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Las cascaritas, chelas, taquizas, venta de playeras y pintas en las caras no faltaron

Las porras festejaron con estruendo las escasas emociones en el estadio Azteca

Los revendedores ofrecieron boletos hasta 50 por ciento más caros que en las taquillas

 
Periódico La Jornada
Lunes 23 de marzo de 2009, p. 4

El América-Pumas cumplió ayer su edición 107 en el estadio Azteca sin el esperado lleno, aunque la emoción de los asistentes colmó el espacio de ovaciones, sobre todo cuando sus respectivos equipos armaban una jugada, amenaza latente de gol.

Desde las 13 horas se abrieron las puertas del coloso de Santa Úrsula, momento desde el cual los aficionados comenzaron a ingresar, no sin sufrir el lento tránsito vehicular, nada comparado con el que habían dejado atrás, como ocurre siempre en un día de clásico futbolero.

Los automovilistas vieron cómo el autobús oficial de Pumas avanzaba por Periférico sin mayores problemas, escoltado por uniformados, que hasta cerraron el paso desde ese punto hacia el estadio por espacio de 20 minutos, frente al ex centro de entrenamiento de las selecciones nacionales.

Largas filas de vehículos se formaron en cada uno de los accesos al estacionamiento del inmueble mundialista, al cual se ingresaba previo pago de 40 pesos, por lo que el paso fue lento, por aquello de que había que dar cambio y algunos reclamos.

Ya dentro del estacionamiento del estadio dio inicio el primer festejo. Varios aficionados precavidos abrieron las cajuela de sus autos y ¡oh sorpresa!, una tina con hielos cubriendo botellas y latas de cervezas y uno que otro pomo de brandy, con sus respectivos refrescos de cola, no de la empresa patrocinadora que se anuncia permanentemente en las butacas del Azteca, sino de la bebida sustituta y más económica que se expende en todo el país.

El lugar se convirtió en zona libre. Lo mismo niños jugando con una lata vacía, remedo de balón de bote irregular, que jóvenes con una chela bien fría en cada mano, vestida con una bolsa de papel o envuelta en un pedazo de periódico, o de plano totalmente desnuda, como si estuvieran en sesión de anuncio en televisión.

Los más sofisticados preparaban sus micheladas en el lugar o, por 30 pesitos, la adquirían con su marchante, con su sal y chile piquín en la orilla del vaso.

Convertido en una romería, los aficionados, algunos con los ojos enrojecidos de tanta cerveza ingerida, se hacían pintar el escudo de su equipo en la mejilla, por 10 pesos, o adquirían una playera con los colores de su plantel favorito por 100, 200, y quienes traían más recursos compraba una mejor, a 300 pesos.

Por la entrada del Periférico, por donde ingresaron las porras Barra Brava y la Rebel universitarias, así como la CAR’s, se pudo leer en varias espaldas Los ángeles en el cielo adoran a un Dios divino, nosotros en la tierra a los pumas, las mujeres y el vino, además de Game over Antigallina. Di no a la pendejez o Rompe corazones Pollitos en fuga.

Foto
Jugadores de Pumas y del América quedaron en deuda con la aficiónFoto Víctor Camacho

Los papás consentidores o francamente emocionados pagaban hasta 40 pesos para que los niños se tomaran una fotografía digital impresa en el lugar, o adquirían una escandalosa corneta de plástico por 10 pesos, o una pulsera con las fotografías miniatura de pumas y americanistas o, al menos, una botella de agua, semillas o tacos de guisado, cuyos vendedores hacen su agosto cada día de partido.

La reventa no podía faltar y menos en una ocasión tan especial; un clásico, sin importar el calificativo de joven, capitalino, del orgullo o de lo que sea; los boletos se ofrecieron hasta 50 por ciento más caros que en las taquillas, aunque iniciado el encuentro se ofertaban los de 350, precio oficial, en 200: señito, pa no perderle. Otros, por teléfono celular se comunicaban para que fuera de los ojos de los uniformados hicieran la entrega unos metros más allá de las taquillas.

Las porras de ambos bandos, blancos contra amarillos, festejaban con ensordecedoras ovaciones las escasas emociones que les brindaron sus equipos, que dicho sea de paso, no pudieron hacerse daño, más allá de algunas patadas y empujones benignos.

Fue un clásico que terminó como tal; con el clásico empate y la deuda con la afición, que despidió con una batalla coral de los típicos cánticos Como no te voy a querer... y Vamos, vamos América, que esta tarde... Se concretó la igualada 43.

31 detenidos

La Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal informó de la detención de 31 personas, 26 por intentar introducir cohetes al Azteca, por reventa, por encontrarse en estado de ebriedad o por apartar lugares para estacionamiento en la vía pública. Cuatro fueron remitidos por intentar robar a los aficionados que asistieron al partido y uno por consumir marihuana.

El operativo fue de 3 mil 80 elementos, además de mil agentes dentro del inmuebles. Las porras fueron escoltadas a la llegada y salida del encuentro para evitar enfrentamientos.