad, porque con su ejemplo inspira a sus compañeros de escuela y a la gente, comenta la alpinista.

No es fácil; además del viaje, tan sólo equipar a cada joven cuesta alrededor de mil 800 dólares, porque deben llevar el mejor equipo, pues no nos podemos arriesgar a que sufran un percance.

Karla no reprime el entusiasmo al retomar esta experiencia. Lo cuenta emocionada, igual que las chicas cuando recuerdan la nieve.