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México D.F. Viernes 14 de noviembre de 2003

Gabriela Rodríguez

Los pasos de Teresa

Como muchos panistas de cepa, Luis Pazos de la Torre sigue de cerca los pasos de la recientemente beatificada Gonxha Agnes, mejor conocida como la madre Teresa de Calcuta. Como se ha informado ampliamente, el ex presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados decidió de manera personal recortar los recursos para la salud de las mujeres y el combate al VIH/sida, aprobados por el pleno de San Lázaro, y reasignarlos a la organización Pro Vida, conocida por su devoción obsesiva para convencer a las mujeres embarazadas a que eviten abortar y acepten o den en adopción al hijo no deseado. Treinta millones de pesos van a contribuir sustancialmente al crimen y a la inseguridad social, al aumento del número de niños abandonados, de violadores y adictos, es decir, al nacimiento de personas que no tuvieron la oportunidad de ser queridos por sus padres. Muy recientemente el doctor John Donohue, de la Universidad de Stanford, documentó el vínculo entre la legalización del aborto, en los años 70, y la disminución de la criminalidad en los 90, particularmente en las zonas donde el procedimiento ha sido más accesible.

Pero los proselitistas del confesionario no sólo no toman en cuenta los estudios de impacto en el crimen sino que además hacen afirmaciones contrarias. Afirmaba Teresa de Calcuta que "el aborto va contra el mandato del amor. El aborto mata la paz del mundo... y a todos los jóvenes les digo: ustedes son el futuro de la vida familiar, son el futuro de la alegría de amar. Pero si llegaran a cometer un error (léase: tener relaciones sexuales) les pido que no destruyan al niño, ayúdense mutuamente a querer y aceptar a ese niño que aún no ha nacido. En Calcuta tratamos de combatir el aborto mediante la adopción. Por eso, pienso que aquellas naciones que destruyen la vida legalizando el aborto son las más pobres, porque temen alimentar a un niño más, y por eso agregan un asesinato más a este mundo. Con mucho gusto acepto todos los niños que morirían a causa del aborto". No sabemos si ella tendría la infraestructura para atender a 44 millones de niños, que equivale al número de abortos en el mundo.

Al afirmar esto, la también premio Nobel de la Paz en 1979 parecía desconocer que es justamente en los países pobres, donde no está legalizado el aborto, donde más se rompe el derecho a la vida, pues mueren más de 78 mil mujeres por abortos inseguros: 34 mil en Africa, 38 mil en Asia, 5 mil en América Latina, 500 en Europa del este, en tanto que en el resto de Europa y América del Norte mueren menos de 20 mujeres anualmente por interrumpir un embarazo.

La visión de la líder de las Misioneras de la Caridad es profundamente misógina, exalta el sacrificio materno como ejemplar a todas las mujeres, sin el menor interés por la vida de las embarazadas ni por sus deseos: "Una madre que está pensando en abortar debería ser ayudada a amar, es decir a poner en segundo lugar sus proyectos y su tiempo libre, y a respetar la vida de su hijo..." Como dijera Juan Pablo II al celebrar su beatificación el mes pasado: "Ella eligió ser no sólo la última, sino la sierva de los últimos. Como una verdadera madre de los pobres, se inclinó a los que sufrían diferentes formas de pobreza. Su grandeza reside en su capacidad de dar sin importar el costo, dar 'hasta que duela'. Una mujer que tuvo la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor, lo que ella misma llamó oscuridad: sólo si renuncio a mí puedo llegar a Dios. ƑLo han comprendido, hermanos? Sufrimiento, dolor, humillación, son besos de Jesús. Acérquense tanto a Jesús que él pueda besarlos".

Dar en adopción a un hijo no deseado es desde luego una fuente de dolor, una decisión legítima y comprensible acompañada del sufrimiento de vivir en carne propia todo un proceso de gestación durante nueve meses, de dar a luz para luego desprenderse de un bebé, una enorme carga de pena y dolor tanto para la madre como para el nuevo ser. Según algunos estudios clínicos, para muchas mujeres es más doloroso que abortar porque puede llegar a ser traumático separarse de una persona ya formada, que creció en su vientre y a la que no verán nunca más.

El dinero que Luis Pazos reasignó por cuenta propia a Pro Vida será una fuente para consolidar el sacrificio maternal de muchas más mujeres. En México 60 por ciento de las mujeres embarazadas da a luz un hijo deseado, 23 por ciento tiene un hijo no deseado y 17 por ciento recurre al aborto inducido. Las que lo dan en adopción no son muchas, pero Pro Vida afirma haber convencido a 6 mil mujeres de hacerlo.

Y mientras el gobierno mexicano sigue los pasos de Teresa de Calcuta y se está elaborando el presupuesto para 2004, bien valdría la pena retomar la propuesta del Consejo Consultivo Ciudadano para las Políticas de Población, en el cual sorprendentemente participa Pro Vida. Dicha propuesta fue elaborada para Santiago Creel y busca incrementar el presupuesto asignado al Consejo Nacional de Población (Conapo), pues ha venido reduciéndose hasta representar uno por ciento del presupuesto de la Secretaría de Gobernación para 2003. Aunque usted no lo crea, en este año Conapo recibió la misma cantidad (30 millones) que el legislador panista asignó a esa organización civil que contradice el programa nacional y los compromisos de salud reproductiva de México.

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