Opinión
Ver día anteriorDomingo 11 de julio de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Mujer de lucha
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rácticamente desde que nació, en 1904, en un pequeño pueblo del estado de Guerrero, Benita Galeana estuvo en la lucha. Huérfana a los dos años de edad, desde pequeña tuvo una vida de trabajos duros e insultos. Huyendo de esa existencia llegó a la ciudad de México, en la década de los años 20 del siglo pasado. Pronto se incorporó al Partido Comunista Mexicano (PCM) cuando aún era clandestino y fue una de sus más activas militantes. Valiente y arrojada, participó en huelgas, apoyó a maestros, campesinos, ferrocarrileros y estudiantes, lo que le valió ir a prisión más de 50 veces y recibir varias palizas.

A pesar de no saber leer ni escribir –aprendió cuando tenía 29 años– se volvió gran oradora. Poseedora de una notable inteligencia natural y gran belleza, en los mítines había el clamor que hable la de las trenzas.

La conocí cuando tenía 83 años, al realizarle una entrevista con Lourdes Herrastí, para el periódico El Día, en su modesta casa de la colonia Del Periodista y todavía conservaba las trenzas y esa guapura que no pierden ciertas personas, que tiene que ver con lo que proyectan del interior.

Con enorme lucidez y gracia nos hizo un resumen de su vida y nos dio su biografía, que realizó con el apoyo del periodista y escritor Mario Gil, también miembro del PCM, con quien se casó y vivió felizmente hasta que él falleció en 1973.

Participó en la creación del Frente Único Pro Derechos de la Mujer y al desintegrarse el PCM se integró al Partido Socialista Unificado de México (PSUM)

En su larga y combativa carrera política convivió con personajes como José Revueltas, David Alvaro Siqueiros, Elena Poniatowska, Valentín Campa y Fidel Castro.

Antes de morir, a los 91 años de edad, decidió que su casa y todas sus pertenencias, formaran parte de un centro de estudios, en el que se preservaran sus ideales de lucha.

Así surgió la Casa Museo Benita Galeana en el año 2000, con el apoyo de la entonces jefa de Gobierno de la ciudad, Rosario Robles, y que dirige con gran entusiasmo la antropóloga María de Jesús Real García Figueroa quien, además, es cronista de la delegación Benito Juárez. El sencillo recinto cuenta con sala de exposiciones, una biblioteca con cerca de 2 mil ejemplares de libros de doctrinas filosóficas de izquierda, historia y literatura.

Resguarda el archivo con mil documentos de Mario Gil y Benita Galeana y una fototeca de mil fotografías.

Aquí se reúne el grupo de la tercera edad Tomasa Valdés, y el grupo de Arte en el Hogar, conformado hace 45 años por las esposas de los periodistas.

Desde que el Gobierno del Distrito Federal desapareció el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, dejando sin sede a la Asociación de Cronistas del Distrito Federal, aquí llevan a cabo sus sesiones dos veces al mes. Actualmente la preside el cronista de Tepito, Alfonso Hernández. En este lugar celebramos el pasado día 30 de abril el Día del Cronista, con una rica barbacoa.

La labor de estos cerca de 40 cronistas de todos los rumbos de la magna ciudad es heroica, ya que excepto muy contadas excepciones, no reciben ningún apoyo del gobierno capitalino ni de las delegaciones. Ellos, por puro amor a su localidad, recogen su historia, la difunden, casi siempre pagando de su propio bolsillo y defienden el patrimonio.

En los congresos que organizó el Consejo de la Crónica, en los que participaron cerca de 100 ponentes, muchos de ellos cronistas de pequeños barrios, nos descubrieron tesoros desconocidos de nuestra ciudad.

Ojalá las autoridades les prestaran más atención, ya que son los verdaderos custodios de la memoria histórica de la ciudad de México.

No queda más que ir al Salón Portales, la famosa chelería de ese castizo barrio, situada en Víctor Hugo esquina Alhambra, a brindar con una de sus tradicionales bolas de cerveza, acompañando las especialidades culinarias: cochinita pibil, pastel de carne, escabeche oriental y mariscos.

En memoria de Armando Jiménez