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Compañeros del artista, quien hoy cumpliría 70 años, destacan su legado

Eduardo Mata, figura única cuya obra sigue en espera de ser valorada

Difundir y rescatar la música de las Américas fue el leitmotiv del compositor y director de orquesta

Somos un país de pobre memoria y falta mucho para ponerlo en el sitio que merece: Brennan

Tuvo una actitud de pleno diálogo de la cultura mexicana con Occidente, indica Sergio Vela

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Eduardo Mata en la dirección orquestal, actividad en la que el artista y promotor cultural conquistó innumerables éxitos en los ámbitos nacional e internacionalFoto Clive Barda
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Eduardo Mata (1942-1995), en el podio. La temprana muerte del director le impidió concretar el sueño de crear una escuela de dirección de orquesta en MéxicoFoto Archivo
 
Periódico La Jornada
Miércoles 5 de septiembre de 2012, p. 4

Este 5 de septiembre Eduardo Mata hubiese cumplido 70 años si un fatal accidente no se hubiera interpuesto en su vida, el 4 de enero de 1995, al desplomarse la avioneta que él mismo piloteaba, a escasos kilómetros de Cuernavaca.

Para conmemorar este natalicio del músico oriundo de la ciudad de México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) realizará un homenaje nacional cuyos pormenores fueron anunciados ayer por la titular de esa instancia, Consuelo Sáizar.

Para nadie del medio musical, incluso internacional, hay duda de que Eduardo Mata ha sido el mejor director de orquesta de México, así como uno de los más importantes impulsores culturales del país.

De allí que su ausencia pese aún tanto, al extremo de que varios personajes del arte sonoro y la cultura en general asuman que su muerte dejó a la música nacional en una especie de orfandad, en particular en lo que concierne a la dirección de orquesta.

Entre esas figuras se encuentran el compositor Mario Lavista, amigo suyo y compañero durante varios años en el Taller de composición de Carlos Chávez, en los años 60 del siglo pasado; el director escénico Sergio Vela y el crítico de música Juan Arturo Brennan.

A esa lista se suman el pianista Alberto Cruzprieto y el oboísta Roberto Kolb, integrantes ambos de Solistas de México, la agrupación de excelencia fundada por Mata en el penúltimo decenio de la centuria anterior.

Ese papel toral que el también compositor desempeñó en la música y la cultura mexicanas se ha expresado asimismo en diversas iniciativas y proyectos que su quehacer, pensamiento y recuerdo han influenciado o impulsado desde su fallecimiento.

Como ejemplo, su nombre es emblema de diversas escuelas de educación formal en el país, de nivel prescolar a bachillerato, hasta por un premio internacional de dirección de orquesta (organizado por la asociación civil Instrumenta) y una orquesta juvenil, creada hace un año en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Opiniones divergentes

A todo esto, ¿son bien reconocidos y valorados a la fecha la figura y el legado de Eduardo Mata en México?

La respuesta genera opiniones encontradas en el medio musical mexicano. Mientras algunos intérpretes, creadores y críticos de música sostienen que el nuestro es un país de memoria ingrata, otros están convencidos de la buena valoración y la influencia que hasta hoy día tiene ese artista en nuestra cultura.

Entre los primeros se encuentran el crítico Juan Arturo Brennan, colaborador de La Jornada, quien al respecto señala:

“No creo que su figura haya sido valorada. Somos un país con muy corta y pobre memoria histórica, y falta mucho para poner a Eduardo en el sitio que le corresponde.

Falta mucho por hacer para difundir su trabajo, para revivir y hacer circular su discografía. Hacerlo sería benéfico para la historia de la música nacional; figuras de su talla son muy escasas.

En el mismo sentido se expresa Alberto Cruzprieto: Mata es una figura única; lo veo totalmente aislado por su magnitud, y estoy convencido de que no es suficientemente valorado. Creo que sólo colaborando muy cerca con él se tenía idea clara, tangible de sus altísimos niveles.

Para reforzar su opinión, el pianista recuerda que hubo ocasiones que el maestro debió cancelar conciertos en el país, debido a los problemas que suelen suscitarse entre directores y orquestas.

