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Le Carrousel presentó El ruido de los huesos que crujen en el teatro Cervantes

Suzanne Lebeau conduce al espectador a la desolación de los niños soldados

La propuesta escénica con la agrupación quebequense sacudió la conciencia de los adultos

Abre la dramaturga la puerta de la esperanza para que ellos regresen y vivan su infancia

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Alebricalles, espectáculo para niños, a cargo del Colectivo Pato de Hule se presenta hoy a las 18 horas en la ruta que comprende el teatro Juárez y las plazas de la Paz y San Fernando. Mañana domingo, a las 12 horas, la agrupación estará en Los PastitosFoto Cortesía FIC
Enviada
Periódico La Jornada
Sábado 31 de octubre de 2009, p. 4

Guanajuato, Gto., 30 de octubre. En medio de la oscuridad se entrevé una silueta femenina atrapada en un traje militar; lleva sus botas negras de agujeta y en el brazo sostiene el arma que mató su alma: ella es Elikia, protagonista de la obra El ruido de los huesos que crujen, que se escenificó este jueves en el teatro Cervantes.

La obra con la compañía Le Carrousel, escrita por la dramaturga quebequense Suzanne Lebeau, relata la historia de Elikia y Joseph, dos niños soldados que huyen del ejército rebelde y viven escondidos en la selva y duermen con miedo hasta que un día llegan a un hospital donde conocen a una enfermera, quien los ayuda a vivir, a soñar, a reír como niños.

La protagonista Elikia, interpretada por la actriz Emilie Dionne, transmite esa desesperación y sufrimiento provocado por el temor de ser capturada de nuevo por los rebeldes. Duda del agua del pantano, de la vegetación, de la tierra porque sabe que ellos conocen todo.

Elikia es una niña que como tantos otros niños ha visto su vida transformada de la mañana a la noche por una guerra civil caótica y sin leyes. Secuestrada y separada de su familia, Elikia se convierte en niña soldado.

El texto de Suzanne Lebeau lleva al espectador a un mundo desolador, que existe pero nadie se atreve a comentarlo. Un mundo en el que los niños matan porque están acostumbrados a obedecer a los adultos.

Fusil que mata el alma

La propuesta que la compañía quebequense presentó en el Festival Internacional Cervantino sacudió la conciencia de los adultos que piensan que es difícil cambiar esta situación, pero la investigación de la dramaturga abre la puerta de la esperanza para que los niños soldados regresen y vivan su infancia.

El montaje muestra cómo Elikia decide vivir después de escapar de los rebeldes y escribe en un cuaderno su historia porque no se atrevía a decirla en voz alta. Quiero que mis recuerdos sean útiles; quiero decir que en los niños en guerra, el fusil mata el cuerpo de los que tienen dinero, pero mata el alma de quien lo lleva.

Suzanne Lebeau describe cómo para aquellos niños que son reclutados por los rebeldes, el arma se convierte en una parte más de su brazo y en el objeto más preciado que le da poder frente a los adultos, por eso Elikia de día y de noche nunca la suelta.

La compañía Le Carrousel muestra una realidad dolorosa con su singular estilo: un sencillo escenario y escasa iluminación para que el público use la imaginación y se deje llevar por la voz de los actores a la vida de los niños en tiempos de guerra.

Lebeau conoce el poder de las palabras y en su propuesta no hay escenas fuertes, sino diálogos intensos sobre el dolor y la angustia de los niños que han vivido una guerra.

Le Carrousel presenta este sábado a las 18 horas la tercera y última función de El ruido de los huesos que crujen, en el teatro Cervantes de Guanajuato.