Opinión
Ver día anteriorDomingo 7 de junio de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El foro

Involuntario

E

l conjunto de viñetas narrativas que integran Involuntario (De ofrivilliga), segundo largometraje de ficción del sueco Ruben Östlund, remite inevitablemente al espectador a las radiografías fragmentadas que han propuesto previamente el austriaco Ulrich Seidl (Días perros, 2001; Import/Export, 2007) y el también sueco Roy Andersson (Canciones del segundo piso, 2000; Tu que estás vivo, 2007), directores exhibidos en el Foro de la Cineteca. En estas cintas el tono dominante es una mirada desencantada, inclemente, a las relaciones humanas y, de modo particular, a la forma en que la voluntad individual se disuelve y nulifica en la dinámica de conductas colectivas incontrolables, a menudo violentas.

El joven cineasta captura los estados de ánimo de sus protagonistas a través de una narración dislocada, con la visión de una Suecia sin espacios para la solidaridad o para el más elemental humanismo. Su retrato es duro y pesimista, pero a diferencia de los realizadores antes mencionados, no muestra de modo consistente el contrapunto de la poesía visual o de la generosidad moral de quien observa detenidamente la descomposición social del consumo globalizado.

Considérense los comportamientos en algunas viñetas de Involuntario. Dos chicas adolescentes posan frente a una cámara digital, ensayan poses sensuales en sus autorretratos, y el ritual se prolonga con languidez y desparpajo, hasta que tiempo después el director las muestra en situaciones de degradación moral extrema. Un viaje en autobús presenta a un grupo juvenil igualmente despreocupado, que horas después se topará con la intransigencia moral del conductor que detiene el vehículo indefinidamente hasta que algún pasajero confiese haber cometido una avería en la sala de baño. Nadie entiende la terquedad del chofer, pero en el microcosmos social descrito toda infracción, por mínima que sea, a la regla estricta, debe ser debidamente sancionada, so pena de naufragar en un caos indeseable. Algunos episodios de esta panorámica social son, en efecto, muy interesantes, pero el punto de vista del cineasta no se concentra en un propósito más sólido. El conjunto se antoja así caótico y arbitrario, y ese abigarramiento de provocaciones y el capricho en la propuesta iconoclasta, impide consolidar una obra intensa y en definitiva memorable.