Opinión
Ver día anteriorDomingo 18 de abril de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Alemania en otoño
C

uando se llega a cierto punto de crueldad, ya da igual saber quién la perpetró: simplemente tiene que parar. Estas palabras pronunciadas el 8 de abril de 1945, por la señora Wilde, madre de cinco niños, a manera de reflexión moral sobre las devastaciones de la guerra, sirve de epígrafe y también de conclusión para la cinta colectiva Alemania en otoño (Deutschland im Herbst), filmada entre 1977 y 1978 bajo la coordinación de Alexander Kluge, director de cuya obra la Cineteca Nacional ofrece actualmente una retrospectiva exhaustiva.

La película, integrada por ocho miradas de una docena de realizadores, guionistas y escritores alemanes (entre ellos, Edgar Reitz, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Volker Schlöndorff, Heinrich Böll, y Beate Mainka-Jellinghaus, encargada de la edición final), tiene como punto de partida un acontecimiento crucial de la historia alemana del siglo pasado: el secuestro y ejecución del magnate industrial Hanns-Martin Schleyer, en septiembre de 1977, perpetrado por el grupo terrorista Fracción del Ejército Rojo.

Alemania en otoño reúne las contribuciones de los cineastas en una sola reflexión continua, con divisiones apenas perceptibles y sin autoría manifiesta para cada entrega. El propósito declarado es capturar el estado de ánimo de la nación alemana en un momento en que la guerra al terrorismo expone las vacilaciones y debilidades de un régimen pretendidamente democrático y la vulnerabilidad de una población que vive en la espiral de violencia urbana la exacerbación de sus propias paranoias.

El conjunto de reflexiones de artistas y activistas políticos exhibe los temores del momento: la persistencia en un nuevo estado policiaco del viejo autoritarismo nacional socialista. En el episodio dirigido e interpretado por Fassbinder, el director tiene un fuerte altercado con Armin, su pareja sentimental masculina, y una discusión ideológica con su madre. En ambos casos sus interlocutores expresan conformismo y miedo frente a cualquier posibilidad de cambio; aceptan el control férreo de las opiniones y la represión de toda disidencia como precio necesario para una paz social.

El cineasta exhibe sin rodeos su intimidad y su postura crítica ante los abusos del Estado, y por primera vez recurre a la primera persona para exponer su rabia y desasosiego ante una política represiva y la adhesión de un pueblo atemorizado. Es el momento en que en Alemania occidental todo ciudadano sospechoso de cualquier simpatía con el terrorismo podía sufrir por ley la restricción de sus actividades profesionales.

Una época de controles y patrullaje incesante que la cinta capta en diversas facetas: la censura cultural que frustra una puesta en escena de la tragedia Antígona, de Sófocles, sospechosa de enmascarar una apología del terrorismo; el miedo instintivo de una mujer que protege a un hombre herido, posiblemente terrorista. Una maestra, Gabi Teichert, padece también la desconfianza del cuerpo docente por su interpretación de la historia alemana, basada en una contextualización permanente (leer el presente a la luz de acontecimientos de épocas recientes) que inevitablemente remueve los demonios de la culpa colectiva e ilustra la persistencia de una voluntad totalitaria. Teichert analiza también algo recurrente en la cinta: las funciones del himno nacional como surtidor de mitologías supremacistas.

Un antiguo abogado, Horst Mahler, co-fundador de la Fracción del Ejército Rojo, entrevistado en la prisión donde cumple una condena de 14 años, habla de la continuidad política entre el Estado alemán de los años 30 del siglo pasado y el gobierno conservador alemán de los 70, tan sólo interrumpido por el verano de la disidencia estudiantil en 1967. Una continuidad sin falla: el alcalde de Stuttgart, Manfred Rommel, hijo de un héroe nazi, es quien organiza el funeral del empresario Schleyer. Otra ejecución, la de los terroristas Baader, Ennslin y Raspe en la prisión de alta seguridad de Stammheim, presentada como suicidio, es otro episodio histórico que domina la reflexión colectiva. Una conclusión: en la lucha contra el terrorismo la democracia es siempre un estorbo. O como lo resume el líder demócrata cristiano Franz Joseph Strauss en su visita a Pinochet: Cuando se trata de defender al capitalismo, el fascismo puede ser un mal inevitable, y en un sentido es algo bueno.

Alemania en otoño se exhibe únicamente hoy, a las 20 horas, en la Cineteca Nacional.