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México D.F. Sábado 5 de junio de 2004

Leonardo García Tsao

Simplemente sangrona

Estos días la teoría del autor debe aplicarse con calzador. Antes era más fácil. Viejos caballitos de batalla de la teoría -Ford, Hawks, Hitchcock, et. al.- demostraban sus constantes en una carrera desarrollada a lo largo de décadas, que rendía obras maestras aún en sus postrimerías. En cambio, los cineastas actuales no parecen sostener el interés de su obra por más de una década. En menos tiempo de que se le dediquen libros monográficos, su filmografía ha sido atrapada por el agotamiento y la repetición rutinaria.

El caso de los hermanos Ethan y Joel Coen resulta ilustrativo. Los otrora revisionistas genéricos que alcanzaron pronto reconocimiento gracias a agudas reinvenciones como Simplemente sangre (1984) y Educando a Arizona (1987), se han conformado a últimas fechas con acudir al cine clásico como una fuente de pastiches mediocres. En El quinteto de la muerte, su más reciente creación -y la primera firmada por ambos hermanos en el rubro de dirección- han llegado al colmo del remake, el síntoma más claro del cansancio.

Los problemas son mayores cuando se trata de superar a un clásico. Dirigida en 1955 por Alexander Mackendrick, la versión original de El quinteto de la muerte es la quintaesencia del llamado estilo Ealing, la productora británica: una comedia de refinado humor negro, resuelta con elegancia y economía, apoyada en actuaciones de altos vuelos. Para empezar, la versión de los Coen no es refinada ni económica y está actuada en plan bufonesco por la mayoría del reparto.

El argumento es el mismo, en esencia: un dizque profesor renta un cuarto en la casa de una anciana solitaria, con el fin de reunir a sus compinches -bajo la apariencia de un grupo musical que ensaya- y llevar a cabo un robo. La casera se da cuenta de lo ocurrido y entonces los delincuentes intentarán asesinarla.

Lo modificado por los Coen son detalles que, en teoría, aumentarían el potencial humorístico: la acción se muda de Londres al sur estadunidense, lo que permite la habitual burla de la tontería sureña (e incluir números innecesarios de música gospel). Los miembros de la banda no son excéntricos algo torpes, sino débiles mentales en constante pleito interno; por lo tanto, el robo en sí, consistente en cavar un túnel para robar la caja fuerte de un casino, será ejecutado con abundante estupidez. Y, en el cambio más improcedente, la casera (Irma P. Hall) no es una frágil y dulce viejecita como la interpretada por Katie Johnson, sino una robusta anciana negra que desde su aparición se presenta como una antagonista de cuidado, lo cual desarma la ironía central de todo el asunto.

Aunque no tan consternante como la anterior El amor cuesta caro, El quinteto de la muerte es otro ejercicio en misantropía, a cargo de unos realizadores cada vez más desdeñosos con sus personajes, reducidos otra vez a una tosca caricatura. En el papel del profesor Goldthwaite Higginson Dorr (sí, esta es una comedia donde hasta los nombres quieren ser chistosos), Tom Hanks se disfraza como el coronel Sanders y ensaya manierismos vocales en una caracterización que no hubiera funcionado ni en un sketch del programa Saturday Night Live. Pero su trabajo es sutil al lado de sus alternantes.

La resolución formal tampoco es digna de quienes innovaron el dinamismo de la puesta en cámara. El running gag del cadáver arrojado desde la altura a una barcaza de basura no ofrece ninguna variante. Otros chistes visuales son peor de pobres (šese cuadro del marido muerto que cambia de expresión!), mientras la banda sonora remata cada supuesta humorada. No podía faltar el detalle escatológico -uno de los ladrones sufre de trastornos intestinales cuando se pone nervioso- para identificarla como una comedia del nuevo milenio.

Quizá la razón de la longevidad creativa de los viejos autores es que se basaban en la vida misma para inspirarse. Los nuevos directores hollywoodenses sólo tienen su cinefilia como base de referencia y esa es una veta que se agota muy pronto (vean, si no, lo sucedido con Tarantino). Alguien que pretenda manejar su auto mirando sólo el espejo retrovisor, no va a avanzar demasiado.

  EL QUINTETO DE LA MUERTE

(The ladykillers)

D: Joel y Ethan Coen / G: Joel y Ethan Coen, basado en la película The Ladykillers, escrita por William Rose/ F. en C: Roger Deakins/ M: Carter Burwell/ Ed: Roderick Jaynes/ I: Tom Hanks, Irma P: Hall, Marlon Wayans, J.K. Simmons, Tzi Ma/ P: Touchstone Pictures. EU, 2004.

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