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México D.F. Miércoles 22 de septiembre de 2004

Ana María Aragonés

Muy malas noticias para el mundo y los migrantes

La terrible tragedia ocurrida en una escuela de Osetia del Norte, en la que perdieron la vida más de 300 personas, niños y niñas en su mayoría, ha sido uno de los acontecimientos más desgarradores e inaceptables de los últimos tiempos, sobre todo por el sufrimiento infligido a tan enorme cantidad de infantes. El presidente Putin ha señalado que "se trata de una intervención directa del terror internacional contra Rusia... un desafío al país entero" y prometió tomar medidas para reforzar la seguridad de Rusia (La Jornada, 5/9/04). Se vuelve a enfatizar el "terrorismo mundial" y se soslaya con ello la urgente necesidad de atender los problemas de las poblaciones que exigen independencia. Se opta por la estrategia de atacarlos con mayor represión y sangre, lo cual sólo incrementará la espiral del horror.

Por su parte, Estados Unidos, con el discurso de George W. Bush en la convención republicana, sigue incrementando la llama del papel mesiánico que, según él, juega como "garante de la libertad y la democracia en el mundo", para lo cual se han triplicado los gastos de defensa al tiempo que se incrementa la llamada seguridad nacional en el interior del país y en sus fronteras. Según Bush, el mundo es ahora más seguro, pero el presidente está ciego ante una realidad que muestra exaxtamente lo contrario.

La verdad es que los focos rojos en el mundo se han ido multiplicando como nunca en la historia, y esto como resultado de la estrategia utilizada por los países poderosos que están muy lejos de la urgente necesidad de construir un nuevo orden mundial basado en el entendimiento, el respeto a las nacionalidades y a los intereses de las mayorías. Por el contrario, lo que estamos viviendo es la avaricia de un puñado de países que pretenden dominar al mundo, y de las ricas trasnacionales que hacen extraordinarios negocios con la trágica situación mundial. Al terrorismo mundial no se le puede parar con más terrorismo; es una carrera perdida y, si se continúa por este camino, lo único que nos espera es un incremento de las terribles patologías que esta situación está creando.

Los migrantes también están sufriendo la consecuencia de este mundo convulsionado, de forma muy especial aquellos que se mueven a través de la frontera con Estados Unidos. No es extraño, pues, que a consecuencia de haber incrementado la presión en aras de una supuesta "seguridad nacional", aumentaran las muertes de migrantes de manera por demás dramática y absolutamente inaceptable. Esta situación se inició con la puesta en marcha de la ley 96, que empezó a reforzar los pasos tradicionales fronterizos aumentando los efectivos de la Patrulla Fronteriza, la cual ha obligado a los migrantes a pasar por lugares totalmente inhóspitos y peligrosos.

Pero lo que preocupa es que del primero de octubre de 2003 al 25 de agosto pasado murieron 275 indocumentados a lo largo de los 2 mil kilómetros de frontera que comparten México y Estados Unidos, de acuerdo con informes de la propia Patrulla Fronteriza. Esta cifra supone un incremento de casi 50 por ciento en comparación con las cifras registradas al periodo correspondiente a 2003 (La Jornada, 5/9/04).

No hay duda de que estos terribles resultados tienen que ver con la estrategia de "seguridad nacional" implementada por Estados Unidos. Y no se le ha ocurrido mejor solución que tratar de parar a estos migrantes con balas de goma y pimienta, es decir, una estrategia por demás inhumana y sin posibilidad de éxito, pero apoyada por el gobierno de México.

Los migrantes siguen enviando sus remesas, las que siguen creciendo porque cada vez hay más trabajadores que van al país vecino, no sólo ante las dificultades para emplearse de manera digna en el país, sino porque en Estados Unidos faltan contingentes que lleven a cabo una serie de trabajos. Se les paga poco y se obtiene mucho de ellos, pues los programas sociales a los que deberían tener derecho por tratarse de personas pobres se les redujeron de manera drástica después de la aplicación de la ley de 1996.

Y las patologías producto de una situación tan injusta se siguen incrementando, como es el tremendo lucro de coyotes y polleros que, según un reporte del Departamento de Justicia de Arizona, obtienen ganancias por 320 millones de dólares anuales por traficar con personas (La Jornada, 3/9/04).

No es suficiente pretender acabar con estos delincuentes poniendo en marcha una nueva ley que les confisque bienes materiales y dinero, si al mismo tiempo los gobierno no aceptan que para terminar con los polleros y con las terribles muertes en la frontera hay que plantearse un nuevo esquema de relaciones bilaterales, basado en la aceptación de las necesidades que los dos países comparten, pues, como ha quedado claro a los largo de esta historia de dolor y drama, los migrantes aportan soluciones para los problemas de ambos países.

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