Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 14 de mayo de 2006 Num: 584


Portada
Presentación
La rebelión estudiantil de 1918 en Córdoba, Argentina
RAQUEL TIBOL
Autorretrato con gorra de terciopelo
AVIGDOR ARIKHA
Rembrandt y la sombra de las Pirámides
RICARDO BADA
Rembrandt y el cuerpo
JOHN BERGER
Rembrandt en su propia existencia
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ
El humor en la pintura
RICARDO GUZMÁN WOLFFER
Entrevista con ARTURO RIVERA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO
Bazar de asombro

Columnas:
Ana García Bergua

Javier Sicilia

Naief Yehya

Luis Tovar

Germaine Gómez Haro
Jorge Moch

(h)ojeadas:
Reseña de Jorge Moch sobre Cuerpo náufrago

Reseña de Alberto Chimal sobre Reportaje al pie de la horca


Directorio
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HUGO GUTIÉRREZ VEGA

DIEZ RAZONES PARA ADMIRAR A BENITO JUÁREZ

1. Creía que la "respetabilidad del gobernante le venía de la ley y de un recto proceder". Por eso vivió con verdadera austeridad republicana.

2. Por haber modernizado a un país que vivía la dictadura de las mitras, los espadones y los condotieros. Restaurada la República, se consolidaron las instituciones, se estableció la división de poderes y se intentó, con resultados variables, que el país viviera en paz, bajo el amparo del federalismo.

3. Por haber secularizado la vida civil, limitado el enorme poder de la Iglesia católica y hacer que la República tomará el ritmo de los nuevos tiempos.

4. Por haber hecho una realidad el sistema democrático, a pesar de la cerrada oposición de las clases privilegiadas y, de manera muy especial, del poderoso grupo de presión eclesiástico.

5. Porque al consolidar la separación entre la Iglesia y el Estado, logró, como afirma Monsiváis, que ambas instancias cumplieran su deber material y espiritual. Con mucha razón, Manuel Gómez Morín decía que el Estado laico era conveniente para que la Iglesia mayoritaria y las otras Iglesias cumplieran su función espiritual y evitaran la tentación, demasiado frecuente, de intervenir en los terrenos del César.

6. Por haber sido víctima del odio reconcentrado de la caterva reaccionaria. Se contaba que el santo obispo de León había visto caer un alma a los apretados infiernos el día en que murió Benito Juárez, el presidente laico de la República que, con frecuencia, cruzaba la gran plancha del zócalo para ir a la catedral.

7. Por haber despertado el entusiasmo de Víctor Hugo y de Unamuno por su labor civilizadora y por el radicalismo inteligente de su pensamiento liberal y libertario. Su lucha contra la intervención del ejército mejor adiestrado del mundo y sus aliados locales, sus largas jornadas por selvas y desiertos llevando entre las manos la legitimidad de la República. Su carácter férreo que le permitió no darse por vencido ante el ataque de la clerigaya y del conservadurismo unidos en la farsa trágica del imperio sostenido por el apoyo militar de Napoleón el pequeño.

8. Por su formidable respuesta a la carta de Maximiliano: "Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de los bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud, pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia." Ahora, pasados tantos tiempos y presentes tantos polvos de aquellos lodos, Juárez sigue teniendo la razón histórica y la República laica sigue viendo la mejor forma de convivencia pacífica y civilizada.

9. Por seguir ganando su batalla cultural ante los actuales Gutiérrez Estradas, Almontes, Miramones y Mejías, léase Abascales, Calderones, Derbeces, Foxes y Espinos, con la serenidad propia de su raza hecha de paciencia y de constancia.

10. Porque, después de tanto tiempo y de tantos avatares civiles, todavía estudiamos su pensamiento y damos distintas interpretaciones a sus teorías sociopolíticas. Por esta razón su legado vive y es un capitel. Nunca una lápida llena de frases famosas. Sobre ese capitel puede ser reconstruida la República y puede humanizarse la vida política.

Y por lo que dice Carlos Pellicer:

Sobria de barro indígena la verdad de tu vida
Tuvo niñez de espigas y maduró en maíz.
Ganaste tu destino por la oveja perdida
y les diste a los árboles una nueva raíz.

Yo vivo junto a un lago tu pobreza zurcida
y la mano del día que te dio su barniz.
La justicia en tus labios sus torres consolida
y tu solemnidad tiene un aire feliz.

Eres el Presidente vitalicio, a pesar de tanta noche lúgubre.
La República es mar
navegable y sereno
si el tiempo te consulta.
Y si una flor silvestre puedo dejarte ahora
es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta
tu fe le dará cantos para esperar la aurora.

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