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Los auriazules aprovecharon errores del mariscal de la UANL

Pumas CU venció 31-21 a Tigres en la final
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El rector José Narro (derecha) festeja con el equipo el título de la Conferencia Centro de la ONEFAFoto UNAM
 
Periódico La Jornada
Domingo 21 de noviembre de 2010, p. a19

El quarterback Roberto Vega vivió una de las peores tardes de su vida. Cuatro balones perdidos, imprecisiones, mucho nerviosismo, demasiados errores que aprovechó Pumas CU para vencer 31-21 a los Auténticos Tigres de la UANL, en la final de Conferencia Centro de la ONEFA, en el estadio Olímpico Universitario.

Apenas arrancó el partido, Vega dejó ver que traía un pleito con el ovoide; unas veces se deshacía de él precipitadamente; otras, parecía mantequilla. Un mariscal que pierde el balón tantas veces debe ser porque está bajo una presión anímica devastadora; ayer CU se estremecía con los goyas de 40 mil aficionados. Una presión física demoledora, porque la línea defensiva de Pumas demostró ser un bloque de músculo y coraje, que golpeó inclemente a Vega.

Una serie de errores y castigos fue replegando la ofensiva de los regiomontanos. El primer balón suelto de Vega terminó en una avanzada auriazul y un gol de campo de 32 yardas para abrir el marcador.

La imprecisión de un lado del emparrillado hacía contraste con el pulso firme del mariscal auriazul, Salvador Castañeda. El nerviosismo se hizo latente en la defensiva de Tigres, que mordió el anzuelo de un engaño del quarterback de Pumas, quien envió un pase de anotación para levantarse 10-0. Casi al finalizar el primer cuarto, Vega volvió a soltar el ovoide, que terminó en una jugada optativa en la que Castañeda se lució de nuevo, al enviar un pase para que Erick Espinosa impusiera el 17-7.

Al volver al segundo cuarto, el mariscal de Tigres parecía un poco más espabilado. A fuerza de pases, adelantaron en el campo y Vega consiguió la primera anotación para los de Nuevo León.

La confianza creció en el ataque del equipo capitalino y echó mano a una artimaña dibujada en el pizarrón, pero que cumplió casi de manera coreográfica.

Pumas parecía el único equipo consciente de que se jugaba una final; mientras en Tigres el desconcierto era ya alarmante. Táctica y técnicamente los auriazules fueron superiores y ya tenía tintes de paliza. A una yarda de la línea de anotación, Bruno Márquez realizó una jugada con precisión de cirujano y entró caminando para el 31-7.

La desesperación llevó a Tigres a intentar un gol de campo, pero José Carlos Maltos, el mejor pateador de la temporada regular de la ONEFA, falló el disparo de 49 yardas.

A punto de terminar el duelo, Tigres reaccionó; con el orgullo herido empezó a morder el campo y ganar yardas. Los auriazules pensaron que ya estaba decidido el duelo, pero Tigres hizo dos anotaciones, en las que su mariscal pudo demostrar al fin su calidad.

En otra final, en la Liga Premier de Conadeip, en Puebla, Borregos del Tec de Monterrey cayó 17-10 ante Aztecas de la UDLA.