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Recibe incesantes acusaciones de ser socialista, musulmán o incluso terrorista

Obama enfrenta el asedio ultraderechista, además de la crisis y el descrédito que heredó

Es el presidente con más amenazas contra su vida en la historia reciente de Estados Unidos

Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 19 de enero de 2010, p. 21

Nueva York, 18 de enero. Barack Obama ha sido el candidato y presidente con más amenazas contra su vida en la historia reciente del país, y uno de los pocos en ser acusado de extranjero, musulmán y/o socialista.

Desde que obtuvo la candidatura demócrata presidencial en 2008 hasta hoy día, no cesan manifestaciones, foros, programas de radio y televisión, Internet y misas donde se acusa que Obama es socialista, se afirma que es musulmán, es calificado de terrorista (o por lo menos aliado de quienes lo son) y se cuestiona incluso su ciudadanía (que muestre su acta de nacimiento). Y no faltan ejemplos de amenazas de violencia, desde algunos reverendos que oran para que muera pronto y sea enviado al infierno, hasta gente que acude armada a sus actos públicos.

Queremos que nos regresen nuestro país, se lee en una pancarta que ya se volvió común en manifestaciones y foros ultraconservadores, a los que casi siempre asisten sólo blancos. Para ellos, el país ha caído en manos de extranjeros que se están robando la patria.

En agosto pasado, hombres con rifles de asalto AR-15 y pistolas 9 milímetros Beretta se congregaron afuera de un auditorio donde Obama daba un discurso. En Maryland un hombre se presentó a una sesión pública con un senador demócrata con una pancarta en que se leía: Muerte a Obama y Muerte a Michelle y sus dos niñas estúpidas, reportó Los Angeles Times.

Aunque estas fuerzas podrían ser calificadas de extremistas, son nutridas por la parte institucional de la derecha, sobre todo en algunos medios nacionales. Vale notar que esta semana Fox News anunció que Sarah Palin, la ex candidata vicepresidencial republicana y ex gobernadora de Alaska, fue contratada como comentarista. Palin se distinguió por sus cuestionamientos al patriotismo de Obama y a sus intenciones como no estadunidense. Otras estrellas de estos sectores tienen foros a nivel nacional, como el locutor de radio ultraderechista Rush Limbaugh, y Glenn Beck, de Fox News.

Es difícil evaluar qué tan reales son las amenazas contra Obama, pero el Departamento de Seguridad Interior emitió un informe en 2009 sobre el extremismo derechista, concluyendo que el desplome económico y la elección del primer presidente africano-estadunidense presentan impulsos únicos para la radicalización y reclutamiento derechista.

El columnista Frank Rich, del New York Times, diagnosticó así el origen de este extremismo: una minoría sustancial de estadunidenses están irracionalmente temerosos de los veloces cambios generacionales, culturales y raciales que representa Obama, de hecho, del siglo XXI en sí. Esa minoría se enoja más en relación inversa con su popularidad (la de Obama) con la vasta mayoría del país. El cambio puede ser aterrador y traumático, especialmente si no es un cambio en el que uno cree.

A la vez, se alerta sobre el incremento de agrupaciones ultraderechistas, como los aliados del llamado movimiento de milicia y patriotas, y el fenómeno más reciente de un abanico de agrupaciones contra el gobierno federal y los impuestos, llamados los tea party, frase que tiene que ver con un acto de desobediencia civil histórico de los colonos angloamericanos contra el entonces imperio británico, cuando éste decretó un alza en los impuestos al te que llegaba a estas colonias.

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El presidente Barack Obama y su hija Sasha celebraron el día de Martin Lu-ther King con trabajo voluntario y repartieron comida en un centro para personas sin hogar, ayer en WashingtonFoto Reuters

En los pasillos del poder en Washington, los políticos conservadores electos son un poco más cautelosos en sus expresiones de oposición a Obama, pero mantienen amplias relaciones con esas fuerzas que, a veces, son la parte más activa de sus bases electorales.

Es notable que casi ninguno de los líderes republicanos ha denunciado públicamente las expresiones más extremas de estas fuerzas ultraderechistas ni de los comentaristas en los medios. Al contrario, en algunos casos se suman a la locura. El senador Richard Shelby ha acusado que Obama convierte a Estados Unidos en una nación socialista, y algunos de sus colegas advierten que pone en peligro al país. Un alcalde de Arlington, Tennessee, escribió en Facebook que Obama es musulmán y debería ser regresado a África; éstos son los representantes electos.

Los republicanos en Washington, después de sufrir una de sus peores derrotas electorales, han logrado resucitar con un ataque frontal contra las medidas centrales del gobierno de Obama, sobre todo las económicas, pero en particular la reforma de salud.

En una conversación de estrategia entre senadores republicanos el año pasado, el ultraconservador Jim DeMint sugirió a sus colegas que la mejor forma de hundir la presidencia de Obama era hacer todo para detener la reforma de salud. O sea, nadie debatía el tema de salud en sí; el objetivo era descarrilar la iniciativa para debilitar a Obama. Y en gran medida, la abrumadora mayoría de los republicanos ha votado en contra de las propuestas legislativas, con sólo un par de excepciones, con ese objetivo.

Y eso, al tener cierto éxito, y al lograr que Obama ceda en algunos rubros, ha nutrido la ofensiva republicana en otros frentes al acusarlo de promover un gran gobierno sobre las espaldas de los contribuyentes al impulsar subsidios, estímulos económicos y nacionalizar empresas; en el frente internacional, ha sido atacado por ser débil ante la amenaza terrorista, y en cuanto a América Latina, de ser demasiado amistoso con los regímenes enemigos de Cuba, Venezuela y Bolivia, entre otros.

El número de amenazas de muerte contra Obama desde que ocupa la Casa Blanca se incrementó 400 por ciento sobre las 3 mil anuales durante la presidencia de George W. Bush, o sea, unas 30 al día, según Ronald Kessler, autor del libro In the President’s Secret Service, publicado a finales del año pasado. Sólo la semana pasada, un hombre fue arrestado en Nueva Orleans por amenazar con matar al presidente y su esposa.

El juego político se ha complicado y se ha vuelto hasta peligroso en un país que está en una transición acelerada, y que cada día se parecerá menos al que existió en el siglo XX al perder poderío, supremacía económica, y atravesar por un profundo cambio demográfico y social. Obama, al proceder, enfrenta no sólo el desafío de navegar las crisis que heredó –desencantando a sus propias bases al no cumplir con sus promesas de cambio de dirección al asumir el timón–, sino que lo tiene que hacer enfrentando un mar de temor y odio que en cualquier momento puede estallar en violencia, incluso contra él.