“Entonces –afirma–, si a un personaje del calibre del maestro le ocurrió eso, qué más puede esperarse en otros sentidos. Eso es muy sintomático de lo que suele suceder con lamentable frecuencia en el medio mexicano: no se perdona el éxito y menos el éxito a ese nivel.”

El oboísta e investigador Roberto Kolb refuerza esa posición y sostiene que lo más relevante de Eduardo Mata no fue haber conseguido éxito internacional como director de orquesta, sino que nunca dejó de ser sincero con sus prioridades y nunca se vendió.

Representaba a toda la música de Occidente, pero además con un compromiso de dar a conocer y rescatar la música de las Américas. Ese carácter de sinceridad, de honestidad consigo mismo, más allá de la teatralidad, es algo que aprecio y que debería ser reconocido y retomado en nuestro medio y por nuestras instituciones; pero por desgracia no es así.

Respeto y admiración

En contraste, el compositor Mario Lavista y el director escénico Sergio Vela guardan profundo convencimiento sobre el aprecio y el reconocimiento que se mantiene por Eduardo Mata en los ámbitos musical y cultural del país.

Eduardo es una de las figuras más importantes que hemos tenido. El gremio musical le tiene enorme respeto y admiración. Afortunadamente contamos con sus grabaciones. Ha desempeñado un papel muy importante, trascendental en la vida y la actividad musicales de México, afirma Lavista.

Por su parte, Vela coincide con lo expresado por el compositor, aunque, como Roberto Kolb, considera que las enseñanzas del director, sobre todo en lo que respecta la búsqueda de la excelencia musical, parecen permanecer indiferentes.

Desde el punto de vista de crítica a las instituciones, todavía no hay un verdadero aprendizaje. Creo que los males que aquejaban, molestaban a Eduardo y contra los que luchaba siguen existiendo. No tenemos una verdadera autonomía en la gestión artística, ni me parece que haya una actitud convencida de la obtención de los mejores resultados, opina el creador escénico.

Buscar los mejores resultados y obtenerlos, como lo hizo siempre él, no es lo más frecuente en nuestro medio. Se habla de Eduardo Mata más desde un punto de vista emocional, de decir que perdimos a un gran director tan joven, a los 52 años, que del ejemplo que sí dejó y el cual me parece que deberíamos valorar y aprender.

Legado invaluable

En lo que no hay punto de discusión es en lo concerniente a los invaluables legados de Eduardo Mata a la cultura nacional, no sólo en su condición de músico.

También destaca lo que hizo como promotor cultural, rubro en el que hasta la fecha pueden advertirse tres herencias concretas: una muy bien preparada generación de aficionados a la música de concierto, así como la edificación de las salas de conciertos Nezahualcóyotl, en la ciudad de México, y la Morton H. Meyerson, en Dallas, Texas, consideradas entre las mejores del continente.

Incluso, nada exagerado resulta afirmar que varios músicos y demás profesionales relacionados con el arte sonoro fincaron o reforzaron su vocación después de verlo actuar, sobre todo en sus memorables conciertos al frente de la Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México que, a instancias suyas, fue transformada en la actual Ofunam, o con el célebre ciclo Mahler que ofreció a mediados de la década de los 70 en el Palacio de Bellas Artes.

Botón de muestra de esa determinante influencia son los mencionados Juan Arturo Brennan, Sergio Vela y Alberto Cruzprieto, a los que sin problema alguno pueden sumarse cientos más de personas que se acercaron al hecho musical, comenzaron a aprehenderlo y se apasionaron de éste merced a esa magnética personalidad que lo distinguió siempre al ocupar el podio.

Como músico, entre las características de Eduardo están ante todo la exigencia y la disciplina, una pasión evidente por la música; esto último parecería perogrullada, pero no lo es, porque existen muchos músicos que no la tienen, y a él le sobraba y además era muy contagiosa, destacan Brennan y Cruzprieto.

Tenía, en particular, un conocimiento muy amplio de la música y de la cultura en general, además de una enorme capacidad para comunicar. Lo que podía hacer con la batuta también lo hacía como conversador; la suya era una capacidad de comunicarse muy bien articulada y apasionada.

