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Economist Intelligence Unit

Política fiscal

Austeridad, la consigna
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Exigimos salarios dignos, expresa un trabajador del sector público sudafricano en Ciudad del Cabo, durante una de las movilizaciones emprendidas por la huelga indefinida para demandar mejoras sociales en la mayor economía del continente africanoFoto Reuters
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Periódico La Jornada
Martes 7 de septiembre de 2010, p. 26

La política fiscal, en particular en el mundo en desarrollo, transita del estímulo a la austeridad. En la mayoría de los casos la restricción será gradual, pero el ajuste fiscal en las principales economías será profundo y doloroso. La economía global debe ser lo bastante robusta para soportar la tensión sin caer de nuevo en recesión, pero no es seguro que lo sea. Es probable que los encargados de las políticas favorezcan ajustes fiscales de lenta aplicación hasta donde los mercados lo toleren, lo cual les permitirá retrasar recortes potencialmente recesivos. Pero eso dependerá de que ofrezcan signos creíbles de que intentan contener los déficit.

El estímulo fiscal masivo fue la receta durante las profundidades de la crisis global, cuando los gobiernos exploraron cualquier medio necesario para evitar la depresión. Ahora, si bien la economía aún tiene problemas importantes, la atención se centra en tapar los boquetes fiscales dejados por la crisis. Por ejemplo, en la reunión del G-20 en Toronto, a finales de junio, las economías desarrolladas ofrecieron reducir a la mitad su déficit fiscal de aquí a 2013. El cambio de tono es en parte reflejo del repunte de la economía global, pero la crisis de la deuda soberana de Grecia y la reducida tolerancia de los mercados a la lasitud fiscal han tenido un papel esencial.

Al menos en el mundo desarrollado, no es exagerado hablar de una era de austeridad. La restricción no debe ser demasiado rápida: en la mayoría de los países los recortes no empezarán con todo vigor hasta 2011, y aun entonces serán graduales. The Economist Intelligence Unit prevé que el déficit presupuestal promedio en la OCDE, que creció de sólo 0.7% del PIB en 2007 a 7.3 en 2009, caerá apenas un poco, a 7% en 2010. En 2011 tendrá un declive aún más pronunciado, a 5.8% del PIB, pero aun esto reflejará en parte la expiración del estímulo previo, más que sólo los recortes presupuestales. Con todo, el ajuste del año próximo en las economías desarrolladas conducirá a la contracción presupuestal sincronizada más grande de las cuatro décadas pasadas.

En Gran Bretaña, que ha marcado la pauta de la austeridad, el nuevo gobierno planea reducir el déficit de 11% a 2.1% del PIB hacia 2014/15. Tres cuartas partes de la consolidación vendrán de las reducciones de gastos, que significarán recortes de 25% en promedio en los presupuestos de dependencias gubernamentales, que serán los más estrictos desde la Segunda Guerra Mundial. En EU, el gobierno de Barack Obama advierte también sobre la reducción del déficit más rápida desde poco después de esa guerra. En nuestras previsiones, el déficit presupuestal estadunidense caerá de 9.9% del PIB en 2009 a 3.7 en 2014. El cuadro es similar en otras partes del mundo desarrollado. Los países periféricos de la zona euro más expuestos a problemas de deuda soberana, como Grecia y España, han comenzado ya a restringir sus políticas. En Japón y Alemania los recortes comenzarán a doler a partir de 2011: el gobierno alemán ha anunciado medidas de consolidación fiscal por 103 mil mdd en los próximos cuatro años, entre ellos recortes en los salarios del sector público y una reducción de las nóminas gubernamentales. El déficit comenzará a caer también en Francia el año próximo, luego que en 2010 continuó en ascenso.

¿Demasiado en poco tiempo?

