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Demandan que el gobierno mexicano acate la sentencia de la CIDH sobre el caso Radilla

En homenaje a Carlos Montemayor, exigen la presentación de mil 200 desaparecidos
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Susana de la Garza, Tita Radilla e Hilario Mesino durante el homenaje a Carlos Montemayor, ayer en Atoyac de Álvarez, Guerrero, al comenzar la Semana Internacional del Detenido-DesaparecidoFoto Carlos Betancourt
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 31 de mayo de 2010, p. 10

Atoyac de Álvarez, Gro., 30 de mayo. Con la exigencia de la presentación de más de mil 200 desparecidos en el país y que el gobierno mexicano acate la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) del caso de Rosendo Radilla Pacheco, desaparecido en 1974, se rindió homenaje esta mañana en la ciudad de Atoyac de Álvarez al escritor, poeta y periodista Carlos Montemayor, en el contexto de la Semana Internacional del Detenido-Desaparecido, que se inició con una misa.

También se hizo un reconocimiento a la investigadora de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) Andrea Radilla, hija de Rosendo Radilla, y autora del libro Voces acalladas, vidas truncadas, que sirvió de base para presentar la denuncia ante la CIDH.

Entre consignas de ¡Desparecidos, presentación!, y “¡Ahora… Ahora se hace indispensable, presentación con vida y castigo a los culpables!”, Tita Radilla, quien desde 1974 demanda la presentación no sólo de su papá, Rosendo Radilla, sino la de cientos de desaparecidos políticos, se encargó de inaugurar el acto acompañada de Susana de la Garza Montaño, viuda de Carlos Montemayor, que con un ramo de flores en las manos escuchó emocionada las muestras de afecto y cariño de los familiares de los desaparecidos reunidos en el auditorio Casa de la Cultura de Atoyac de Álvarez, municipio en el que su esposo escribió algunos testimonios aparecidos en su magna obra Guerra en el paraíso.

Julio Mata, dirigente de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de la Violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), una de las organizaciones convocantes, evocó varios pasajes de la vida de Carlos Montemayor que siempre estuvo ligada a Atoyac, y en general a las luchas sociales.

En la actividad intervino Hilario Mesino, uno de los fundadores de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), quien definió al autor de Las armas del alba como “un periodista e intelectual del pueblo; su obra reflejó la realidad de un pueblo oprimido, y en la que nos enteramos de la atroz represión que dejó marcada a la sociedad en la etapa de la guerra sucia que se vivió en Guerrero, y en Atoyac, y que arrancó lágrimas”.

El luchador social advirtió que en la actualidad los gobernantes pretenden enterrar el pasado dejando el camino libre a los de cuello blanco para que sigan en la política. Por eso Carlos (Montemayor) documentó sobre la guerrilla para informar a la sociedad que los movimientos surgen de la pobreza y del movimiento social.

Recordó Mesino que el también integrante de la Comisión de Intermediación con el EPR, visitó Atoyac en diciembre de 2002: “Vino a acompañar los restos de Lucio Cabañas [fundador del Partido de los Pobres muerto en combate el 2 de diciembre de 1974], y convivió de cerca con un pueblo organizado y en pie de lucha; lamentamos su muerte, pero dejó un legado de respeto, y su obra seguirá haciendo historia… Él siempre dio voz a los sin voz”.

Entre tanto, Claudia Rangel, catedrática de la UAG, participó para hablar de la obra de Andrea Radilla que “desentrañó las tramas de guerra sucia, a partir de la desaparición de su padre Rosendo Radilla, trabajo que sirvió para presentar la denuncia ante la CIDH; junto con su hermana Tita, fueron el enlace entre las familias de los demás desaparecidos; nos dejó el legado de continuar dilucidando sobre el tema”.

Una tierra que para Carlos fue muy importante

Al hacer uso de la palabra, Susana de la Garza, viuda de Carlos Montemayor, agradeció las muestras de simpatía de los asistentes al homenaje a su esposo: “Estoy muy agradecida y muy contenta por estar en una tierra (Atoyac de Álvarez) que para Carlos fue muy importante, porque una de sus mejores obras, ustedes lo saben, fue Guerra en el paraíso, y muchísima gente de aquí lo apoyó en las investigaciones, ya que la violencia ha continuado y Carlos siempre estuvo presente”.

Mencionó que Carlos Montemayo siempre se definió con una clara vocación por la clandestinidad, “refiriéndose a las lenguas clásicas, y su amor por el griego y el latín; también por la promoción y la defensa de la cultura y las lenguas indígenas, así como por la reivindicación de los movimientos sociales.

“Él proyectaba una sensibilidad, y a pesar de los temas fuertes que se trataran, su sensibilidad afloraba; era un poeta nato, y aparte de poeta su narrativa la hacía con la mirada del poeta, y uno lo ve claramente al leer Guerra en el paraíso, y Las armas del alba, cuando describe algunas escenas fuertes o violentas, pero voltea la mirada y empieza a ver el paisaje que para él era esencial. Era como también vestirse a sí mismo, y al estarlo leyendo uno se transporta, escucha el ruido del arroyo, la lluvia, la luminosidad en el cielo”, recalcó.

Carlos, continuó De la Garza, era un poeta, y con todo este trabajo fuerte que hacía, refugiaba muchísimo en la poesía, y en la música. Cantaba muy bien, grabó discos, y lo hacía por amor, y en general todo lo que hacía él, lo hacia con mucha pasión.

Finalmente se refirió a la novela Las mujeres del alba, de la que –dijo– logró terminar y se publicará en agosto o septiembre del presente año. “Es la mirada de las mujeres, que son las mamás, hermanas, primas, de los compañeros que estuvieron en el asalto al cuartel Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965. Es una novela muy esperada, y es algo que no se había hecho, y Carlos tomó la mirada de las mujeres hacia esos eventos; también se publicará un libro de nahuatlismos polémicos, y se acaba de publicar otro texto llamado Conversación con Águeda Lozano, pintora chihuahuense que vive en París, y está por publicarse también un poema muy largo, que me dedicó, y que se llama Apuntes del exilio”.

Poco después del mediodía, se proyectó el documental Herida abierta de la Guerra Sucia en México, de Berenice Vázquez Sansores y de Gabriel Hernández Tinajero, y al terminar se inició el Foro Itinerante de Análisis y Discusión Caso Rosendo Radilla, organizado por la AFADEM, la Fundación Diego Lucero, y otras 15 organizaciones.