Opinión
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Lujoso deportivo en La Merced
E

n muchas ocasiones hemos hablado del barrio de La Merced calificándolo como el más castizo de la ciudad. Comercial por excelencia desde la época prehispánica, ya que en su corazón desembocaba la Acequia Real, una de las más importantes de México-Tenochtitlán. Era la ruta para trasladar las mercancías que venían de Xochimilco y Tláhuac, destacadas productoras de legumbres y flores y utilizada por los que llevaban granos a la ciudad, razón por la que en esa zona se ubicaba la alhóndiga en donde se preservaba el maíz para las épocas de escasez y la Casa del Diezmo, en donde la Iglesia cobraba su diez por ciento, obligatorio para entrar al cielo.

El apelativo de La Merced lo adquirió en el siglo XVII cuando se estableció en el rumbo el convento de los mercedarios. Esta orden religiosa nació en 1218, en Barcelona, con el nombre de Orden Militar de Nuestra Señora de la Merced y Redención de los Cautivos. Estaba constituida por caballeros militares y su objetivo era rescatar a los cristianos que caían en poder de los moros.

Conocidos como mercedarios, al correr de los años se tornaron en frailes supuestamente trocando la espada por la cruz, lo cual no siempre fue así, pues en ocasiones solían ser bastante belicosos. A la ciudad de México llegaron en 1589, estableciéndose en un principio en un modesto mesón cerca de la Alameda, para después construir, por los rumbos de San Lázaro, un magnífico convento, con el claustro más bello de América, y bautizando el barrio, que hasta la fecha se conoce, como La Merced.

A raíz de la aplicación de las leyes de Exclaustración de los Bienes Religiosos, a mediados del siglo XIX,el templo y parte del convento fueron destruidos, y se salvó milagrosamente el maravilloso claustro en estilo morisco, que está esperando una buena restauración y un uso digno, ya que ahora sólo se utiliza de vez en cuando para bodas elegantísimas.

En el predio que ocupaba el templo se estableció el primer mercado de La Merced, padre del enorme conjunto de mercados que se construyeron en los años 50 del siglo XX, que eran el centro del abasto de la ciudad, hasta los años 80 en que se levantó la Central de Abasto, sin que ello le quitara a la zona su carácter eminentemente comercial que conserva hasta nuestros días. En 1963, época de pujante bonanza económica del rumbo, Farid, José y Tufic Nader, industriosos inmigrantes libaneses, decidieron crear el Deportivo Nader.

En la calle de Las Cruces 44 levantaron un impresionante edificio de 22 mil metros cuadrados con todas las instalaciones que se puede uno imaginar: gimnasio, canchas de esquash, frontón, gimnasio, futbol rápido, un gran salón para basquetbol con piso de madera finísima, alberca semiolímpica, vestidores, vapor, saunas. Era tal la calidad de sus instalaciones que durante las olimpiadas de 1968 albergó al equipo ruso. Con la salida del gran comercio a la Central de Abasto, el deterioro de inmuebles vacíos, la invasión de los vendedores ambulantes y afectaciones por el temblor de 1985, después de un intento de reapertura dos años más tarde, finalmente en 1999 cerró sus puertas.

Ahora, tras una cuantiosa inversión para modernizar las instalaciones, nuevamente vuelve a la vida ofreciendo lo que casi ningún centro depotivo puede dar y con cuotas verdaderamente económicas. Imagínese todo lo que le mencioné, excepto la alberca, que ahora va a ser un canal cubierto. El amplio gimnasio –en realidad todo es amplio– está equipado con aparatos de última generación. Los salones para clases de aerobics, yoga, taekwondo y demás, conservan hermosos pisos de maderas finas que ya no se ve en ningún lado. Hay área infantil y están por inaugurarse restaurante, bar y cafeterías.

A la vuelta de la esquina, en Mesones 171, se encuentra el restaurante Al Andalus, con su exquisita comida libanesa, que le devolverá las energías perdidas en una sesión de gozoso ejercicio, que le garantiza salud física y mental.