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La poeta estadunidense ofreció una velada íntima en la Casa Azul de Coyoacán

Patti Smith llevó serenata a Diego y Frida, dos de sus personajes favoritos

La intérprete cumplió su sueño de apoderarse del famoso inmueble

A capella entonó la canción Las mariposas de Noguchi, como un pequeño obsequio a la pintora, manifestó

 
Periódico La Jornada
Miércoles 9 de mayo de 2012, p. 5

En una velada íntima y de sueños cumplidos, la cantante y poeta estadunidense Patti Smith llevó serenata a dos de sus personajes favoritos: los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera. Sucedió la noche del lunes en la Casa Azul, lugar que Smith había tratado de conocer infructuosamente, primero en 1970 y luego en 1972, pero en ambas ocasiones el famoso inmueble de Coyoacán, que vio nacer y morir a Kahlo, estaba cerrado por diferentes razones.

Ahora, desde el viernes Smith no sólo entró por la puerta principal, sino que este lunes se apoderó de la casa, con su persona y su arte.

Smith y su banda habían dado un concierto –el primero en México– hace cuatro días en el Museo Diego Rivera Anahuacalli, dentro del 28 fmx-Festival de México. Ahora sólo estuvo acompañada por su coautor Lenny Kaye en la guitarra, aunque al final de la actuación echó la paloma el guitarrista de Saint Maybe, grupo que abrió el espectáculo el sábado pasado.

La velada de carácter privado, a la que sólo tuvieron acceso unas 40 personas, casi se canceló porque Smith se enfermó del estómago la noche anterior. Sin embargo, no la quiso suspender ante el privilegio de estar aquí, en esta maravillosa casa sobre la que leí cuando era una muchacha muy joven, sin soñar que un día estaría aquí actuando.

Antes de entonar una pequeña canción para Frida, Smith, de anteojos oscuros y con una taza de té de manzanilla en mano, contó cómo “en 1963 mi madre me regaló para mi cumpleaños 16 La vida fabulosa de Diego Rivera, de Bertrand Wolf, que me transportó a su mundo, arte, revolución, Guadalupe, Frida y Tina Modotti, libro que tuvo una fuerte influencia en mí. Soñé que algún día sería una artista, que encontraría alguien que lo fuera también, trabajaríamos juntos y nos preocuparíamos el uno por el otro, no importa las pruebas y los problemas.

“Cuando tenía 20 años conocí a un artista en Robert Mapplethorpe. Estar aquí me recuerda de nuestras luchas como jóvenes artistas. Se me vino a la mente que la cantidad de sufrimiento –también hubo alegría– que Frida experimentó en esta casa convierte mi enfermedad en cualquier cosa.”

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El guitarrista Lenny Kaye y Patti Smith, la noche del lunes en la Casa Azul de CoyoacánFoto Jesús Villaseca

Después de cantar Grateful (Agradecida), la cantante platicó de sus muchos planes para ese día: Tenía ganas de comer enchiladas con mole, de tomar muchas fotografías, de ver los bellos retablos, pero nada que anticipaba sucedió. Aunque otras cosas mágicas, sí. Estaba tan enferma que me quedé dormida en esta casa y al despertar pensé, he dormido en la casa de Diego y Frida. Eso no lo cambiaría por unas enchiladas con mole.

Las dedicatorias estuvieron a la orden del día, al escritor chileno Roberto Bolaño, pero también “a todas las maravillosas mujeres que he conocido –los hombres son muy guapos–”, pero en especial a alguien cuyo nombre desconozco.

Relató con un nudo en la garganta: Me enfermé muy mal en mi cuarto de hotel, estaba muy sucio; una recamarera vino y lo limpió todo, la cama, el baño. No la podía ayudar, porque me sentía muy enferma, y ella sonrió todo el tiempo. Fue muy amable. Le dedicó Dancing barefoot (Bailando descalza).

Smith también le cantó a Diego y su gente, al pintor y escritor inglés William Blake, así como Because the night, coescrita con Bruce Springsteen, en honor de su marido muerto, Fred Sonic Smith. Aunque suele pensar en él cuando la canta, esta noche pensaré en esos otros amantes tempestuosos: Frida y Diego.

La cantante adelantó que de regreso a Nueva York actuará a beneficio para la Fundación Isamu Noguchi, para ayudarles a preservar la fábrica donde está su obra. Acotó: Fue una experiencia muy emotiva pararme junto a la cama de Frida y ver las mariposas que le regaló Noguchi, arriba de su propio techo. En ese momento a Smith se le vino una canción, Las mariposas de Noguchi, como un pequeño obsequio que entonó a capella, y así concluyó su actuación.