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El travesti más reconocido y aplaudido de Cuba presenta show en el cabaret Las Vegas

Mi sueño es tener un público que me aclame como a Alicia Alonso: Imperio

No me gusta la idea ni pienso abandonar el país. Sé que esto es poco creíble para un cubano, pero así lo creo, comenta

Ahora el público heterosexual tiene sed de nuestro espectáculo

Foto
Abraham Bueno dice que a Imperio le debe sobre todo las ganas de vivirFoto Gerardo Arreola y cortesía del actor
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 31 de marzo de 2011, p. a10

La Habana, 30 de marzo. Después de más de dos décadas de carrera en el transformismo, Abraham Bueno ha logrado hacer de Imperio el personaje que ahora es el más conocido, aplaudido, cotizado y polémico de ese género en Cuba, y al que su autor dice que le debe sobre todo, los deseos de vivir.

Desde septiembre pasado el cabaret Las Vegas ofrece aquí abiertamente un show de transformistas. Dos transformistas actúan este mes en la programación regular de la sala Hubert de Blanck. En mayo, varios subirán al escenario del Karl Marx, el teatro más importante del país. Los reflectores giran lentamente para que el espectáculo de hombres caracterizados como divas de la canción vaya superando la penumbra de la marginalidad.

En 1988 Abraham tenía 15 años, había asumido su homosexualidad y debutaba como transformista, actuando para albañiles que trabajaban en La Güinera, barrio periférico del sur de La Habana. El actor comenta a La Jornada que ese fue el momento que marcó el resurgimiento del show de travestis en Cuba, entonces subterráneo, ilegal pero tolerado, no reconocido por la sociedad ni las instituciones de cultura ni el gobierno, pero muy bien acogido por su público.

Muñecas Marginadas

Aquella primera presentación se repitió, con el impulso de una mujer, la jefa del personal de la construcción, en un barrio marginal, de personas con muy bajo nivel de escolaridad, que recibieron todo con mucho respeto. El show saltó a fiestas particulares, surgieron otros grupos y hasta se formó una compañía: Muñecas Marginadas. El maquillaje salía del polvo de los gises de colores; el vestuario, de sábanas teñidas, y las lentejuelas eran pedazos de papel de regalo.

Entrados los años 90, en medio de la crisis que siguió al derrumbe soviético, el movimiento se expandió. En Santa Clara surgió El Mejunje, un reducto de la bohemia que se abrió al transformismo, inicialmente sin reconocimiento legal. Se formó un circuito de negocios privados en patios y garajes de La Habana profunda. La primera aparición abierta de drag queens en la capital fue en 1994, en el Teatro América, el gran escenario de la antigua farándula habanera.

Sin embargo, siempre hubo dificultades. Los restaurantes privados no podían tener espectáculos. Para trabajar, los actores debían pertenecer a una empresa. Peor aún, bastaba la llamada de un vecino para que se acabara la fiesta de homosexuales y todos terminaran en una estación de policía. Una famosa redada en 1997 llevó tras las rejas a Pedro Almodóvar y Bibi Andersen, entre decenas de cubanos y extranjeros. El periódico del Partido Comunista en la capital sugirió y logró en 2001 que se prohibiera la reunión de travestis y gays en un tramo del malecón.

Persiste la homofobia en la policía, en otras instituciones y en la vida social, pero el ambiente público ha mejorado mucho, reconoce Abraham, en buena parte por una campaña del Centro Nacional de Educación Sexual. En 2009 hubo un espectáculo travesti en el Teatro Astral, entonces reservado para actos políticos. Ya hay drag queens en todo el país, aunque Bueno cree que con una calidad muy dispareja.

Imperio brincó a la fama por su desempeño apasionado y los espectaculares atuendos de fantasía, que diseña el autor. Al personaje, dice Abraham, le debo que mi mamá me entendiera, como madre que no esperaba la homosexualidad de su hijo.

El transformismo tiene historia en Cuba. En la mayor parte del siglo pasado dejó rastros en el teatro bufo, cabarets y carnavales. Musmé fue el más famoso, recuerda a este diario el investigador Abel Sierra, autor de un ensayo sobre la sexualidad en la isla, que en 2006 obtuvo el Premio Casa de las Américas. Había cierta tolerancia, parece que formaba parte de la estética carnavalesca de las clases medias y altas.

Tras la revolución de 1959, el gobierno reprimió a la homosexualidad. Se le consideraba ajena al canon revolucionario, como parte de lo antinacional, perteneciente a un pasado que tributa al capitalismo, a la explotación y al sexoservicio, añade Sierra. Durante unos tres años, creyentes y homosexuales fueron confinados a granjas militarizadas. En los años 70 se excluyó a los gays de algunas funciones en la educación y la cultura. El transformismo se replegó.

Al desaparecer en 1997 el delito que se describía como importunar a otro con requerimientos homosexuales –último castigo legal contra los gays que sobrevivió en Cuba–, el ambiente empezó a distenderse. Abraham consideró que en estas nuevas condiciones el público heterosexual tiene sed de ver nuestro espectáculo, si bien aún hay trabas, como el requisito de que un actor sea egresado de una escuela de arte.

No me gusta la idea ni pienso jamás abandonar el país, dice Abraham. Sé que esto es poco creíble para un cubano, pero así lo pienso. Me gustaría confrontar con otros transformistas en el exterior, tal vez armarme de recursos, zapatos, bisutería, hacer que se me conozca en el mundo; pero soy feliz en Cuba, a pesar de lo que para muchos cubanos pueda ser Cuba. Imperio me provoca una satisfacción, un regocijo, que no me daría nada. Llegará un momento en el que seré, no sé, como puede ser Alicia Alonso o Rosa Fornés, que viven en Cuba y tienen un público que las espera, que las aclama en una gala. Ése es el sueño mío.