.
Primera y Contraportada
Editorial
Opinión
El Correo Ilustrado
Política
Economía
Mundo
Estados
Capital
Sociedad y Justicia
Cultura
Espectáculos
Deportes
Fotografía
Cartones
CineGuía
Suplementos
Perfiles
La Jornada en tu PALM
La Jornada sin Fronteras
La Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
La Jornada Michoacán
Librería
Correo electrónico
Búsquedas
Suscripciones
Obituario

P O L I T I C A
..

México D.F. Martes 2 de noviembre de 2004

José Blanco

Gabiana

Todo comenzó por un "trascendido" que llegó a la redacción a la mesa de trabajo de Josetxo. Ahí estaba el sobre blanco, dirigido a nadie. Había que estar al tanto de la preparación del budget, y después revisarlo, discutirlo, seleccionar la princesa (así se llama en La Jornada la cabeza principal) y echar a andar el número siguiente en las oficinas de la dirección, afán de cada día.

Pasado el momento de mayor tensión Zaldúa regresó a su lugar de trabajo y con algún desgano abrió el sobre blanco. šOscua!, exclamó mientras corría a dar alcance a Carmen. La sorpresa no les cabía en el pecho. Había que iniciar una investigación periodística de inmediato. La sagacidad de Gabo podía haber llegado más lejos que la jugada de la cual informaban los diarios: frente a la piratería colombiana, que se había adelantado dos semanas al lanzamiento de Memorias de mis putas tristes, García Márquez había trocado el desenlace de la novela, cambiando el último capítulo. Los piratas se habían quedado con un palmo de narices. Por supuesto, con lo que se decía en el breve pedazo de papel colocado en el sobre blanco, la investigación periodística se imponía. El lance de Gabo reseñado por los diarios parecía haberse quedado corto, muy corto. Que Arturo -un reportero de primera de la sección de cultura- se las arreglara como pudiera, pero que obtuviera la nota. El sigilo total y la discreción absoluta debían acompañar al trabajo de Arturo.

Nada fácil le resultó la tarea. Los videos estaban muy vistos y no era el caso de perforar los techos de la casa de Gabo. Pero estaban ya disponibles en el mercado estadunidense algunos adminículos apropiados, producto de la nanotecnología, que hubo de conseguir a través de mil vericuetos. El microgramophone -ensamblaje molecular- no era mayor que la quinta parte de un grano de arroz y podía ser arrojado por debajo de la puerta e igualmente absorbido con un minúsculo artilugio para recuperarlo. Pero era preciso que la hipótesis de Arturo funcionara: no era posible que Gabo guardara un secreto tan gozoso, indefinidamente. Había, pues, que esperar pacientemente la oportunidad de oro.

Sus intentos fueron frustráneos numerosas veces, pero la perseverancia terminó por rendir el fruto apetecido. Un día llegó en que Carlos y Epigmenio llegaron juntos a casa de Gabo, seguramente a invitación de él mismo. ƑPodía ser el día? Ese día fue.

Arturo llegó presuroso a su casa a oír lo que hubo de oír cien veces. El asunto resultaba de una imaginación como la de quien inventó el hielo. En medio de estruendosas carcajadas Gabo contó una hazaña o quizá un cuento. Tal vez nunca lo sabremos.

Gabo dijo haber imaginado su lance, y lo contó a sus amigos. Un día en Barranquilla reunió a los agentes necesarios: el lanzamiento del libro estaría a cargo de las editoriales Random House-Mondadori, Norma de la Comunidad Andina de Naciones, Diana de México y Suramericana de Argentina. Se tiraría un millón de ejemplares, pero se ahorrarían todo gasto publicitario. Se haría un tiraje previo de sólo 200 ejemplares, que se colocarían en el mercado pirata 15 días antes del lanzamiento "oficial". La obra, de 109 páginas, sería ofrecida en la calle por 4.70 dólares, frente a la edición "original" que tendría un costo de alrededor de 10 dólares en librerías.

La noticia de la venta pirata corrió como lava por los medios del mundo y después Gabo dejaría colgados de la brocha a los piratas. La jugada de Gabo atraería a sus lectores con rapidez aún mayor que en el pasado; y las cosas funcionaron como Gabo y sus editores lo planearon, nunca antes una novela se habían vendido a velocidad Guinness.

Arturo tenía la nota y la contó en la sección de cultura de La Jornada como una narración que le hiciera un excéntrico señor que se dijo viejo amigo colombiano de Gabo. Arturo no podía asegurar que fuera cierta la noticia, pero eso le había contado.

Gabo contó además que el destino le tenía preparada a él otra jugada, también a su favor. Estaba claro: pronto los muy numerosos lectores de García Márquez cayeron en la cuenta que las dos versiones de la novela tenían como autor al célebre Nobel. De modo que los que habían leído la de la portada blanca querían leer ahora la de la portada azul. Por supuesto, con 200 ejemplares en el mercado en su momento, sólo pudieron adquirirla unos cuantos. Los lectores de Gabo, por tanto, estaban dispuestos a pagar cualquier precio por conseguirla. El final de la novela de la portada azul había que conocerlo porque su autor también era García Márquez y valía tanto como el de la portada blanca. Pero Gabo no podía tolerar la especulación con la de portada azul, que alcanzaba en el mercado varios cientos de dólares. De modo que llegó a un nuevo acuerdo con el conjunto de sus editores: realizar un tiraje también de un millón de ejemplares con la de portada azul, al precio en que se vendía la novela de la portada blanca. Ahora los lectores de García Márquez tendrían dos versiones de una misma novela. Gabo no podía acallar tamaña ayuda de los piratas.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año
La Jornada
en tu palm

Av. Cuauhtémoc 1236 Col. Santa Cruz Atoyac
delegación Benito Juárez México D.F. C.P. 03310
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Coordinación de Publicidad
Tels: (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Exts: 4329, 4308, 4137 y 4104

Email
Coordinación de Sistemas
Teléfonos (55) 91 83 03 11 y 91 83 03 77

Email

  © Derechos Reservados 2003 DEMOS, Desarrollo de Medios, S.A. de C.V.
Todos los Derechos Reservados. Derechos de Autor 04-2003-08131804000-203.
Prohibida la reproducción total o parcial del contenido sin autorización expresa del titular.
El título y contenido se encuentran protegidos por la legislación de la materia en la República Mexicana.