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México D.F. Martes 2 de noviembre de 2004

Gonzalo Martínez Corbalá

El shock petrolero del siglo XX

El hecho histórico que se está dando en el mundo, acentuadamente después de la guerra contra Irak, se puede calificar como un "shock petrolero", pero si analizamos aunque sea superficialmente sus características geopolíticas, nos daremos cuenta de que no se trata de sólo un conjunto de sucesos de orden económico, que afectan el mercado internacional del petróleo y del gas, sino que en realidad se trata de todo un proceso histórico que abarca acontecimientos de toda índole, empezando por los conflictos bélicos que se desataron contra Afganistán y contra Irak, y luego de hechos generalmente violentos, como es el caso de lo sucedido en Venezuela -país miembro de la OPEP- y muy recientemente en Nigeria, donde un líder de la milicia local, Dokubo Asari, puso en jaque al gobierno nigeriano y a los 2.5 millones de barriles/día de petróleo de la mejor calidad, cuya producción se interrumpió durante algunos días de manera que, aunque únicamente se sacaron del mercado unos 30 mil barriles, éstos se sumaron a los 490 mil que se quedaron en el subsuelo, a consecuencia del huracán Iván en el Golfo de México, en las costas de Florida y de Luisiana, y todo en su conjunto puso fuera del mercado unos 14 millones de barriles de combustible fósil de la mejor calidad (Luisiana Sweet) y aproximadamente unos 60 mil millones de pies cúbicos de gas, que se perdieron en números redondos en total.

Se han combinado una serie de acontecimientos -algunos de ellos terroristas y otros lisa y llanamente bélicos-, que en su conjunto se han prestado para que se alcance el precio más alto del petróleo en la historia del mercado internacional -arriba de los 50 dólares-, con los cuales se hubiera puesto a pensar a todos los CEO (chief executive officers), directivos de las megaempresas petroleras de todo el mundo, y junto con ellos a los gobernantes de los países productores exportadores, y de los que son importadores netos también, muy señaladamente a los de los Estados Unidos, dicho así en plural, porque en ese país están a punto de decidir -a unas horas de hecho- quién los va a gobernar durante los próximos cuatro años. El shock del mercado, más la combinación del tiempo tormentoso y los acontecimientos en Nigeria, todo se conjugó para producir un momentáneo quiebre de la estabilidad de la relación demanda-producción, y luego ha entrado en resonancia con otros factores que están prolongando las consecuencias de esta situación, como es, por ejemplo, que la franja que daba a Arabia Saudita una holgura -de por lo menos millón y medio de barriles diarios- sobre los que se echaron para producir por lo menos un millón adicional, supuestamente para bajar los precios del mercado, al desaparecer esta franja de capacidad productiva ociosa, esto fue lo que desencadenó los precios hasta los niveles arriba de los 50 dólares en los que se encuentran actualmente, de los que difícilmente van a bajar, para regocijo de los dueños de las megaempresas, pero para preocupación de todo el gran mundo de la economía mundial -y de los gobernantes- que teme se presente el nocivo efecto en la llamada stagnation (estacionamiento, o sea la combinación de la inflación con la contracción o deflación de los precios) Complejo Ƒno?

A nosotros los mexicanos, por un lado, nos benefician los altos precios del mercado de exportación, pero por el otro nos sacamos el dinero de una bolsa para meterlo en la otra, con la elevación de los precios de la gasolina y del gas que importamos por la frontera norte. Aunque los gobernadores están esperando ansiosamente el momento en que la Secretaría de Hacienda les reparta el saldo favorable que nos deja la factura de exportación.

Los shocks anteriores, como el de 1973-74, cuando la guerra Irán-Irak, que se produjo el embargo árabe, y el de la caída del sha de Irán en 1978-80, y cuando se dio la primera guerra del Golfo en 1990-91, se trataron de problemas en el abastecimiento, que en esta ocasión hasta ahora no se han dado, sino que ha habido suficiente producción de energéticos -petróleo y gas- para abastecer la demanda, salvo los momentos que se desencadenaron los huracanes en el Golfo de México, que arrasaron con extensas áreas de Florida y de Luisiana, así como interrumpieron el tránsito marítimo en varias rutas por las que lo navegan los grandes cargueros petroleros. En este caso no hay escasez de producción; por el contrario, hay una moderada sobreproducción que, por cierto, no ha tenido ningún efecto relajante sobre las tensiones que producen los altos precios del mercado, y que no dan señales ciertas de bajar a plazo corto.

Las megaempresas petroleras están cambiando tan rápidamente como pueden su política general de exploración y de reposición de reservas, cambiando sus estrategias de ingeniería por los grandes movimientos financieros, y se apuntan hacia el año 2025, tomando como un hecho que difícilmente habrá energías alternativas para antes de esas fechas. Están explorando y trabajando a toda prisa en la perforación a grandes profundidades, en el Golfo de México norte y en Rusia (la ex Unión Soviética y en el mar Caspio). Y sobre todas las cosas, están trabajando febrilmente, en los depósitos de gas natural. En Qatar, donde una sola empresa está invirtiendo 60 mil millones de dólares. Y están construyendo gasoductos para traer el combustible a través de Turquía hacia Europa, y de Rusia hasta Turkmenistán, llevarán 1.3 trillones de pies cúbicos de gas, como llegarán también por la isla de Sakhalín petróleo y gas, en cinco años, a Japón y aún posiblemente hasta Estados Unidos.

En pocas palabras, el mundo del petróleo y del gas -de los energéticos- por la combinación de causas múltiples y de muy diversa naturaleza, ya cambió, y parece que todo el mundo se apresta a hacerle frente a una rápida y compleja transformación de políticas y estrategias. Esperamos que esta vez no nos deje, a nosotros los mexicanos, en el andén de la estación el poderoso tren del progreso que se está moviendo ya por todo el mundo, cargado ya de petróleo y de gas natural, como el que tenemos en las grandes profundidades del Golfo de México y en la región continental.

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