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Ciertas neuropatías carecen de intermediario entre las células del cuerpo, concluye el estudio

Investigación de la UNAM ayuda a entender el mecanismo del dolor

Se trata de un trabajo de ciencia básica, esa que el gobierno decidió apoyar escasamente, señalaron los científicos

El reporte se publicó en enero en la revista Nature Chemical Biology

 
Periódico La Jornada
Sábado 11 de febrero de 2012, p. 2

Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) descubrieron que el dolor que causan algunos tipos de tumores, enfermedades cardiacas o mordidas de víboras y tarántulas no tiene ningún tipo de intermediario entre las células del cuerpo, como se pensó durante 20 años.

La sensación se genera, señalan, por la interacción directa del canal iónico conocido como TVPV1 y el ácido lisofosfatídico (LPA). Gracias a esta inédita investigación en un futuro se podrían desarrollar nuevos fármacos que contrarresten el dolor.

El estudio, realizado en conjunto por investigadores del Instituto de Fisiología Celular (IFC) y la Facultad de Medicina (FM), se publicó en enero en la reconocida revista internacional Nature Chemical Biology, donde fue comentado por un experto mundial en el área, quien colaborará con los mexicanos desde la Universidad de Tennessee.

En esta investigación participaron Tamara Rosenbaum y Diana Escalante, del IFC, y León Islas, de la FM, y fue reconocida en una reseña por el Pain Research Forum, de la Universidad de Harvard.

Los universitarios aseguraron en entrevista que se trata de un trabajo de ciencia básica, esa que el gobierno decidió apoyar muy escasamente, tras la aprobación del presupuesto de egresos de la federación para este año.

En un principio, los investigadores –que trabajan en tres laboratorios distintos– confiaban en que la relación entre el canal y el lípido ocurriera mediante receptores, pero comprobaron que la interacción entre ambos es directa.

El proceso no está mediado por receptores; se trata de una respuesta o mecanismo de activación completamente novedoso. Es el primer ejemplo en la literatura (científica) de una interacción directa del LPA con un canal iónico, el TRPV1. De hecho, se sabe de pocas proteínas que interactúan con este lípido, aseveró Rosenbaum.

Escalante, por su parte, indicó que con el hallazgo se rompe con la idea de que el LPA necesariamente tiene que interactuar con sus receptores para producir dolor.

Los universitarios descubrieron que el LPA activa el TRPV1, y que su interacción directa se da rápidamente. Además, no necesita la activación de todas las vías, como se pensaba antes. Potencialmente, este trabajo conjunto podría llevar a desarrollar un medicamento analgésico que ataque el dolor.

Así ocurrió con la generación de fármacos desarrollados a partir de canales de calcio, que tienen que ver con enfermedades cardiacas. Ahora sucede con los canales TRP, asociados con la inflamación y a padecimientos cardiacos, afirmó Rosenbaum.

Describimos que el LPA activa el canal, lo cual produce el dolor. Esta molécula aumenta sus niveles ante situaciones patológicas, como las isquemias. Por ejemplo, las concentraciones de LPA son altas en las placas isquémicas, y si se extravasa el LPA, éste podría activar al canal iónico TRPV1, lo que podría explicar el dolor de padecimientos como la angina de pecho.

La investigación se aplicó con un modelo de ratones generado genéticamente en el laboratorio de Escalante, a los que llamaron nocaut. Éstos carecen de la enzima LPP3, la cual metaboliza ciertos lípidos como el LPA, participante en la generación de dolor neuropático.

Si las neuronas no tienen esa enzima, los niveles de lípido deberían tender a subir. Nuestra hipótesis era que si había más lípidos, los bichos podrían ser mucho más sensibles a un evento potencialmente doloroso. Después la cosa empezó a verse más interesante: pensamos que los ratones tenían un desequilibrio en la generación de esos lípidos, y que podrían contribuir a generar una respuesta de mayor sensibilidad a estímulos nocivos; entonces, establecimos una colaboración con Tamara Rosenbaum y nos dimos cuenta de que los ratones son hipersensibles a uno de los estímulos que activa el canal, la capsaicina, el compuesto del chile que produce el picor, explicó Escalante.

León Islas, por su parte, explicó que el canal iónico TRPV1, descrito hace pocos años, interactúa también con otros lípidos de membrana, lo cual regula su actividad eléctrica. Se pensaba que los componentes de las membranas eran como la sopa en la que están las proteínas de membrana, pero ahora se ha comenzado a descubrir que hay interacciones específicas entre los lípidos y las proteínas que modulan muchas funciones de proteínas de membrana, incluidos los canales iónicos.

Para Rosenbaum, la lección que deja este trabajo es que “si quieres hacer buena ciencia y no sacrificar calidad por cantidad, que es la tendencia actual a la que obliga el sistema, tienes que dedicar tiempo, impulsar la colaboración entre diferentes grupos y experiencias, y que participen diferentes disciplinas, pues cada vez la ciencia es más difícil.

Hacer buena ciencia implica colaboración, pero en México eso se castiga mucho, cuando en otros países esa es una fortaleza.