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Ver día anteriorDomingo 14 de agosto de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Novedad del siglo XVII
E

n varias ocasiones hemos hablado de los antiguos cronistas, que son rico manantial de información sobre el pasado de nuestra ciudad. Hace unos días caminábamos por el costado del suntuoso Palacio de Minería, en donde se colocan libreros de viejo, como se les llama coloquialmente, a los que venden libros usados y antiguos. Echando una inevitable mirada, descubrimos un libro de pastas amarillentas que rezaba en la portada, con letras rojas y negras: Descripción de la Nueva España en el siglo XVII, por el padre fray Antonio Vázquez de Espinosa y otros documentos del siglo XVII.

Confieso que nunca había escuchado sobre ese autor y la información de esa centuria no es muy abundante, así que lo tomé para examinarlo con cierto escepticismo. Al revisar el prólogo y el índice sentí esa emoción que despierta un descubrimiento promisorio. Iniciamos la negociación fingiendo escaso interés por mi parte y de la del vendedor, elogiando desmesuradamente el texto para justificar el precio. Finamente llegamos a un acuerdo y el preciado libro partió conmigo. Hoy lo quiero compartir con ustedes.

El prólogo es del historiador jesuita Mariano Cuevas, quien lo descubrió en 1942, en una traducción al inglés que realizó el Instituto Smithsoniano, al que le solicitó una fotografía del ejemplar castellano para su publicación. Aquí nos cuenta el jesuita que fray Antonio nació en Jerez de la Frontera, en el último tercio del siglo XVI y que murió en Sevilla en 1630. Estuvo en el Nuevo Mundo en las primeras dos décadas del siglo XVII. En México recorrió varias entidades de las que dejó prolijas crónicas, entre otras del Reyno de Michoacán, de la ciudad de Antequera (Oaxaca), del Reyno de la Nueva Galicia (Guadalajara) de la Ciudad Real de Chiapas y de sus Distritos y Diócesis.

Les voy a transcribir algunas partes de su descripción de la ciudad de México, que es encantadora e ilustrativa: La ciudad es de las mejores y mayores del mundo, de excelente temple, donde no hace frío ni calor, de maravilloso cielo y sanos aires, que con estar fundada en una laguna es muy sana.Tendrá de circunferencia más de dos leguas, todas las casas de muy buena fábrica, labradas de una piedra finísima colorada, y peregrina en el mundo, la cual es dócil de labrar y tan liviana que una peña grande nada sobre el agua sin hundirse, como vide por vista de ojos cuando estuve en aquella ciudad el año de 1612.

Confirma lo dicho por otros cronistas de que: Las calles son muy derechas, anchas y desenfadadas, que junto con la buena casería parecen bien, es muy bastecida, barata y regalada. Por las calles hay anchas y hondas acequias de agua de la laguna y puentes. Para el abasto de la ciudad entran de toda la tierra cada día más de mil canoas cargadas de bastimentos... y por tierra todos los días más de 3000 mulas cargadas de trigo, maíz, azúcar y otras cosas a las alhóndigas, con que viene a ser uno de los lugares más abundantes y regalados del mundo.

En otra parte habla de los habitantes, lo que nos permite advertir que ya era de las ciudades más pobladas del mundo y que se dio un abundante mestizaje: La ciudad tendrá más de 15 mil vecinos españoles y mas de 80 mil indios vecinos que viven dentro de la ciudad y en el barrio de Santiago Tlaltelulco. Hay más de 50 mil negros y mulatos esclavos de los españoles y libres, con que la habitación de la ciudad es muy grande y extendida.

Hay mucho más que desearía compartir con ustedes, pero se acaba el espacio. El libro lo publicó la Editorial Patria en 1944, por si encuentran alguno no lo dejen escapar y... me pescó la lluvia. Protegiendo celosamente el libro bajo el suéter, corrí a refugiarme a la cercana cantina La Ópera, en la esquina de 5 de Mayo y Filomeno Mata. Pedí un tequilita y de botana los caracolitos al chipotle, admirando la bella barra labrada. Después sopa de médula y de plato fuerte, carne tártara. Imposible perdonar un pastelillo de La Vasca de postre.