Entre los aciertos fundamentales de Eduardo Mata, se destacan los altos alcances de ejecución que logró con la orquesta de la Universidad Nacional, que tuvo como consecuencia directa la creación de melómanos universitarios que hasta la fecha sigue siendo un público de nivel: inteligente, exigente y conocedor de la música sinfónica en México.

Otro mérito que se le reconoce es la discografía que dejó, muy singular en contenidos y repertorio. Se puede leer un perfil preciso de los intereses y la capacidad para dirigir determinado tipo de obras, de acuerdo con los entrevistados.

Un mérito más es el hecho de que Mata fue pionero principal de la introducción en México del sistema venezolano de coros y orquestas infantiles y juveniles, con el cual colaboró de manera directa.

Otro hecho notable fue el apoyo que siempre brindó a los músicos mexicanos, lo cual hizo invitándolos a participar en los importantes escenarios internacionales donde él dirigió. Entre ellos se encuentran el Cuarteto Latinoamericano, la soprano Lourdes Ambriz, el flautista Horacio Franco y el propio Alberto Cruzprieto.

Como parte de ese impulso decidido a los intérpretes nacionales puede tomarse asimismo la creación de Solistas de México, agrupación de excelencia abocada a la música antigua, con la cual realizó varias y relevantes grabaciones.

Lo más importante que ha legado Eduardo Mata a México es el rigor, la exigencia, la seriedad profesional, la disciplina y la convicción de que los mejores resultados son alcanzables y que no hay que conformarse con menos que lo óptimo, enfatiza Sergio Vela.

“También me parece que la actitud de Eduardo –que se corresponde con la de Alfonso Reyes, Rufino Tamayo, Octavio Paz o Carlos Chávez– es de pleno diálogo de la cultura mexicana con el resto de la cultura occidental. Es un rechazo de la condición periférica del país y proponer un diálogo franco, frente a frente, con el resto de la cultura de Occidente.”

Astro fugaz

Muy fresco en la memoria permanece para muchos el recuerdo de Eduardo Mata con la batuta en mano. Ese poder seductor de su persona, esa energía con la que conducía a la orquesta y la comunicación eléctrica que entablaba de manera inmediata con el público, además del profundo conocimiento de la obra en turno.

Eduardo sirvió siempre a la música, no se servía de ella. Al verlo, uno sentía esa corriente entre el público; y, no obstante su carisma y presencia, él desaparecía, la música estaba siempre en primer plano, coinciden en afirmar Mario Lavista, Alberto Cruzprieto y Roberto Kolb.

Al respecto, agrega este último, “hay muchos directores que buscan distinguirse de los demás haciendo algo: exagerar un parámetro, como la velocidad, o la utilización de instrumentos antiguos; en fin, algo que los haga diferentes. Mata no tenía necesidad de recurrir a ese tipo de trucos, porque era un músico extraordinariamente inteligente, creador, que tendía a analizar, reflexionar y escribir sobre las obras que dirigía.

“Era un hombre muy profundo, un conocedor bastante intelectual y también emocional de la música. Y lo que salía de allí era una personalidad inconfundible, absolutamente única. Mata nunca se preocupó por las apariencias o hacer show, todos sus movimientos eran sutiles y era capaz de decir todo con su cuerpo; no he conocido a nadie más que pueda decir tanto sin tener que abrir la boca.”

Ese fue, pues, Eduardo Mata, quien este 5 de septiembre cumpliría siete décadas de vida, el artista cuya temprana muerte le impidió cumplir sus deseos de retomar el ejercicio de la composición musical y crear una escuela de dirección de orquesta en México.

En un país en el que frecuentemente hay conformismo y la falta de exigencia y rigor implican resultados mediocres, Eduardo fue enemigo jurado de la mediocridad, el paladín de los mejores resultados. Fue, en síntesis, un astro refulgente en nuestro firmamento, lamentablemente un astro fugaz, un cometa, resalta Sergio Vela a manera de rúbrica, que bien puede ser secundada por muchos.