Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 19 de marzo de 2003
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Capital

Emilio Pradilla Cobos

Crisis en el PRD-DF

Los conflictos generados por la selección de candidatos a jefes delegacionales del PRD en el Distrito Federal han profundizado la crisis de este partido, uno de cuyos episodios anteriores fue la confusa e ilegítima elección de la dirección estatal en marzo de 2002. Seguramente los grupos de interés que controlan su dirección no lo reconocen, embriagados por la popularidad personal del jefe de Gobierno del DF, que, según ellos, les daría un triunfo aplastante en las elecciones de julio próximo.

La selección de candidatos a jefes delegacionales del PRD ha tenido cinco rasgos críticos que se añaden a los factores histórico-estructurales de su crisis interna. La nominación se realizó mediante una encuesta abierta a todos los electores, independientemente de su militancia política; fue llevada a cabo por una firma comercial, para medir popularidad y no capacidad o propuestas, lo cual expropió a los militantes perredistas el derecho reglamentario y ético a elegir a quienes los representan, hablan y podrían gobernar en su nombre. Autoritariamente la dirección se abrogó el derecho de palomear a los precandidatos que se citaron en la encuesta, según rumores, con la participación y el derecho a veto del jefe de Gobierno.

En la desigual promoción de los precandidatos se usaron recursos cuyo origen es desconocido para la militancia y la ciudadanía. La aplicación de la encuesta estuvo plagada de prácticas clientelares, usadas por los dos grupos corporativos de interés: Corriente de Izquierda Democrática (CID) y Nueva Izquierda, que se disputan el control del partido. Finalmente, los candidatos seleccionados, la gran mayoría ligados a la CID de René Bejarano, operador político de Andrés Manuel López Obrador -sin que se tome como agravio personal-, no son realmente "los mejores hombres y las mejores mujeres para estos puestos", como dice la frase habitual, y podría no bastar el llamado efecto López Obrador para garantizar su triunfo, si los otros partidos eligen mejores portavoces.

La consecuencia de estos hechos es que se menciona a media docena de ex precandidatos perredistas que irían a la contienda electoral representando a otros partidos, pequeños o grandes, o a coaliciones, enfrentándose así al partido en el que militan o militaron. Suponemos que la cúpula perredista defeña piensa ya en su expulsión, acusándolos de "traición", sin evaluar su propia responsabilidad. Si estos disidentes logran explicar claramente a la ciudadanía y a los militantes perredistas sus razones para contender por otros colores y construyen propuestas políticas democráticas y ciudadanas progresivas, que superen la falta de propuesta del PRD-DF y su subordinación vertical al jefe capitalino; si logran que los partidos que los postulan acepten estas propuestas, si mediante ellas llegan a la conciencia de los electores de abajo, habrá perredistas y militantes de organizaciones sociales que los apoyarán. Si no es así, será una simple fractura más, otro episodio de la crisis profunda de todos los partidos políticos, convertidos en franquicias electorales ofrecidas a quienes tengan popularidad, dinero o amarres para competir, sin importar su ideología o trayectoria.

La elección de direcciones -nacional y estatales- de marzo de 2002 enfrentó a quienes pugnaban por la refundación y regeneración del PRD, encabezados por Rosario Robles, y a quienes querían mantenerlo como ha funcionado en años recientes: como instrumento para la obtención de puestos ejecutivos y legislativos, controlado por grupos de interés y operado por el sistema de cuotas. En la capital, en una poco afortunada alianza, la CID y los partidarios de Robles compitieron unidos; perdieron la presidencia, pero hoy su candidato, gracias a acuerdos cupulares, detenta ese cargo. Lejos de presenciar la transformación del partido en el Distrito Federal, observamos la profundización de las prácticas clientelares, corporativas, de grupo, autoritarias, de sumisión acrítica al gobernante. El aplazamiento sin fecha del cambio se justifica diciendo que primero hay que avanzar electoralmente y luego reformar. Esta fórmula es lineal, mecánica y obsoleta, porque reforma y avance están mutuamente condicionados.

ƑCuánto tiempo va a esperar la militancia del PRD-DF a que se eche a andar el proceso de reforma? Muchos han llegado al límite de la paciencia, pues cada día tienen menos cabida en ese aparato burocrático sin proyecto político. Si el desmoronamiento sigue se habrá perdido esa alternativa democrática -interna y para los mexicanos- que pensaron muchos de sus fundadores, y tendremos un panorama político capitalino dominado por franquicias electorales pragmáticas, de centro y derecha, sin izquierda, pues el PRD-DF ya no lo será, donde no cabrán quienes sueñan con la transformación integral de la sociedad para los oprimidos, explotados y excluidos, la mayoría de los mexicanos de hoy y mañana.

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