Opinión
Ver día anteriorDomingo 22 de mayo de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Palacios y castillos
E

n un reciente paseo por el Centro Histórico nos asomamos a admirar una vez más la hermosa mansión, que no es exagerado llamar palacio, que se encuentra en la esquina de las calles de Isabel la Católica y Venustiano Carranza. La mandaron construir a mediados del siglo XVIII el marqués Miguel de Berrio y Zaldívar y la condesa Ana María de la Campa y Coss, quienes juntaron con el matrimonio títulos y fortunas. Contrataron a uno de los mejores arquitectos de la época, Francisco Guerrero y Torres, quien edificó el palacete con los materiales característicos del estilo barroco que se realizó en la ciudad de México durante el virreinato: tezontle y cantera, esta última como fino adorno, en la que se utilizaron a los mejores artesanos especialistas en labrar la piedra, descendientes de los que hicieron las más exquisitas obras de arte prehispánicas.

Ya hemos hablado de la hermosa portada, que se complementa con las enormes puertas entableradas con chapetones; un óvalo enmarca el escudo familiar, rodeado de relieves fitomorfos y sostenido por dos ángeles. Toda la fachada del suntuoso palacio está decorada con molduras de cantera onduladas, destacadamente en la esquina, lo que le da un delicioso ritmo, que evita la pesantez que podría tener una construcción de esas dimensiones; desde luego tiene su nicho con escultura. En el interior, como era la costumbre, hay dos patios: el principal y el de servicio, en donde estaban las caballerizas y se guardaban los carruajes. Los corredores altos se distinguen por estar sostenidos únicamente por tres arcos, en los que se lee una inscripción alusiva a la edificación de la casa. Y ya hemos destacado que el detalle más original se encuentra en la espectacular escalera de dos rampas, con desarrollo helicoidal, coronada por una cúpula monumental.

Mucho nos llamó la atención en un viaje a Francia, que en el monumental castillo de Chambord, el más grande del país, uno de sus atractivos es una escalera con un estilo semejante, claro que en dimensiones colosales, cuyo diseño se atribuye a Leonardo Da Vinci. Lo comentamos ampliamente con Vilma Fuentes, nuestra querida colega de estas páginas, tomando una copa de vino en uno de los agradables cafetines con mesas a la calle, que se encuentran por todo París. Vilma lleva 34 años viviendo en esa ciudad y conoce muy bien el país, por lo que su plática es amén de sabrosa, muy ilustrativa.

El imponente castillo lo mandó construir en 1519 Francisco I, el último rey francés de la época medieval. Para que se den una idea de sus dimensiones sólo les digo que tiene 426 habitaciones, 282 chimeneas y 77 escaleras. Casi totalmente vacío, conserva escaso mobiliario, lo más relevante en la habitación del rey. Se encuentra en el Valle del Loira, famoso porque alberga muchos castillos, algunos habitados por sus dueños, que ocupan una parte y permiten la visita en el resto. En varios es portentoso el mobiliario y la decoración. Un caso es Chenonceau que conserva su huerto, hortaliza y una área en donde cultivan flores, con las que adornan con arreglos espectaculares los múltiples salones del castillo. Nunca había visto rosas de tal tamaño y belleza.

Un atractivo especial de un viaje por Francia es degustar su gastronomía, que el año pasado fue, igual que la mexicana, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. En la ciudad de México tenemos la fortuna de contar con varios restaurantes que ofrecen excelente cocina francesa. Uno de ellos es Les Moustaches, que ocupa una hermosa casona estilo francés, muy bien decorada. Se encuentra en la calle de Río Sena 88, en la colonia Cuauhtémoc. Algunas de sus especialidades son el pato en salsa grand marnier, el pollo a la Kiev y las codornices al vino. Los soufflés para postre son un prodigio, aunque le suene raro, el de tequila es buenísimo. Un pianista acompaña la comida. El sitio es para un festejo muy especial, pues los precios son de la altura del soufflé.