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Las imprescindibles de Monsiváis, en el FICM
 
Periódico La Jornada
Martes 19 de octubre de 2010, p. 9

Morelia, 18 de octubre. El crítico de cine y articulista de este diario Carlos Bonfil, y el escritor Jorge Volpi presentaron en el Teatro Rubén Romero el ciclo Las imprescindibles de Monsiváis, que forma parte del programa del octavo Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Integra el ciclo un conjunto de obras cinematográficas que para el cronista y ensayista significaron la base de la educación sentimental del país y el retrato de una época.

De este modo, tras la presentación de un fragmento del video Carlos Monsiváis: 70 años a 24 por segundo (producción de TV UNAM), dio comienzo el acto inaugural, con la participación de Volpi, quien destacó la pasión de Monsiváis por la cinematografía, así como sus múltiples máscaras, que siempre lo representaron con enorme congruencia.

Asimismo, comentó el autor de En busca de Klingsor, Monsiváis hizo de su inteligencia, y sutileza, ironía y sarcasmo una forma de aproximación a la realidad, actitud notable en una época en la que lo que ocurría en México simplemente no se decía.

Con el tiempo, nunca convertido en intelectual orgánico, el destacado cronista fue capaz de trasladar su propia figura a la sociedad mexicana en su conjunto y convertirse en actor social relevante, quien atestiguó la transformación del país y la reciente descomposición de la democracia.

En su participación, el crítico Carlos Bonfil, curador de esta sección, Carlos Bonfil ennumeró las películas seleccionadas: Aventurera (1949), Víctimas del pecado (1950), Pueblerina (1948), Salón México (1948), Enamorada (1946) y Las abandonadas (1944), a las que sumaron los clásicos El rey del barrio (1949), Campeón sin corona (1945) y Esquina, ¡bajan! (1948), de Alejandro Galindo; El compadre Mendoza (1933) y ¡Vámonos con Pancho Villa! (1835), de Fernando de Fuentes, y Nosotros los pobres (1947).

Tras hacer un retrato intimista del Carlos Monsiváis cinéfilo, Bonfil relató la manera en que, tras la desaparición de los cines capitalinos, el escritor convirtió en refugio la sala de su casa, a la que llamó Sala Emma Roldán, la cual se volvió lugar de culto al cine.

Todas las películas que se eligieron, continuó el crítico, fueron significativas para Monsiváis, quien reconocía en la historia del cine nacional procesos ideológicos que nutren la cultura popular, que, aunque manipulada, es una forma de enriquecer la realidad. Por otra parte, señaló, como consumidor voraz de cine, el cronista mordaz y autocrítico se sirvió de estas cintas para ejercitar su memoria.