Opinión
Ver día anteriorMartes 29 de diciembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Melón

Mis 60 años

E

ste año, mi querido enkobio, me trajo algo que me tiene como niño con zapatos nuevos. Antes que nada quiero agradecer a todas las personas y dependencias que contribuyeron a ponerme a gozar de una manera espantosa: la Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; Marta Ketchum, titular del Instituto de Cultura de Morelos; Sergio Villasana Delfín, director general del Instituto Veracruzano de la Cultura, el abogado Antonio Vázquez Figueroa y el musicólogo Rafael Figueroa; el Museo Tamayo Arte Contemporáneo; Daniel Leyva, al frente de Difusión y Fomento a la Cultura del Instituto Politécnico Nacional, e Hilda Trujillo, directora del Museo Anahuacalli.

Pero también deseo compartir esa alegría con todos los compañeros que estuvieron en los diferentes conjuntos y orquestas a las que pertenecí y fueron guías en mi trayectoria sonera y que todavía sigo admirando.

Regresando el cassette, cómo olvidar a Toño Espino, Armando Thomae, César Molina, Chamaco Ángel, Julio Morales y, sobre todo, al Fufu, quien me bautizó como Melón –hasta me quiere cobrar regalías–, que son los que formaron a Los Guajiros del Caribe, mi primer amor sonero, con los que pasé años de jícamo y saoco.

Más tarde, con Los Diablos del Trópico, el grupo más sonero de los que formé parte e hice mi primera grabación como coro en diferentes ocasiones para Tony Camargo. Viene a mi memoria Luis Lozano Cachimba, pianista sonerísimo, que siempre creyó en mí, así también recuerdo al Jefe Agapito Silva, trompetista de altos vuelos.

Luego de pertenecer a este grupazo, regresé con Los Guajiros para recibir otra sorpresa, proporcionada por Pablo Zamora Peregrino (sobrino de Toña la Negra), que ya me había llevado a hacerle coro a Benny Moré, para ahora ingresar a las estrellas de Juan Bruno Tarraza, conjunto en el que el único que no era estrella era yo. ¡Imagínese!, mi asere, aquello era un trabuco con Alejandro Cardona, Caramelo y Lucas, en las trompetas; Humberto Cané, en el bajo; Pablito y Toño Peregrino, en las percusiones; El Morro, sonero de vieja estirpe, en la guitarra, y en diferentes etapas Pepe Bustos y Luis El Viejo, al piano, mientras el maestro Tarraza dirigía.

Estuvimos en el teatro Follies Bergere y en el Versalles, del Hotel del Prado, que propició mi primera grabación como solista para la película El marido de mi novia.

Esa fue mi primera experiencia sonera con Luis González Pérez, quien sirvió para que Toño Mezcalilla, y El Viejo me recomendaran con Chucho Rodríguez y así ingresar a esa tremenda orquesta con la que pude actuar en diferentes escenarios a lo largo de nuestra bella República. En esta extraordinaria orquesta se encontraban muchísimos talentos, independientemente del Viejo y Mezcalilla. Estaba Rafael Jaime, conocido como El Chino, que grabó con Pérez Prado una interpretación de Cerezo rosa, según mi opinión de aquellita.

Otra orquesta magnífica fue la de Ray Montoya, con la que realicé dos temporadas, una en Ciudad Juárez, y la otra en Acapulco, donde tuve el primer acercamiento con Ninón Sevilla, señora a la que admiro, respeto y recuerdo con cariño y agradecimiento, y digo: ¡Señora, es usted un tiro!

De Lobo y Melón con su grupo sólo diré que a todos vivos y fallecidos les tengo un recuerdo imperecedero, pues no se vale ser juez y parte, así que a los vivos les deseo lo mejor de lo mejor, y a los que ya se fueron, que Dios los tenga en la gloria.

Espero que usted, mi estimado nagüe eriero, tenga una Navidad y un fin de año sin par y que en el próximo no le falte nada. Esto lo hago extensivo a mis detractores, pues no soy rencoroso y entiendo que para gustos se hicieron los colores, y cada uno tiene derecho a su propia opinión.

Recordando a Celia Cruz, al que Dios se la dio, que San Pedro se la bendiga, pero también les recuerdo que el son no es cosa de enchílame otra gorda, y como dice don Jacobo Morett, alabanza en boca propia se convierte en vituperio. ¡Vale!