Política
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Exigió su crédito histórico en la preservación de las instituciones

Rechaza el PRI cualquier nexo con el narcotráfico
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Beatriz Paredes fue la oradora principal en el Teatro de la República, en Querétaro, lugar donde se fundó, hace 80 años, el PRI, entonces llamado Partido Nacional RevolucionarioFoto Demian Chávez
Enviada y corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 5 de marzo de 2009, p. 17

Querétaro, Qro., 4 de marzo. En el aniversario 80 de su fundación, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se presentó decidido a regresar por sus fueros. Reclamó su crédito histórico en la preservación de las instituciones nacionales, censuró a quienes dicen que su posible triunfo en los comicios de este año significaría un regreso y, en una suerte de punto final a la discusión sobre a qué gobiernos corresponde la culpa por la creciente violencia, su presidenta, Beatriz Paredes, exclamó: en el PRI rechazamos cualquier nexo con el narcotráfico.

El partido no se dejará atrapar por esa falsa polémica que pretende hacer creer “que el triunfo del PRI en el presente es el retorno al pasado, porque éste (el partido) –resaltó– tiene un lugar en la historia de México, en sus momentos de mayor luminosidad y en sus claroscuros”. Hasta se permitió chancear: pero el pasado ya pasó, citando al filósofo de Güemes. Enseguida evocó a Winston Churchill con aquello de que enfrascarse en una pelea entre el pasado y el presente significa perder el futuro.

No caeré en el garlito de discutir públicamente sobre lo que fue el PRI, y buscó convencer de la sintonía del partido con los tiempos que corren: ¿qué más modernidad que poner por encima de los liderazgos carismáticos o mesiánicos la fortaleza institucional y la racionalidad de los proyectos, de políticas públicas viables?

De una vez atajó las culpas que ha tratado de atribuirle el Partido Acción Nacional (PAN) en el incremento de la criminalidad. No es una problemática para sacar raja electoral, porque sería un juego demasiado peligroso, y enumeró las reformas aprobadas por legisladores del tricolor en materia de seguridad, ratificó su confianza en las fuerzas armadas –no mencionó a la policía– y cerró el tema: jamás hemos hecho labor de zapa y aquel no se usará como proclama electoral de descalificaciones.

El PRI vino al Teatro de la República, recinto donde nació como Partido Nacional Revolucionario, a iniciativa de Plutarco Elías Calles, a construirse su propio panegírico en la construcción de México, reivindicar a sus líderes y militantes como hijos de la escuela pública y a recordar que desde sus siglas se abrieron las elites del país y se renovó la composición de la clase gobernante.

Pero no fue sólo eso. Paredes buscó contener ambiciones y limitar la celebración de triunfos anticipados. No es época de arribismo electoral ni de condicionar permanencia tricolor a cambio de postulaciones –reclamó–, porque muchos de los que estamos aquí sólo le debemos gratitud a nuestro partido. Fue generoso en la etapa en que redistribuyó el poder.

Aunque insistió en definir al PRI de hoy como un partido unido, moderno, adscrito a la gran corriente socialdemócrata mundial y que –así lo dijo– alienta la participación de jóvenes en las candidaturas, aseguró que en el tricolor se ha desterrado el culto a la personalidad.

Con la ausencia del mandatario de Oaxaca, Ulises Ruiz, y la marcada demora de algunos otros, Beatriz Paredes rompió lanzas por el federalismo que en los hechos se ha traducido en una creciente influencia y poder de las autoridades locales: Pretender que la existencia de gobernadores fuertes debilita al desarrollo democrático es una interpretación incorrecta y simplista.

La escuchaban los ex presidentes del tricolor que mantienen ahí su sempiterna militancia: Ignacio Pichardo Pagaza, Dulce María Sauri, Gustavo Carvajal, José Antonio González Fernández, Mariano Palacios, Fernando Ortiz Arana, Pedro Ojeda Paullada, Humberto Roque Villanueva, María de los Ángeles Moreno, Humberto Lugo Gil y Adolfo Lugo Verduzco. Ausentes, Porfirio Muñoz Ledo, obviamente, y Roberto Madrazo, quién sabe por qué. Pero también, viejos, muy viejos priístas como Ramón Aguirre, Augusto Gómez Villanueva, Manuel Bartlett, por citar algunos.

Pero los más asediados, tanto por quienes buscan colarse a las listas plurinominales como por entusiastas militantes queretanos y michoacanos que hasta acá vinieron a dar, fueron los líderes en el Congreso. El tradicional café Mariposa fue invadido por aquellos que –nada desinteresadamente– fueron a ver de cerca a Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, César Duarte, Francisco Labastida, Jesús Murillo Karam y otros que hoy pesan en el PRI.

De las declaraciones de banqueta resaltan muy pocas: Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, admitió que su partido no ha sabido ser oposición y el PAN no ha sabido ser gobierno. Cruz López, líder de la Confederación Nacional Campesina, fue más lejos: los diputados campesinos del PRI serán en promedio cinco años menores que los actuales.