Opinión
Ver día anteriorDomingo 1º de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿La Fiesta en Paz?

Catalanadas, preguntas y moraleja

E

n este país de descabezados, en ambos sentidos, causó sensación entre los justicieros balines, esos que creen luchar contra la violencia si logran abolir las corridas de toros, la noticia de que los grupos separatistas catalanes por fin lograron que el parlamento ordenara la prohibición de la fiesta de toros en la comunidad autónoma de Cataluña a partir del 1 de enero de 2012.

En los animalistas causó regocijo ver abolida la tradición taurina de Barcelona, pero la tortura extrataurina continúa. Así, en Estados Unidos y el resto de los países dizque civilizados y sin toros, pero con un consumo de droga mil veces mayor que en México, nunca hay tiroteos de ejércitos salvadores contra narcos y civiles ni sangrientos encuentros cotidianos entre cárteles afines al gobierno y cárteles apoyados por otros poderes, en esta burla a la inteligencia que desde hace dos décadas se sacaron de la manga sucesivos gobiernos mexicanos por órdenes superiores.

¿La sangre de los toros es más inhumana que la sangre de guerra contra el crimen organizado tan ineficaz como rentable para los dueños del mundo y del país? Los cuatro gatos que todavía asisten a un espectáculo degradado por los propios taurinos, ¿son más peligro para la sociedad que el atajo de demagogos metidos a rescatarla? Las armas que los gringos y otros países dizque civilizados venden al narco y al ejército, ¿son menos inmorales y crueles que las puyas, banderillas y estoques que tanto perturban a los animalistas? Las masacres cometidas por los gringos y sus aliados en nombre de la democracia, ¿son más éticas que lidiar toros con edad y trapío? El exterminio masivo de fauna y flora en el Golfo de México a cargo de la British Petroleum y sus socios gringos, ¿es menos tortura que matar reses a estoque? ¡Ah, qué envidia poder ver la infinita estupidez del mundo con ojos de antitaurino!

Pero al margen de los que sueñan con amabilizar el planeta aboliendo las corridas y humanizarlo apoyando entre otros gestos la simulada lucha contra el narco, este espacio vuelve a poner el dedo en la llaga del falso taurinismo: ¿qué fiesta de toros defender? ¿La pobre oferta de espectáculo que en México ofrecen algunos millonarios sin idea en materia taurina, o la tauromaquia boba ante el toro disminuido en edad y bravura impuesta aquí por los figurines de ambos países, ganaderos y empresas? Ésa, junto con la droga, pueden mandarla a los países civilizados.

La lección no de Cataluña, que tiene siete y medio millones de habitantes, sino de los 180 mil catalanes separatistas comandados por un argentino –¡vaya tango posmoderno!– que apenas quieren tener que ver con el resto de España, surge también de factores taurinos que más les valdría tomar en cuenta a los cándidos que por acá repiten que la fiesta de toros es inmortal, independientemente de su adinerado cuanto negligente manejo.

Tras casi medio siglo XX de ser Barcelona el coso taurino más importante de España y escenario donde una considerable cantidad de diestros mexicanos lograron triunfar clamorosamente gracias a sus capacidades y al internacionalismo empresarial del astuto catalán Pedro Blana Espinós, mejor conocido como Pedro Balañá (1883-1965), poseedor además de numerosas salas teatrales y cinematográficas, su hijo, Pedro Balañá Forts, se inclinó más por las salas que por la bella Plaza Monumental de Barcelona, con 20 mil localidades y un interesante museo anexo, por lo que descuidó el prestigiado coso, lo dio en concesión a sucesivos empresarios, se conformó con su renta y desestimó la herencia taurino-promocional del padre.

Es decir, desacreditó lo acreditado por no saber exigir resultados netamente taurinos, así como por no obligar a sus arrendatarios a encontrar y estimular productos toreros verdaderamente atractivos, fórmula infalible para que cualquier público deje de ir a las plazas. Como acá, pues.