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Mamografías en mujeres menores de 50 años
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ecientemente se ha discutido en nuestro país la utilidad de realizar estudios para la detección temprana de cáncer de mama en mujeres menores de 50 años, por medio de la técnica radiológica conocida como mamografía, también llamada mastografía. El gobierno federal considera inapropiado realizar esta prueba en mujeres menores de esa edad, y con ello está a punto de cometer un grave error, pues mientras los datos científicos más recientes muestran la utilidad de este procedimiento para reducir la mortalidad por esta patología en el grupo de edad de entre 40 y 49 años, el gobierno panista, por razones que resultan muy poco claras, se dirige precisamente hacia el lado opuesto.

El punto de vista oficial se expresó el pasado mes de noviembre mediante un proyecto para modificar la norma oficial mexicana (NOM-041) vigente desde 2003, el cual establece que la mamografía debe realizarse –además de a las mayores de 50 años– en las mujeres de entre 40 y 49 años de edad (e incluso en menores de 40 en algunos casos). Con la modificación que se pretende quedan prácticamente excluidas del diagnóstico temprano del cáncer de mama las mujeres que se ubican en este grupo de edad, las cuales tendrían acceso a la prueba sólo en casos excepcionales (y las menores de 40 en ninguno).

Todos podemos entender que para contar con una cobertura amplia para realizar mamografías se requiere de mayores recursos económicos, equipos adecuados, especialistas y técnicos calificados, así como con procedimientos certificados. En la actualidad no se cuenta con ellos para satisfacer a plenitud las necesidades de prevención del cáncer de mama, que se encuentra entre las 10 primeras causas de muerte de mujeres en México y es la primera por neoplasias. Entonces habría que luchar para obtenerlos. Pero algo muy distinto es disfrazar estas carencias con dogmas y argumentos que se han convertido en obsoletos, para justificar la exclusión de millones de mujeres que en su mayoría son las más pobres.

En los círculos oficiales de México se recurre al cliché de que la mamografía en mujeres menores a 50 años es motivo de controversia, para lo cual se recurre a trabajos como el de Moss y sus colaboradores, publicado en 2006 (Lancet 368(9592): 2053-60) y el de Katrina Armstrong y sus colegas, de 2007 (Ann. Intern. Med. 146: 516-526). Varias naciones desarrolladas han limitado sus programas de tamizaje a mayores de 50 años, pero diversas organizaciones científicas como la Sociedad Estadunidense del Cáncer, Colegio Estadunidense de Obstetras y Ginecólogos, entre otras, recomiendan la realización de la mamografía a partir de los 40 años.

Se argumenta también que la técnica tiene asociados riesgos y beneficios. Entre los primeros destaca la obtención de resultados equivocados (falsos positivos) que pueden conducir a tratamientos innecesarios, e incluso la inducción del cáncer por radiaciones, aspectos en los que ha insistido recientemente el doctor José Ángel Córdova Villalobos, cuya secretaría es la que impulsa la modificación de la NOM. El beneficio es uno solo, pero muy importante: reducir el número de muertes por este tipo de cáncer.

Aunque la incidencia de cáncer de mama se incrementa con la edad, estudios realizados en México por el doctor Sergio Rodríguez Cuevas y su grupo han mostrado que esta enfermedad se presenta de manera más temprana en la población mexicana que en la de naciones europeas o de Estados Unidos, observándose en mayor proporción en el grupo de edad de entre 40 y 49 años (Cancer 91(4): 863-868, 2001). En otros trabajos, Rodríguez Cuevas ha mostrado que en nuestro país se presentan casos de este cáncer desde la segunda década de la vida, y su frecuencia se incrementa entre los 40 y 54 años, en los que alcanza su máximo. De acuerdo con este autor, el mayor número de muertes por esta causa ocurre entre los 45 y los 64 años. En el proyecto de modificación de la NOM, si bien se insiste en que el problema más grave se encuentra actualmente en mayores de 50 años, se reconoce que en 2007 la tasa de mortalidad específica en mujeres de entre 40 y 49 años fue de 15.9 por mil, lo que a mi juicio debería bastar para no excluir de los beneficios de la prueba a las mujeres en este grupo de edad.

El proyecto para modificar la NOM-041 dice apoyarse en evidencias científicas. Si esto es cierto, antes de proceder a su publicación sus promotores no tendrían por qué negarse a considerar las evidencias más recientes, las cuales apuntan de manera inequívoca hacia la reducción del número de muertes por cáncer de mama por el empleo de la mamografía en mujeres entre 40 y 49 años. Por ejemplo, Duffy y sus colaboradores, en estudios realizados en grupos de mujeres jóvenes de todas las ciudades en Suecia (Cancer 117(4): 714-722, 2010). También los trabajos del grupo FHO1, integrado por 155 expertos, que muestran la importancia de la mamografía para la prevención de muertes en menores de 50 años con antecedentes familiares de cáncer (no sólo en línea directa) en 6 mil 710 mujeres atendidas en 76 centros en el Reino Unido (Lancet Oncol. 11(12): 1108-09, 2010). Estudios como los citados no están presentes en la lista de referencias del proyecto de modificación de la NOM.

Sobre los riesgos asociados a la mamografía, para tranquilidad del secretario de Salud se publicó hace pocos días un trabajo de Hendrick y Helvie (Am. J. Roentgenol 196(2): W112-1116, 2011) que muestra que estos eventos adversos son mucho menores que los beneficios que aporta la técnica. Los propios datos de las organismos oficiales opuestos a su empleo en menores de 50 años en Estados Unidos concluyen que una biopsia negativa por un falso positivo ocurre cada 149 años; un cáncer de mama no hallado en la cirugía, cada mil años, y un cáncer fatal inducido por radiaciones, ¡cada 76 mil años!