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El trompetista habló sobre su proyecto Lincoln Center; estará mañana en el Auditorio

Es más fácil enseñar a los niños con jazz que con música clásica: Marsalis

Fomenta rasgos individuales que los identifican, afirma

Hemos puesto recursos financieros detrás de este género para asegurarnos de que sea parte de nuestra oferta cultural, dice a La Jornada

 
Periódico La Jornada
Martes 12 de octubre de 2010, p. 9

Al término de una multitudinaria conferencia de prensa convocada para glosar su presencia en México, con motivo de sus presentaciones con la Jazz at Lincoln Center Orchestra, el incomparable trompetista, compositor, promotor y educador Wynton Marsalis sostuvo un coloquio con La Jornada.

–En el entendido de que, más que una orquesta o una serie de conciertos, Jazz at Lincoln Center es un ambicioso proyecto educativo, musical, social y cultural, ¿es posible hablar ya de resultados tangibles?

–Claro que ya hay resultados: la construcción de nuestra biblioteca, el entrenamiento que hemos dado a numerosos estudiantes, nuestro festival y concurso de jazz, el cambio que se ha dado en el diálogo alrededor del jazz, que ya no es visto como moda, o como ir al circo a mirar a alguien haciendo trucos; la inclusión del jazz en el canon de las artes estadunidenses en términos de su aceptación en el Lincoln Center, el establecimiento de lugares donde los músicos de jazz puedan trabajar, como el Dizzy’s Club; las numerosas composiciones originales y colaboraciones que hemos encargado a músicos como Wayne Shorter, Nicholas Payton, María Schneider, Toshiko Akiyoshi; los miembros de nuestra orquesta que escriben música, las numerosas colaboraciones que hemos realizado, por ejemplo con el grupo flamenco de Chano Domínguez o con Yacub Daddy’s Odadaa para reunir la música de Ghana con el jazz, o con el Ballet de la ciudad de Nueva York, o la Filarmónica de ese estado.

Hemos tenido la oportunidad de funcionar en contextos variados y presentar nuestra música de maneras diversas. Y también mediante la cantidad de dinero que hemos reunido a lo largo de estos años para poder decir que esta música es importante; hemos podido poner recursos financieros detrás de esta música para asegurarnos de que forme parte de nuestra oferta cultural. Tenemos también una academia para entrenar directores de bandas, un programa de educación musical para niños muy pequeños llamado Wee Bop, y muchas otras cosas.

Es preciso reflexionar

–Desde que Wynton Marsalis surgió a la fama fue evidente su convicción de que el jazz es un espejo en el que la sociedad estadunidense puede verse reflejada. ¿Esta convicción suya se ha solidificado al paso del tiempo?

–Muy claramente. Pero si uno ha de verse reflejado en algo, es preciso reflexionar. Todas las culturas crean algo que les permite entender quiénes son y que les da herramientas para sobrevivir, herramientas para su alma, y éstas se ven reflejadas en las artes: su manera de hacer música, su forma de cocinar, su lengua, su arquitectura. Y el jazz es eso para Estados Unidos. Claro, hoy el jazz es una música internacional porque eso es lo que pasa con las artes, que ya no son regionales, ya no pertenecen a un grupo. Sí, un grupo tiene que crearlas, pero una vez que han sido creadas y lanzadas al universo, todos toman de ellas lo que tienen que tomar. ¿Cuántos creadores han sido influidos por Shakespeare, o por las obras maestras de la Grecia clásica, o por la música de la clave o los ritmos africanos?

–El hecho de que el proyecto Jazz at Lincoln Center está enfocado de manera muy puntual a los niños y a los jóvenes me lleva a pensar que, puesto que el jazz es un lenguaje muy sofisticado, especialmente complejo en sus ritmos y armonías, ¿no dificulta esto la enseñanza musical básica?

Foto
Wynton Marsalis durante la entrevistaFoto Marco Peláez

De nuevo, la lúcida voz de Wynton Marsalis: “En realidad, es mucho más fácil enseñar con jazz que con música clásica, en primer lugar porque para tocar no siempre es necesario leer música. En segundo lugar el jazz valora mucho la individualidad, de manera que lo que cada uno decida tocar funciona, y esto es particularmente importante para los niños porque les enseña a estar orgullosos de sí mismos.

“El jazz les fomenta esos rasgos individuales musicales que los identifican tanto como sus rasgos fisionómicos. Además, hay muchas canciones muy fáciles a través de la cuales enseñarles. Cuando yo tenía ocho años y aprendí a tocar jazz con la banda de Danny Barker, en una iglesia bautista, tocábamos muchas canciones populares, y cualquier material folclórico puede ser convertido en jazz.

Por eso el jazz es una música muy fácil para los niños, y a la vez que valora la individualidad, con el concepto de swinging enseña también a respetar la individualidad de los demás y a saber qué es lo que cada músico quiere hacer con los demás. Por decirlo así, el swing es como los buenos modales en el jazz.

Hablando de swing… De reciente estreno con la Filarmónica de Berlín, la Swing Symphony es una enorme composición de Marsalis para banda de jazz y orquesta. A la pregunta sobre la inserción del jazz en una forma clásica (o viceversa), el genial trompetista ataja de inmediato:

“En realidad no es una forma clásica; es más bien el uso de un instrumento europeo combinado con un instrumento de jazz, pero las formas son todas de este género. Por ejemplo, la forma canción del ragtime, específicamente el Maple Leaf Rag; o en el segundo movimiento, la forma del charleston, y a lo largo de la sinfonía uso muchas otras formas y canciones de jazz a las que aplico un tratamiento orquestal para trazar una evolución del ritmo del swing. Todo lo escribo en mi propio lenguaje, pero no trato el material como si fuera una especie de viaje a la nostalgia, porque todo esto es hoy. Uno no canta Old McDonald had a farm porque es una canción vieja, sino porque es una canción, punto. Y cuando alguien la interpreta hoy, se convierte en el ahora de esa persona. Eso es a lo que aspiro.”

Häendel, Haydn... quedaron atrás

La última pregunta para Wynton Marsalis tiene que ver con la posibilidad de que algún día retome su carrera de solista en el ámbito de la música de concierto, para volver a asombrarnos con sus ejecuciones de Häendel, Haydn, Hummel, Hindemith, Jolivet, Tomasi. Su lacónica respuesta entristece un poco: No, nunca. Todo eso ya quedó atrás.

Dicho de otra manera: hoy, Wynton Marsalis es jazz, y el jazz es Wynton Marsalis. Ahí quedan, al menos, sus formidables grabaciones de aquel repertorio.

Estará en el Auditorio Nacional mañana miércoles; el jueves, en la explanada del Palacio de Bellas Artes; el viernes en la Alhóndiga de Granaditas, en el Festival Internacional Cervantino, y el sábado en Guadalajara.