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Hinchas auriazules estrenaron cánticos sobre el subcampeonísimo

El empate apagó el alto riesgo de enfrentamientos entre los aficionados
 
Periódico La Jornada
Domingo 24 de enero de 2010, p. a17

Sin metralla en la cancha del estadio Azul, ni del lado del local ni de Pumas, se anuló el alto riesgo en la batalla entre las dos aficiones capitalinas, que han gestado una rivalidad deportiva –despojada de odios– desde hace más de tres décadas, y todo terminó en el pretexto ideal para la creación de nuevos cánticos y, a la salida, dar gusto al paladar en los locales aledaños.

Chemo, dime qué se siente llegar a las finales y que te cojan siempre”, cantaban algunos grupos al ritmo de “…qué será lo que quiere el negro”, aun a la salida del inmueble en la colonia Nochebuena, donde los conatos de agresiones se suscitaron a la llegada de los autobuses que trasladaron a los equipos.

El más atacado, con lo que hubiera a mano –como vasos de dulces–, fue el de los locales, quienes desde su llegada escucharon la burla de: “Sueñen, sueñen Cementeros, que campeones jamás lo van a ser…”

Por diversos comportamientos irregulares, varios jóvenes fueron conducidos al módulo de Seguridad Pública instalado en el poniente del estadio, donde menores de edad fueron aprehendidos por intentar revender entradas.

Uno de ellos fue requerido por traer una hebilla, y yo unas monedas, anotaron unos casi niños que fueron liberados por amigas de la misma edad minutos después, con el argumento de: vienen con nosotras.

Desde antes del encuentro se respiraba cierto aburrimiento entre los cientos de vendedores, por el nulo interés hacia sus mercancías alusivas a los equipos en pugna.

Los aficionados no requerían nuevas playeras para identificarse. Sabían que debían llegar y desalojar por la puerta norte.

Si bien la reventa no podía faltar, el sector también padeció, y la única oferta era la de comprar boletos no utilizados, una práctica usual de este círculo clandestino para recuperar el costo después.

Sin nada qué reconocer o qué reclamar, La Rebel fue conducida primero hacia Insurgentes, mientras los grupos más pequeños se quedaron, en familias, por la zona.

Ya les vamos a ganar, hijo, ¡ya verás!, exclamó un abuelo a uno de los nietos veinteañeros con los que se sentó a compartir unos tacos, un tequila, él, y los demás, a chelear, como casi todos los demás en el lugar, cementero, por cierto, aunque algunas mesas lucían compartidas por varias parejas de novios azul-auriazul. Lo que por ahí resonó fueron las goyas de la Universidad Nacional Autónoma de México.