Opinión
Ver día anteriorSábado 28 de abril de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los indecisos como premonición
M

ás que de actos fundadores la transición mexicana fue sobre todo una mezcla de desacoplamiento institucional y transformismo político. Lo que siguió no fue un nuevo régimen, sino una consistente decadencia donde el centro político se desmadeja, combinada con una emancipación desordenada tanto de las entidades federativas como de franjas de la sociedad. Este régimen especial depredador de los recursos públicos se ha nutrido de la ilusión de elecciones plebiscitarias.

Si en las elecciones presidenciales de 1994, 2000 y 2006 su signo distintivo fue una opción clara entre violencia o estabilidad y autoritarismo o democracia; ahora no parece haber esa claridad de opciones.

Lo que pesa en contra de Vázquez Mota son más que los 11 años de desgobierno, los últimos cinco años de violencia. Difícilmente pasaría por una opción a favor de la estabilidad. Tampoco el PRI puede hacer uso de su tema maestro dado que gobierna en muchos de los estados asolados por la violencia criminal.

Con respecto a la otra disyuntiva que jugó un papel crucial en las elecciones recientes no parece creíble la carta que presentó el PAN históricamente como su patrimonio. Aunque se podría argumentar con razón que en estos 11 años ha habido un clima de mayores libertades, las presunciones de corrupciones y contubernios y sobre todo de impunidad, los conflictos internos, la supeditación de la dirección del partido al jefe del Ejecutivo; todo presenta muy desgastada la típica bandera panista.

El PRI desde luego no juega en esa dicotomía del lado de la democracia, empero presenta una opción para no aparecer como lo que es, un partido extremadamente autoritario. Propone un gobierno eficaz con el implícito intercambio político que le permitió gobernar por tanto tiempo: estabilidad y eficacia a cambio de pasividad ciudadana. Pero nuevamente ni los gobiernos estatales ni su presencia mayoritaria en la Cámara de Diputados acreditan esa supuesta eficacia.

El PRD no puede tampoco presentar ni la carta de la estabilidad ni la de la democracia: sus conflictos internos y la presencia de las tribus lo hunden. Es necesario empero señalar que el PRD significó un salto cualitativamente para las izquierdas. La gran aportación de Cuauhtémoc Cárdenas fue haber inspirado una ejemplar canalización de las movilizaciones sociales a una institución crucial en la transición democrática, el propio PRD. Muchos se han decepcionado después ante los descarados clientelismos y la carencia de una cultura política que suponga diálogo y deliberación sustantiva.

Así las cosas se comprende el carácter desangelado de esta campaña. Se supone que los ciudadanos van a votar más por las personas que por los partidos. Pero el signo de estas elecciones se encuentra en el desproporcionado número de indecisos –entre 25 y 30 por ciento– quienes probablemente definan el resultado de julio. ¿Sobre qué bases? Creo dos temas serán cruciales. ¿Quién trasmite mayor confianza y cuál es su reputación?

En todo caso los indecisos son probablemente una premonición sobre el sistema de partidos en México.

Durante la dinastía Ming había un verdugo de nombre Wang Lun cuya fama consistía en esperar a los condenados a muerte al pie de la escalera del patíbulo y degollaba a sus víctimas mientras subían los escalones del patíbulo. Acariciaba una ambición: decapitar a una persona con un golpe tan certero que ésta no se diera cuenta. Al fin le llega el gran momento. Habían rodado 11 de 12 cabezas. A pesar de que la espada de Wang relampagueó, la víctima siguió subiendo los escalones y al llegar al final exclamó: Cruel Wang Lun por qué prolongas mi agonía, habiendo decapitado a los otros de manera rápida y piadosa. Wang, al oír que por fin la ambición de su vida se había cumplido dijo con exquisita cortesía: Haz una reverencia, por favor.

Estos partidos tendrán que hacer una reverencia, idealmente después de julio.