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México D.F. Viernes 28 de noviembre de 2003

Molly Ivins

Pecados de omisión

Pecados de omisión, con frecuencia mucho más graves que nuestros pecados de comisión. Y rara vez pagamos por ellos en el momento oportuno; por lo regular es mucho más adelante en el camino cuando la gravedad de lo que debimos haber hecho y no hicimos se vuelve evidente. Pero el gobierno de George W. Bush parece ser la excepción a esta regla. Las consecuencias de lo que los bushitas pasan por alto deliberadamente, esconden bajo la alfombra o apartan de nuestra atención parece regresar a morderlos con atípica rapidez.

Sospecho que el peor pecado de omisión de los bushitas sí que sigue la regla normal: es bastante seguro apostar a que tanto los historiadores como los ciudadanos del futuro condenarán a este gobierno por hacer ca-so omiso del creciente alud de evidencias sobre el calentamiento global. Pero, operando según el espléndido principio de que ya bastante problema son los males del día, Bush y Cía han decidido no pensar siquiera en ese problema amenazador, ya no digamos estudiarlo, para atender asuntos más importantes, como la guerra de las galaxias.

En el lado de lo que no se va a ir sólo porque no le hagamos caso encontramos a Osama Bin Laden, el sistema de salud de la nación, el conflicto palestino-israelí, la reglamentación de la industria financiera, el medio ambiente, Afganistán, la dependencia del petróleo extranjero, la dependencia de los combustibles fósiles y un montón de cosas más. En justicia, tan pronto empieza uno cualquier lista de pecados de omisión, rápidamente se puede volver interminable: tratemos de enlistar los asuntos importantes a los que los medios dedican escasa atención, y encontraremos que son mucho más de lo que le pedimos a Santaclós.

Tratar de determinar la causalidad histórica es un asunto notoriamente espinoso. Por el momento el gobierno está entrampado en una lucha con la comisión investigadora del 11 de septiembre de 2001, en la que no puede haber victoria para nadie. La comisión quiere tener acceso a los reportes diarios de inteligencia anteriores al día 11, con el obvio propósito de averiguar qué tanto sabía Bush y en qué momento lo supo. Los bushitas se resistieron durante meses y lue-go sus corazones de mármol se ablandaron para ofrecer a unos cuantos miembros de la comisión acceso a los reportes... una vez que hubieran tachado todo lo que al gobierno le pareciera inconveniente. No estoy tan interesada en el tema, pero esa es la clase de conducta que ponía a gritar y aullar a los detractores de Bill Clinton en los más altos sectores políticos. Olvidarnos de Bin Laden para concentrarnos en Saddam Hussein po-dría resultar un yerro aún más grave de lo que parece ahora... y cada vez hay más indicios de que la decisión de ir tras Saddam se tomó antes del 11 de septiembre.

En el caso de la atención a la salud, esos partidos en guerra -los republicanos de la Cámara de Representantes y los republicanos del Senado- parecen haber llegado a un acuerdo para aprobar una iniciativa de verdad mala sobre medicinas de prescripción para personas de la tercera edad. El senador Ted Kennedy, que llevaba décadas trabajando con ese fin, simplemente se niega a respaldar ese engendro, que realmente apesta.

Pero mientras alegamos sobre un beneficio débil y tal vez fatalmente defectuoso en medicamentos para ancianos, Ƒqué estamos pasando por alto? "El seguro médico se vuelve un lujo para la clase media", señala un encabezado del New York Times. El programa Medicare cubre a uno de cada ocho estadunidenses, en tanto los otros siete están cada vez en mayor peligro. En Texas, uno de cada cuatro ciudadanos carece de seguro médico: no hay dinero, no hay seguro.

Una consecuencia muy real es el surgimento de graves problemas de salud pública. Por ejemplo, ya existen nuevas y superagresivas formas de tuberculosis en la frontera de Texas. ƑCon qué rapidez se desplazarán hacia el norte cuando las personas que presenten todos los síntomas no puedan costearse una consulta médica?

Pero aquí tenemos al gobierno del presidente Bush tratando de vendernos un nuevo programa que supuestamente nos hará de-sear romper nuestros cochinitos y aumentar nuestra participación en fondos de ahorro. Como por regla general ocurre con los funcionarios gubernamentales, lo que quieren hacer beneficia sobre todo a los ricos. Pero aun si dejamos de lado ese aspecto, Ƒno sería útil que empezaran a preocuparse porque ya la industria financiera está saqueando nuestros fondos de ahorro? Tal vez inclusive podrían pensar en hacer algo al respecto... vaya idea.

No es estrictamente exacto acusar a este gobierno de no prestar atención al medio ambiente: de hecho, tiene un programa bastante activo diseñado para degradarlo. Los medios insisten en informar sobre el tema como si fuera una lucha política: Bush contra los ambientalistas. En realidad, los lados contendientes son los que ganan dinero contaminando el aire, el agua y la tierra, y las personas cuya salud sufre daños por los resultados, en particular los niños.

Hace unos 30 años el ciudadano E. W. Ro-binson compareció ante el Senado de Texas para su nombramiento al risiblemente Co-mité de Control de la Contaminación del Aire. Aseguró a los senadores que estaba en contra de la contaminación que pudiera ser muy dañina a la salud de la gente. La contaminación por plomo y otras eran inaceptables, reconoció. Y qué hay de la contaminación que provoca asma y alergias, le preguntaron. Bueno, nadie se muere de eso, replicó con aire de profunda sensatez. Parece que hemos vuelto a la norma de Robinson: no importa si la gente se muere de eso en algún momento del futuro.

© 2003 Creators Syndicate Inc.

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