Opinión
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11 Semana del Cine Alemán
U

na trilogía del desasosiego emocional. Entre los títulos de ficción presentes en la 11 Semana de Cine Alemán destacan tres obras muy recientes, dos de realizadores ya reconocidos: Lo que queda, de Hans-Christian Schmidt, y Bárbara, de Christian Petzold, y Tótem, una inquietante opera prima de la realizadora Jessica Krummacher. Al conjunto de películas propuestas lo completan cuatro largometrajes de ficción (Alto en el camino, de Andreas Dresen; El ladrón, de Benjamin Heisenberg; El río solía ser hombre, de Jan Zabeil, y La invisible, de Christian Schwochow); tres documentales (Cima, de Hannes Lang; Esto no es California, de Marten Piersel, y Gerhard Richter, pintor, de Corinna Belz), así como una retrospectiva de Andreas Dresen, explorador muy perspicaz de las veleidades y contradicciones de seres humanos confrontados a las crisis morales que provocan la enfermedad terminal, la vejez, la soledad o el desencuentro amoroso.

En Lo que queda, H.Ch. Schmidt (Réquiem, 2003) pareciera endosar una fría sentencia de Chateaubriand: La vejez es un naufragio, complicándola con el añadido de un trastorno mental –depresión crónica y comportamiento obsesivo– que durante más de 30 años acompaña a la protagonista ya sexagenaria, sin asomo alguno de terapia exitosa. Esta condición genera una crisis familiar en la que cada personaje (el esposo que vive una relación amorosa extramarital, y dos hijos mayores incapaces de soportar el adulterio paterno) debe medir sus propias fuerzas anímicas frente a la mujer madura, imperturbablemente serena, que sólo pide un mínimo de respeto a su dignidad humana. No ser objeto de conmiseración ni tampoco un elemento más en el inmobiliario doméstico; dejar de ser un lastre incómodo para, interrumpiendo voluntariamente la medicación prolongada, atreverse a enfrentar una suerte azarosa y una liberación inesperada. La súbita desaparición de la madre de familia en la profundidad de un bosque evoca el tema de la desaparición misteriosa del ser amado en una de las cintas más notables de François Ozon, Bajo la arena (Sous le sable, 2000).

En el caso de Schimdt, un fino análisis de los personajes y la negativa a ofrecer soluciones fáciles impiden la caída en el lugar común y el desbordamiento melodramático.

En Tótem, la directora Jessica Krummacher propone una crisis doméstica más singular y desconcertante. Una joven huérfana se beneficia de la hospitalidad interesada de una familia que pronto la convierte en su asistenta doméstica. A la vez objeto de humillaciones físicas y morales, y del asedio sexual de algunos de sus miembros, la joven Fionna responde enmascarando su malestar y rabia sorda con una apariencia de docilidad hogareña donde caben, en dosis muy parejas, la espontaneidad afectiva y el frío cálculo de una revancha final sobre la hostilidad de su entorno. Poco a poco afloran los sentimientos contradictorios de los miembros de la familia: la soledad infinita de la matriarca que padece los altibajos anímicos de la menopausia y la insatisfacción sexual; el carácter irascible y caprichoso del padre atrapado en un ámbito doméstico que le oprime y orilla al alcoholismo, y la envidia que una hija joven apenas puede disimular ante la belleza y el espíritu libre, inapresable, de la doméstica a su servicio.

Hay escenas perturbadoras en este retrato de una familia disfuncional, donde el desvarío parece apoderarse de la propia Fionna paseando en la calle a dos bebés que sólo son muñecos de plástico, mismos que el hijo de seis años, hermano virtual de estos seres sustitutos, colocará en una cama de bronceado repitiendo los rituales cansinos de la familia. Hay en esta cinta un toque siniestro e implacable que recuerda al cine del austriaco Ulrich Seidl, en particular a Días perros (Hundstage, 2001). Un final abierto, muy seco, rubrica la originalidad de esta propuesta.

Bárbara, de Christian Petzold (Jericó, 2007), amplía el ámbito de la familia alemana hasta abarcar toda una nación, la República Democrática Alemana, sometida en 1980 a los rigores del autoritarismo ideológico, a la vigilancia, control y represión de toda disidencia política, real o fabricada, y la manera en que la doctora Bárbara (Nina Hoss), procura burlar el asedio cotidiano ayudando de paso a una joven enferma a alcanzar, con una urgencia mayor, la libertad a que ella misma pensaba tener derecho.

Aunque el tono de esta cinta es más convencional que el de las películas antes mencionadas, y de que sobre ella pese la sombra de La vida de los otros (F.H. von Donnersmarck, 2006), una visión más contundente de esos años y esas atmósferas opresivas, la cinta de Petzold construye con fineza una crónica sentimental en medio de una época donde cualquier afirmación personal debía triunfar muy azarosamente sobre los miedos y las incertidumbres colectivas.

La 11 Semana del Cine Alemán se exhibe en Cinépolis Diana, Universidad y Perisur. Horarios: www.cinepolis.com.mx