.
Primera y Contraportada
Editorial
Opinión
El Correo Ilustrado
Política
Economía
Mundo
Estados
Migración
Capital
Sociedad y Justicia
Cultura
Espectáculos
Deportes
Fotografía
Cartones
CineGuía
Suplementos
Perfiles
La Jornada en tu PALM
La Jornada sin Fronteras
La Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
Librería
Correo electrónico
Búsquedas
Suscripciones
Obituario   - NUEVO -

M U N D O
..

México D.F. Sábado 26 de junio de 2004

James Petras

La casa de los horrores: tortura y genocidio

Cuando futuros historiadores escriban la historia del imperio estadunidense pondrán énfasis en el proceso de construcción imperial, en los métodos de dominio, en los principales ideólogos y en la forma en que en cierto momento y lugar un Estado pequeño y dependiente, Israel, fue capaz de conformar la política de guerra de Washington para satisfacer sus necesidades.

Construcción imperial

La violencia militar, directa y por medio de subrogados, fue crucial para la expansión y consolidación del imperio en Centro, Sudamérica y el Caribe: de 1964 a 1990, regímenes militares subrogados y fuerzas militares tomaron el poder, con apoyo de Washington, en Argentina, Brasil, Perú, Chile, Uruguay, Bolivia y República Dominicana, y más tarde en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá. Más de 500 mil personas fueron masacradas para imponer el sistema de acumulación centrado en el imperio (más tarde llamado "neoimperialismo").

La estrategia imperial de invasión e intervención estableció los parámetros para una consolidación a largo plazo: un sistema económico "abierto" a la penetración y control imperial ("economías de libre mercado") y un aparato del Estado (judicial, militar, banco central, etcétera) capaz de profundizar y consolidar la economía centrada en el mercado. En forma subsecuente, los políticos electorales domesticados aceptaron los parámetros imperiales y Washington estimuló la competencia política. En el caso de México, el fraude electoral aseguró la elección del "presidente" Salinas en 1988, quien procedió a "integrar" a México al imperio estadunidense por medio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Un proceso similar ocurrió en Africa. Entre 1970 y los 90, la intervención militar masiva de Washington y su apoyo a mercenarios subrogados ayudados por su aliado estratégico, Sudáfrica, mató a millones en Angola, Mozambique, Guinea Bissau y Congo, destruyó la base económica y política para el desarrollo y estableció regímenes clientes. Esos países ricos en petróleo y minerales fueron incorporados al imperio. En el caso de Sudáfrica, la dirigencia del Congreso Nacional Africano fue coaccionada y después cooptada, y se volvió parte integral del sistema imperial euroestadunidense. Procesos similares tuvieron lugar en Asia, donde las guerras imperiales fueron seguidas por "aperturas" que extendieron el dominio imperial por toda la región... al costo de más de 7 millones de muertos coreanos, indochinos, filipinos, indonesios y timoreses.

Entre los 90 y el presente, el imperio estadunidense se expandió hacia los Balcanes, Europa occidental, los países bálticos, Asia central y el Cáucaso mediante una agresiva intervención ideológica, auxiliado por la corrupción profundamente arraigada en los partidos comunistas dominantes en esos países. Medio Oriente, el sureste de Asia y los Balcanes vinieron en seguida, en parte porque son importantes para explotar recursos petroleros, construir oleoductos y bases militares. Yugoslavia, Afganistán e Irak fueron invadidos. Se establecieron regímenes satélites en Kosovo, Macedonia y Serbia. Un régimen títere impera en Kabul en alianza con señores de la guerra mercenarios, subsidiados con dinero del opio. Irak fue invadido, ocupado y gobernado por un procónsul estadunidense. El imperio de Washington fue construido con guerras, usando propias fuerzas militares, mercenarios subrogados y fuerzas paramilitares.

Consolidación imperial

Para sostener el poder en vista de la resistencia de masas al imperio, Estados Unidos ha violado en repetidas ocasiones todas las leyes y convenciones internacionales: tortura de prisioneros, asesinato masivo de civiles, destrucción de infraestructura y sitios históricos, pillaje de recursos naturales y establecimiento de un Estado colonial clientelar y de una economía centrada en el imperio.

La conquista de Irak es el ejemplo más reciente de construcción imperial con peculiaridades propias. El rasgo más saliente de la conquista de Irak es la exposición que hace de los métodos brutales del dominio imperial.

Todos hemos leído y visto fotos de tortura sistemática y en gran escala de miles de ciudadanos iraquíes sospechosos de ser luchadores por la libertad. La tortura ha sido la principal fuente de "información" para apuntalar el dominio colonial. El modelo de dominio mediante la tortura masiva y la violencia sexual está influido fuertemente por la experiencia israelí, en la cual cerca de la mitad de la población masculina adulta palestina ha sido encarcelada y sujeta a tortura "legalizada".

No se trata de una coincidencia circunstancial. Entre los principales ideólogos defensores de la tortura están los más prestigiados académicos y estrategas políticos sionistas en Estados Unidos: Alan Dershowitz, profesor de derecho en Harvard; Bernard Lewis, catedrático en Princeton; William Kristol; Robert Kagan, académico de Yale; Eliot Cohen, de la Universidad Johns Hopkins, por nombrar sólo algunos de los ideólogos totalitarios que defienden el terror israelí y la fuerza imperial estadunidense.

La tortura masiva sistemática en Irak fue la primera, pero no la más importante revelación del dominio imperial. Dentro del Pentágono los líderes principales, Rumsfeld, Wolfowitz y Feith, ordenaron específicamente el uso de la tortura mientras los departamentos de Justicia y de la Defensa insistieron en que el presidente podía pasar sobre cualquier ley nacional, internacional o la misma Constitución estadunidense en su defensa del imperio. En otras palabras, la tortura se vio como facultad especial presidencial, más allá de cualquier restricción legal o legislativa. Gobernar un imperio no conoce limitación jurídica alguna. Los poderes dictatoriales de facto y de jure del presidente se dan por sentados para garantizar la "seguridad imperial".

La tercera revelación resultante de la exposición de la tortura mostró a un imperio que opera con una red altamente organizada de asesinos de alcance mundial, que mata, secuestra y tortura a "sospechosos" y simpatizantes de movimientos de resistencia. "Asesinato SA" se llama el Programa de Agencias Especiales (SAP, por sus siglas en inglés), compuesto por las fuerzas especiales del ejército, los Seals de la Armada y la fuerza Delta, todos ellos cuerpos altamente adiestrados.

El SAP viola la soberanía de todos los países, se involucra en actos de la más alta criminalidad, inclusive frecuentes asesinatos extrajudiciales de sospechosos de "terrorismo" o simpatizantes. Su modelo es la política del Mossad de "asesinatos selectivos". A medida que el imperio se expande y la resistencia antimperialista crece en todo el mundo, el SAP actúa como escuadrón internacional de la muerte en la red de terror del imperio estadunidense.

Ideólogos del terror imperial/colonial

La destrucción de la existencia histórica de Irak como nación soberana, el pillaje de sus museos arqueológicos y sitios históricos, bibliotecas y archivos, las incursiones violentas en santuarios, la humillación de su pueblo por medio de la tortura, el castigo colectivo y la violencia sexual tienen el propósito de destruir la identidad de Irak como nación árabe. Se pretenden crear miniestados basados en tribus, religión y etnicidad: dividir para imperar. El modelo es la política israelí hacia los palestinos. La práctica de humillación sexual de palestinos (y libaneses) ha sido rutinaria de Tel Aviv (violar, desnudar y encapuchar a prisioneros).

El castigo colectivo y la toma de familiares en rehenes es una práctica legalmente condonada y extensamente aplicada en Israel. Las recientes invasiones de Rafah y Jenin demuestran los extremos de salvajismo e inhumanidad coloniales. Los israelíes niegan a los palestinos su pasado como nación, su tierra como lugar para vivir y su derecho a gobernarse a sí mismos. Lo mismo hacen los gobernantes imperiales estadunidenses en Irak. Trabajan constantemente para crear un conflicto étnico, negar la existencia de la nación iraquí, de su pueblo y de su historia.

Estados Unidos, como Israel, ha robado tierra y recursos y construido fortalezas y murallas de segregación. Un grupo de académicos sionistas extremistas ha contribuido a la negación totalitaria de la cultura árabe, encabezado por el virulento Bernard Lewis (véase From Babel to Dragomans). En fecha reciente, Martin Wolf, del Financial Times, justificó las guerras imperiales en el mundo rechazando la soberanía nacional y defendiendo la conquista de "estados fallidos" por Estados Unidos, Europa e Israel (Financial Times, 9/6/04, p.5).