¿Qué significará todo esto para la recuperación global? Según nuestros pronósticos, la expiración del estímulo fiscal y el principio de la consolidación precipitará un descenso del crecimiento mundial en la segunda mitad de 2010 y hacia 2011, más que un retorno a una recesión abierta. Pero creemos que el riesgo de una doble inmersión está en un 30%, bastante incómodo. La demanda del sector privado en las economías desarrolladas será aún demasiado débil para enfrentar el estancamiento cuando se retire el estímulo fiscal. Al mismo tiempo hay dudas sobre la fortaleza de la recuperación en mercados emergentes, aun cuando el estímulo fiscal en ellos parece haber tenido más éxito en impulsar el despegue de la demanda del sector privado y las finanzas públicas son sólidas en general (lo que significa menos necesidad de austeridad). Pero al igual que en el mundo desarrollado, las tasas de crecimiento en mercados emergentes han sido favorecidas por el estímulo y por el ciclo de inventarios. Hasta ahora no es nada seguro que los mercados emergentes generen suficiente demanda final para compensar una renovada desaceleración de las economías avanzadas.

En cualquier caso, los encargados de las políticas en el mundo desarrollado enfrentan una difícil suerte de equilibrismo. Restringir la política fiscal demasiado pronto conlleva el riesgo de volver a precipitar las economías hacia la recesión. Pero no actuar, o hacer demasiado poco, implica la pérdida de autonomía política si, como en el caso de Grecia, los mercados financieros ya no confían en la sustentabilidad fiscal de una nación. La presión de los mercados podría entonces obligar a emprender enormes recortes inmediatos que conduzcan a otra recesión. En ausencia de espacio para nuevos estímulos fiscales en la mayoría de países, el crecimiento se apoyará más en una política monetaria flexible, que si bien no será suficiente para compensar la restricción fiscal, debe de contribuir en algo a alejar los peligros residuales de recesión de doble inmersión y deflación. Sin embargo, esto dependerá de que se mantenga la credibilidad fiscal: una muestra de intención de los políticos en cuanto a estabilizar los niveles de deuda pública facilitará a los bancos centrales mantener las tasas de interés a niveles muy bajos y, de ser necesario, a extender medidas no ortodoxas, como la expansión monetaria cuantitativa.

La mayoría de las principales economías parecen, pues, apuntar a una estrategia fiscal de ajuste moderado a corto plazo para tranquilizar los mercados, pero con un retraso en los principales ahorros fiscales, idealmente para un tiempo en que la recuperación económica sea menos vulnerable. Algunos países, como Reino Unido, tendrán que hacer más recortes a corto plazo, pero la pauta general se sostiene. Este acto de equilibrismo tiene mayores probabilidades de ser efectivo si se acompaña de reformas a mayor plazo para hacer frente a las presiones del envejecimiento de la población y de medidas para elevar la competitividad, que en ambos casos pueden impulsar el potencial de crecimiento económico. Por ejemplo, elevar la edad de jubilación reduciría las presiones presupuestales de largo plazo y podría ser más atractivo que otras opciones políticas porque tiene pocas implicaciones negativas para la demanda a corto plazo. Sin embargo, tales acciones son impopulares y conllevan riesgo político. En tal caso, los gobiernos que ya están bajo presión para hacer recortes de gastos a corto plazo no podrían seguir impulsando reformas polémicas.

Conclusión

Si los políticos evitan errores importantes, y si los mercados no obligan a un mayor endurecimiento fiscal a corto plazo, la economía mundial puede evitar la recesión. Si bien el crecimiento disminuirá en 2011, conforme la política fiscal se vuelva contractiva, debe de recuperarse en 2012, a medida que el progreso en el desapalancamiento permita que la demanda del sector privado resurja con más fuerza. La reorganización del sector público continuará gravitando sobre el desempeño económico en los años por venir en muchas economías de la OCDE, y creará considerables tensiones políticas. Pero el principio de la austeridad no debe, según nuestras previsiones básicas, detener la recuperación económica global.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya