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En Busca de la Rapsodia Radical
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Periódico La Jornada
Sábado 2 de julio de 2011, p. a16

A quien es capaz de electrizar con una guitarra sin enchufe, apaciguar con una lira de mil vatios, mover montañas con cuerdas de nylon para instrumento acústico, activar volcanes, encender estrellas rotas, emerger como un sonido seco del fondo del lago rojo, se le llama mago.

Es por eso que, entre otros atributos, al maestro Al Di Meola le llaman El brujo de la guitarra.

Pero, habrá que preguntarse, ¿qué hace alguien a quien llaman maestro, y que ha grabado 20 discos en 30 años de fungir fulgor de estrella, sacando ahora a luz un disco donde arriesga, emprende, experimenta, pone pasión como si fuera principiante?

Eso, responde Perogrullo: ejercer el noble oficio de maestro.

Pursuit of Radical Rhapsody se titula la nueva obra maestra de Al Di Meola, por cuyo embrujo poético permite traducciones tan libres y soberanas como las siguientes: En busca de la Rapsodia Radical; o bien: El Santo Grial está en la panza de una guitarra; o bien: A la sombra de las guitarras en flor. Y así.

No cabe duda que haber grabado una revisión, re-visitación, re-unión de la antigua banda Return to Forever (www.jornada.unam.mx/2009/06/06/cultura/a19n1dis) dos años antes, permitió a Al perseguir al mismísimo Grial: su nueva grabación es un dechado de magia, poesía, movimiento sinuoso, velocidades elevadas y lentas, imaginería, gozo pleno.

Resulta inevitable en este momento traer a mientes un disco histórico en muchos sentidos: Friday Night in San Francisco, que grabó Al Di Meola con otros dos titanes: John McLaughlin y Paco de Lucía. El mismo inicio del disco es un incendio, una pira vital, volcán en llamas.

Otros hitos: el hermoso Flesh on Flesh, álbum que de manera tangencial rinde tributo al clásico de Bob Dylan, Blonde on Blonde, en exquisito sonido estéreo; o bien The infinite desire, con su rotundo inicio sinfónico que cambia a funk, que cambia a sonidos orientales, ora eléctrico, ora acústico. Fascinante. Atmósferas eróticas en su perfume de mirra, tonos lapislázuli.

La música de Al Di Meola suena siempre a mundo, al placer del mundo.

Oídos necios (billeteras llenas) quieren reducirlo a la sospechosa condición de world music (¿qué es eso?), o bien al demeritorio jazz fusion (¡fúmbales!), cuando se trata de una música inclasificable, única, personalísima, cuya originalidad descansa en el bien público.

En su nuevo disco, Pursuit of Radical Rhapsody, Al Di Meola continúa su saga con su estupenda banda: la World Sinfonia, que incluye acordeón, percusiones mágicas y otros atributos que hacen espejear el sonido con, por ejemplo, el primer Madredeus, el más instrumental, donde Gabriel Gomes y Pedro Ayres Magalhaes anuncian el vuelo próximo, el de la divina Teresa Salgueiro, pero también suena a Chick Corea, Astor Piazzolla, a clásicos modernos y música sin tiempo.

Otro par de grandes maestros completan la saga en este nuevo álbum: el pianista Gonzalo Rubalcaba y el extraordinario bajista Charlie Haden. Y claro, en la bataca está don Peter Erskine, antiguo integrante de otra banda afín en esta banda sinfín, anillo de Moebius: Wheater Report. El viaje, en efecto, no termina.

El carácter variopinto de esta música incandescente involucra covers (ese deporte favorito de los músicos libres) a Strawberry Fields Forever y a Somewhere over the Rainbow.

Y ahí, justo en la olla repleta de monedas de oro que nace donde muere el arcoiris, termina e inicia La Búsqueda de la Rapsodia Radical, algo así como El Santo Grial, pero gloriosamente laico.