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Luego de un partido sin brillo, los equipos decidieron la corona en tiros penales

Toluca agrega su décima estrella; vence en muerte súbita a Santos

Oswaldo Sánchez había detenido dos envíos, pero al final Alfredo Talavera fue el héroe, pues desvió el disparo definitivo de Fernando Arce

Guerreros planteó un esquema más ofensivo

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Euforia de los jugadores escarlatas en el estadio Nemesio DiezFoto Ap
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 24 de mayo de 2010, p. 2

Toluca, Mex., 23 de mayo. Sufrido al extremo, tras 120 minutos de lucha intensa y luego de los fatídicos penales, en la muerte súbita, cuando Alfredo Talavera desvió el envío de Fernando Arce, por fin estalló como catarsis el festejo delirante en el estadio Nemesio Diez. El décimo cetro ya está en las vitrinas de Diablos Rojos, tras vencer 4-3 al Santos Laguna, para un global de 6-5.

En cuestión de minutos, el trofeo Bicentenario 2010 cambió de manos en el imaginario de la afición, porque Sinha –a quien el público le cantó Las Mañanitas– falló el primer disparo desde los 11 pasos, pero llegó el colombiano Vladimir Marín con tiro bien colocado a la derecha de Oswaldo Sánchez, y fue a gritar su festejo de manera efusiva ante el guardameta Talavera para levantarle el ánimo.

Los albiverdes de la Comarca Lagunera se frotaban las manos tras los aciertos de Juan Pablo Rodríguez y Daniel Ludueña, más aún porque el chileno Héctor Mancilla falló en la tercera opción de los escarlatas, donde Oswaldo contuvo recostándose a su izquierda, mientras Jonathan Lacerda, tercer tirador santista, fue implacable. Pero en un abrir y cerrar de ojos la suerte cambió de playera.

Diego Novaretti se plantó ante un crecido Oswaldo, quien adivinó la dirección del balón; sin embargo, el envío iba con potencia y se le escurrió... El Diablo comenzó a revivir.

En contraparte, Matías Vuoso se achicó ante el ensordecedor abucheo y echó su disparo al costado izquierdo. En el último tiro de la ronda reglamentaria, Martín Romagnoli clavó la pelota a la derecha del portero, mientras Adrián Morales, en su turno, se equivocó y dirigió el balón a la derecha, lejos del arco.

Llegó la muerte súbita y el defensa Édgar Dueñas, convertido en un baluarte para los rojos, cobró elevado a la derecha sin dejar opción a Oswaldo. Continuó el desacierto de Arce y la historia se escribió.

Durante 120 minutos flotó la moneda en el aire, pero mientras los Guerreros apostaron a su mejor ofensiva, los mexiquenses se olvidaron del ataque y ocuparon todas sus fuerzas en defenderse y cerrar cualquier vía a los peligrosos embates; cuando adelantaron líneas, simplemente los Diablos resultaron una nulidad al ataque.

Santos tampoco tuvo claridad en sus avances, pero estaba volcado al frente y el técnico local, José Manuel de la Torre, salió de su banquillo a gritar a Osvaldo González, quien remplazó al suspendido Manuel de la Torre.

Cerca del minuto 20 hubo alboroto en el palco del dueño del Toluca, Valentín Diez, cuando llegaron los gobernadores del estado de México y de Coahuila, Enrique Peña Nieto y Humberto Moreira, respectivamente. No faltó aficionado que recordara en un grito el caso de Paulette al arribo del mexiquense.

La rispidez afloró; a Dueñas le pisaron la cabeza y el silbante Armando Archundia decidió no marcar nada, pero a partir del minuto 34 cualquier roce o reclamo fue suficiente para marcar faltas y sacar el cartón amarillo. Sinha fue amonestado por protestar, Mancilla por fingir una falta y el público la tomó contra Oswaldo Sánchez, pues se dedicó a insultarlo en cada despeje. Archundia, a su vez, escuchó imperturbable el grito de ¡ratero, ratero!

El mejor intento de los Guerreros en el primer tiempo fue al minuto 44: un tiro de Oribe Peralta que Talavera desvió con buen lance. En el complemento la tónica se mantuvo. El timonel visitante, Rubén Omar Romano, ingresó a Matías Vuoso, quien de inmediato exigió al portero, pero Talavera desvió con el pie derecho un remate con aroma de gol.

El tiempo se escurría ante la inoperancia de Santos, a pesar de los ingresos posteriores de Daniel Ludueña y de Rafael Figueroa, pero los Diablos tampoco hacían mucho por acercarse al título, al punto de que no tardó en escucharse el exigente reclamo de pongan güevos, los Diablos pongan..., que antecedió al infaltable ¡sí se puede, sí se puede! y el coro: otra cooopa, queeeeremos otra copa.

Al campo entraron Vladimir Marín, Francisco Gamboa e Isaac Brizuela por el cuadro local. El Chepo respetó en exceso a los apagados Sinha y Mancilla, quienes ya arrastraban las piernas. Al minuto 78 El Cepillo Oribe Peralta tuvo una gran acción y sacó poderoso disparo que se estrelló en la cara de Talavera, quien quedó seminoqueado.

La respuesta llegó hasta el 91, con un tiro de media vuelta de Mancilla, directo al cuerpo del guardameta.

En los tiempos extras, Vuoso, de frente al arco, desperdició inmejorable opción al abanicar el esférico, Ludueña contrarremató y Talavera desvió. Lo más sobresaliente de los choriceros resultó un cruce providencial de Novaretti que intuyó una venenosa pared del ataque santista.

El ¡sí se pudo, sí se pudo! se escuchó poderoso en el pletórico graderío. A Peña Nieto le dieron su playera de campeón y se apresuró a bajar hasta la cancha invitado por Diez Morodo, para felicitar al Chepo. El grito cambió a ¡Diez, diez, diez!, mientras, a un lado, exhaustos, lloraban los jugadores de Santos, que se fueron al vestidor cabizbajos, sin hacer caso de la endemoniada vuelta olímpica.