Conclusión

Nosotros, en Estados Unidos, vivimos en una casa de los horrores, en la que la construcción imperial mediante la tortura y el asesinato es política ejecutiva, y en la que la aprobación de la tortura de la Casa Blanca es expuesta en los medios pero sigue siendo práctica del Estado. Los promotores y publicistas de la casa de los horrores en los medios masivos cuentan con nuestra corta memoria: alaban a Ronald Reagan, cuya infame presidencia marcó una década de genocidios contra los indios mayas de Guatemala (300 mil), Nicaragua (50 mil), El Salvador (75 mil) y Honduras (varios miles).

Fue Reagan quien públicamente defendió al general Ríos Montt, el carnicero de Guatemala, de las críticas por abusos contra los derechos humanos ("Se las está viendo duras") y quien elogió a los carniceros de la sociedad secular de Afganistán como "el equivalente moral de nuestros padres fundadores". La Casa Blanca, el Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA, cada uno, a su vez, tiene su propio "espectáculo lateral" de horrores: las descaradas mentiras de Colin Powell en Naciones Unidas sobre armas de destrucción masiva, el Pentágono promoviendo la tortura, la CIA perpetrando asesinatos.

La continuidad de la tortura y el asesinato masivo, desde el régimen de Reagan hasta el actual de Bush, no sólo se debe a muchos de los mismos criminales políticos (Wolfowitz, Abrams, Cheney y Rumsfeld), sino a la política de conquista imperial, destrucción y exterminio. La casa de los horrores no sólo reproduce los pasados escenarios por los mismos intereses ideológicos y políticos: el espectáculo de horror de hoy tiene mucho del mismo elenco, pero con diferentes directores y productores.

En Centroamérica y el sur de Africa, fanáticos y anticomunistas estaban al mando. Hoy son los militaristas sionistas extremistas del Pentágono los que dirigen el espectáculo del horror en Irak. A diferencia de los combatientes de la guerra fría de Reagan, hoy tenemos prestigiados profesores que ofrecen la justificación del terrorismo de Estado irrestricto. Más que nunca en la historia reciente de Estados Unidos, existe una larga lista de distinguidos académicos que se alinean para defender la casa de los horrores, las prisiones de tortura, los seminarios sobre deshumanización de los árabes. Estos prestigiados catedráticos convierten a millones de víctimas en terroristas para mejor justificar la brutalización. Todos son partidarios incondicionales de Israel, de su política paranoica, de su tortura vuelta rutina, sus amenazas nucleares a la humanidad, sus salvajes asaltos contra palestinos. Tienen constantes apariciones en todos los medios masivos, esparciendo su veneno ideológico: Perle, Abrams, Wolfowitz, Stern, Dershowitz, Cohen, Kagan, Kristol, Rubin, Adelman, Lewis, Pollock y muchos más. Su lealtad primordial es hacia unir el imperialismo de Washington y el colonialismo de Tel Aviv en una sola y maravillosa casa de los horrores, bajo la gran tienda de campaña de una "iniciativa de reforma democrática de Medio Oriente".

Es patente la influencia sionista en las políticas criminales de Washington hacia Medio Oriente en favor de Israel. Debemos recordar, sin embargo, que la casa de los horrores tiene una historia que precedió al ascenso sionista y que sin duda continuará después de que la influencia de éste haya declinado. El problema más profundo es la construcción del imperio -el imperialismo-, la cual provoca la resistencia popular a la cual el imperio responde con tortura y genocidio. Para poner fin a la tortura y derrotar a las potencias coloniales en el mundo, debemos confrontar con decisión a quienes los apoyan y a sus ideólogos en el país, sean cuales fueren sus afiliaciones étnicas o religiosas. No debemos dejar que su fanatismo ideológico y su agresión nos silencien y nos impidan congregar a una creciente mayoría de estadunidenses que se oponen a la guerra y al terror sionista.

Traducción: Jorge Anaya

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año
La Jornada
en tu palm
La Jornada
Coordinación de Sistemas
Av. Cuauhtémoc 1236
Col. Santa Cruz Atoyac
delegación Benito Juárez
México D.F. C.P. 03310
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Email
La Jornada
Coordinación de Publicidad
Av. Cuauhtémoc 1236 Col. Santa Cruz Atoyac
México D.F. C.P. 03310

Informes y Ventas:
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Extensiones 4329 y 4110
Email