Opinión
Ver día anteriorMartes 12 de abril de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Orozco debe renunciar a la UACM

El peso de un mandato sin respaldo

L

a rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), María Esther Orozco Orozco, debe renunciar.

La razón es simple, pero mucho más importante que los presuntos malos manejos del dinero destinado a la escuela, o de las intenciones, supuestas, de la funcionaria para revertir la autonomía del Consejo Universitario que gobierna en esa casa de estudios, o de las ofensas que la señora profirió en contra de la comunidad universitaria. La rectora debe renunciar porque no entiende qué es la UACM.

Bien se podría decir que la funcionaria tendría que irse, en congruencia con la frustración y el desprecio que muestra por el proyecto que dio vida a esa universidad del Distrito Federal, y que parece no entender, o bien, porque obedece a otra idea, ajena o lejana a los propósitos que impulsaron la edificación de un concepto diferente con el que se pretende educar, más que poner a disposición del mercado a licenciados en esto o aquello, pero sin los conocimientos que respalden su titulación.

María Esther Orozco llegó a la UACM, a propuesta de Marcelo Ebrard, hace ya casi un año. Desde su postulación la doctora mostraba que su camino no estaba ligado a los afanes del concepto de creación de esa universidad, y aun así se impuso su nombramiento. Las consecuencias están a la vista.

Ayer se reunió el Consejo Universitario. La rectora pareció ofrecer disculpas por las acusaciones que ha hecho a la comunidad universitaria, aunque dijo que no encuentra cómo pude herirlos y lastimarlos. Tampoco comprende eso, pero el consejo parecía no conformarse; pidieron cuentas claras, disculpas públicas, pero sobre todo compromiso, comprensión hacia el proyecto.

Por eso los consejeros rechazaron de forma contundente, mediante un comunicado, lo expresado por la rectora en un par de desplegados que se publicaron –uno de ellos en La Jornada–, por los que advierten que se dañó la imagen pública de la universidad, y exigen a la señora Orozco el retiro inmediato del pronunciamiento, que aún se halla en la página web de esa universidad.

También le exigen que pruebe sus dichos respecto de la eficiencia de la casa de estudios. Es decir, el Consejo Universitario, el máximo órgano de gobierno, no le cree y eso, dicho de otra manera, es pedir que se vaya. Si una comunidad no respalda a su rectora, no hay nada que hacer, y a María Esther Orozco no la apoyan los habitantes de la UACM. Eso es más que suficiente.

Desde luego es al consejo al que le corresponde, en su caso, destituir a la rectora, y de eso no hay nada en el comunicado de los propios consejeros. Pero la situación parece insostenible para la funcionaria. El proyecto de Orozco, venga de donde venga, no es compatible con estudiantes y profesores de la UACM, y continuar como hasta ahora expone innecesariamente a la casa de estudios.

Por lo pronto, y para lo que venga mañana, lo más importante es que quede claro que esta UACM no es algo parecido a una fábrica de chorizos, donde la gente se titule en serie sin importar ni sus condiciones de vida ni sus conocimientos ciertos. En la UACM lo principal es educar. ¡Qué difícil de entender! ¿No?

De pasadita

Para el martes o miércoles podría quedar resuelto el conflicto entre las autoridades del Metro y su sindicato, que asegura que en dos líneas de ese transporte, la A y la B, hay un alto porcentaje de posibilidades de accidente. Aunque todo el mundo sabe que el líder moral de ese organismo sindical, Fernando Espino Arévalo, quien sigue ordenando en la agrupación, aprieta siempre que los tiempos electorales se acercan. No está de más que se haga una buena revisión de esos tramos del sistema, cuando menos para viajar con tranquilidad.