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Israel usa escudos humanos

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e continente a continente y de una a otra orilla del espectro ideológico, los gobernantes son asombrosamente parecidos unos a otros y suelen compartir, entre otras, la manía de creer que ellos y el país que (des) gobiernan son una y la misma cosa. Por eso la mafia estalinista llamó antisoviéticos a sus opositores; por eso los políticos gringos tipificaron el delito de actividades antiestadunidenses para perseguir a los disidentes; por eso la gerontocracia de La Habana califica de anticubanos a quienes critican a los hermanos Castro; por eso Felipe Calderón dice que la delincuencia amenaza a los mexicanos, como si los delincuentes fueran noruegos, japoneses o nativos de Tau de la Ballena. Los mandamases israelíes han ido más allá y han fabricado un discurso de alta eficacia para contrarrestar a quienes los señalan por asesinos y genocidas: quienes obran de esta forma son judeofóbicos. La acusación es de alto calibre (porque remite en automático a los nazis y su horrendo empeño de exterminar a los judíos de Europa) y ha acobardado a muchas buenas conciencias que temen a la posibilidad de manchar su imagen pública con una salpicadura de incorrección política o que, por la razón que sea, han decidido actuar en sintonía con la embajada israelí más próxima a su corazón. Es un intento por emplear a los judíos del mundo como escudos humanos: Si criticas a las autoridades de Tel Aviv tendrás parte de la culpa por el próximo pogromo.

El asunto es delicado, porque en 2009 el antisemitismo aún recorre el mundo y no es un fantasma: en Europa occidental algunos grupos perpetran de cuando en cuando actos de vandalismo contra templos y cementerios hebreos, y en amplios sectores de las sociedades preponderantemente cristianas (católicas o no) persisten arraigados prejuicios contra quienes se consideran descendientes de alguna de las Doce Tribus. Una fobia distinta es la que prolifera en países mayoritariamente islámicos, en los que la justificada indignación por las atrocidades de Tel Aviv contra los palestinos deriva en un repudio irracional y condenable a todo lo judío.

Por supuesto, el anhelo de impunidad del régimen de Tel Aviv y su pretensión de no ser tocado ni con el pétalo de una crítica cada vez que asesina árabes en masa (en Líbano o en tierras palestinas) son factores que alimentan, esos sí, la judeofobia corriente. Porque con el empecinamiento en acallar, o cuando menos, descalificar, las condenas al gobierno israelí por sus prácticas genocidas, no faltarán los despistados que piensen que son los judíos en general, y no quienes gobiernan el Estado hebreo, los interesados en obtener una patente de corso para delinquir sin ser molestados: con los falaces y tramposos argumentos de la judeofobia puestos en circulación por el oficialismo israelí, bien podría descubrirse un vago tufo antijudío en la actuación de un juez que sentencie a un judío convicto de violación o robo.

Por supuesto, este rollo se refiere a la discusión generada por la reciente incursión criminal de las fuerzas armadas de Israel en Gaza, y en esa polémica ha desempeñado un papel preponderante otro argumento exculpador acuñado por los propagandistas de Tel Aviv: que la más reciente masacre de civiles en la franja fue culpa de Hamas por emplear a inocentes --menores de edad, muchos de ellos--, como escudos humanos. Pretende la postura oficialista de Israel, reproducida hasta por opinadores con fama de éticos y de lúcidos, que el blanco del ataque no fueron los no combatientes sino las instalaciones militares con cubierta civil de un grupo terrorista.

La afirmación es cuestionable, en primer lugar porque en Gaza no existen instalaciones propiamente militares, salvo las que Israel implanta para sus propias fuerzas. Hamas, que detenta algo de poder en la franja, no es un ejército ni tiene un ejército; de hecho, lo difícil es determinar quién es civil y quién no en un territorio bajo el control de una organización calificada de terrorista y que no sólo promueve ataques suicidas y lanzamientos de misiles caseros contra Israel sino que también está a cargo de escuelas, hospitales, plantas de electricidad, imprentas y centros de distribución de abastos. Para complicar más la situación, debe considerarse que los combatientes de Hamas operan en la zona más apretujada del mundo (cuatro mil 167 habitantes por kilómetro cuadrado, la cárcel más grande del planeta, con un millón y medio de reclusos) y que allí no hay espacio para definir campos de batalla. Una página web animada por el chovinismo israelí más puro y duro (malas-noticias.com.ar) publicó hace no mucho unas fotos que prueban el recurso a los escudos humanos por parte de Hamas. Puede ser, pero lo que yo vi en ellas –juzgue cada quien– es a civiles mayoritariamente niños que se agazapan detrás de combatientes que intentan protegerlos (sí, casi siempre sin éxito) de los aplastantes ataques aéreos y artilleros de las fuerzas hostiles. Hay al menos un episodio (El País, 19/11/2006) en el que la población civil de la franja se ha movilizado en forma voluntaria para proteger la casa de un presunto miliciano de un bombardeo de retaliación, y existen numerosos videos (www.youtube.com/watch?v=SQyIKyd2gqA&e) en los que puede verse a niños y adultos árabes que, con el propósito de proteger a los suyos, se plantan frente a los soldados agresores.

En una entrevista con la BBC, el representante de Hamas Ahmed Yousef negó la acusación: Los palestinos nunca utilizarían a otros palestinos como escudos humanos. Fueron los israelíes los que detuvieron a gente que pusieron frente a los tanques como escudos humanos.

Créanle o no, pero es un hecho demostrado que desde hace mucho tiempo los militares israelíes han recurrido al uso de palestinos como escudos humanos. Desde cuando menos 2002 hasta 2005 estuvo vigente una ordenanza castrense que permitía a los efectivos de Tel Aviv servirse de palestinos inermes como parapeto en circunstancias peligrosas. Varios organismos de derechos humanos denunciaron la normativa y ésta fue anulada por la Corte Suprema de Tel Aviv tras la difusión de un video en el que se veía a un niño palestino que fue amarrado al cofre de un vehículo blindado de Israel para disuadir a los otros menores que le arrojaban piedras, y de ello hay una foto, reproducida aquí abajo. Después de ese fallo, sin embargo, las fuerzas armadas de Israel han seguido empleando palestinos como escudos humanos. Por ejemplo (no es el único caso), en julio de 2006, en una incursión contra la localidad palestina de Beit Hanun, Hazem Ali y sus hermanos, habitantes de la población, fueron esposados y vendados por los atacantes y colocados como parapeto en un intercambio de fuego.

Amnistía Internacional afirmó, en un comunicado de enero pasado, que tanto los atacantes como los defensores en Gaza se protegían colocando población civil a su alrededor. Los soldados israelíes han entrado y tomado posiciones en varias viviendas palestinas, obligando a las familias a quedarse en una habitación del primer piso mientras utilizan el resto de la casa como base militar y posición para francotiradores, señalaba el informe. Y agregaba: El ejército israelí sabe muy bien que los combatientes palestinos suelen abandonar la zona después de haber disparado y que en la mayoría de los casos los ataques en represalia contra estas viviendas causarán daños a civiles, no a combatientes.

Qué contraste con los falsificadores de la verdad; uno de los entrañables firmantes de la iniciativa Adopta a un niño muerto comunicó al resto: Hace tiempo que no me sentía orgulloso de ser judío.