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Abren en París la mayor exposición jamás montada con obras del maestro impresionista

Francia reivindica a Claude Monet; vuelve a casa después de 30 años de desdén oficial

Se le consideraba un pintor de cuadros bonitos, pero simplistas para multimillonarios estadunidenses

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Versión monumental de las Water Lilies de Monet, en el Museo Guggenheim de Nueva YorkFoto Pablo Espinosa
The Independent
Periódico La Jornada
Jueves 23 de septiembre de 2010, p. 6

París. Uno de los pintores consentidos franceses vuelve a casa luego de 30 años de desdén oficial. La mayor exhibición jamás montada de las obras del maestro impresionista Claude Monet abre en París este miércoles. Las casi 200 pinturas –entre ellas algunas nunca exhibidas en Francia– constituirán la primera gran retrospectiva de Monet en su país natal desde 1980.

Para quien vive en París es una regla jamás visitar la torre Eiffel. De manera similar, el establishment artístico francés tenía poco tiempo para Claude Monet (1840-1926), considerado un pintor de cuadros bonitos pero simplistas para multimillonarios estadunidenses y turistas japoneses.

La exhibición en el Grand Palais, a un costado de los Campos Elíseos, debe poner fin a todo eso. Se han vendido unos 80 mil boletos por anticipado, y los organizadores esperan que al menos 700 mil personas visiten la muestra, que cerrará el 24 de enero.

La exposición ha estado acompañada por un alud de libros de crítica que reivindican a Monet como un pintor no sólo de amapolas y dehesas, sino como un artista profundo y revolucionario. También fue un legendario gourmet: entre el torrente literario figura una reproducción de sus recetas favoritas reunidas en un cuaderno por su segunda esposa, Alice.

La exhibición de Monet es idea de Guy Cogeval, director del Musée D’Orsay, quien cree que Francia se ha vuelto demasiado indiferente a su extraordinaria herencia artística de finales del siglo XIX. En los ocho años que trabajó en Estados Unidos, dijo, constató el enorme interés del público y el respeto de la crítica por el arte que Francia toma como cosa de todos los días.

“Somos un poco como niños consentidos –señaló Cogeval–. En Estados Unidos Claude Monet es considerado un dios viviente, al igual que en Japón y América Latina. Al volver a Francia me asombró esa especie de desapego que existe hacia él.”

Casi todas las obras importantes escritas sobre ese artista en los 30 años pasados se deben a eruditos estadunidenses y británicos, refirió. Uno de ellos, el profesor Richard Thomson, de la Universidad de Edimburgo, es co-curador de la exhibición. Organizó la muestra en torno al eje del año 1890, cuando Monet comenzó su celebrada serie de pinturas de la catedral de Rouen, de dehesas o, más tarde, de lirios de agua. El interés en Monet como pintor de la belleza leve y efímera de los exteriores distrajo al público de su importancia como pintor sutil y perfeccionista de estados de ánimo, o interiores emocionales, comentó el profesor Thomson. De ahí el nombre de la exhibición: Monet: la aventura interior.

Más o menos la tercera parte de los 170 lienzos y veintitantos dibujos de la exposición en el Grand Palais provienen de la colección del Musée d’Orsay. Entre ellos se encuentran favoritos como el campo de amapolas cerca de Argenteuil, al oeste de París, pintado en 1873, o el sol que irrumpe entre la niebla malva londinense sobre el Parlamento, pintado en 1904.

Dos terceras partes de las obras han sido prestadas por galerías y colecciones privadas de Estados Unidos, Japón, Rusia, Gran Bretaña y Australia. Un puñado de ellas fueron vendidas casi directamente por el pintor a coleccionistas del extranjero y jamás se habían exhibido en Francia.

Una institución que se negó a colaborar está situada apenas a dos kilómetros del Grand Palais. El Musée Marmottan-Monet, en el oeste de París, cuenta con la mayor colección de pinturas de Monet en el mundo: más de 100 lienzos dejados por el hijo del pintor, Michel Monet, en 1966.

Los curadores de la exhibición del Grand Palais solicitaron varias pinturas al Marmottan, entre ellas la icónica Impresión del amanecer (1872), vista del Puerto de Le Havre que contribuyó a dar nombre al movimiento impresionista. El museo rival se negó.

Si 2010 iba a ser el año de un gran renacimiento de Monet en París, sería tal vez el argumento lógico, ¿por qué el Marmottan debía ser privado de sus mejores cuadros del autor? Así pues, ese museo, situado cerca de los jardines de Ranelagh, en el 16 arrondissement, organiza su propia retrospectiva. Pondrá en exhibición por primera vez toda su colección de 135 pinturas, bocetos y cuadernos, del 6 de octubre al 20 de febrero. Son obras que Monet escogió no vender y las dejó en herencia a su hijo. Por tanto, se exhibirán con el nombre La colección íntima.

En las 14 semanas durante las cuales ambas muestras coincidirán, los amantes del arte podrán contemplar más de 300 lienzos en las exhibiciones rivales (más los que permanecen en el Musée d’Orsay, así como los murales gigantescos de lirios de agua en el Musée de l’Orangerie).

Luego de 30 años de espera para una gran exposición de Monet, llegan dos al mismo tiempo. Por otro lado, las ventas anticipadas de la muestra en el Gran Palais sugieren que, al margen de lo que en otro tiempo haya pensado el establishment francés, ninguna cantidad de Monet es excesiva.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya