Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 19 de marzo de 2003
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Política

Arnoldo Kraus

Acerca del dolor

El dolor, en ocasiones, asesina los sentimientos. El dolor expone las almas. El dolor pregunta. El dolor borra y luego pinta. Erosiona por la mañana y reverdece las tardes cuando se ha apagado. Estimula, a la vez, el habla y el silencio: permite que en un tiempo se fundan la palabra herida y la esperanza. El dolor es la suma de muchas sumas: del pasado y del presente, del llanto y de la risa, del Ƒpor qué? y del gracias a los cielos, del yo como carpe diem y del tú como la mirada del otro que acompaña mientras baja el llanto. Del yo fugado, cuando el cuerpo vive en silencio, y de aquellos yos profundos que abandonan las laderas del mutismo cuando las llagas recuerdan cómo duele la vida.

El dolor cura. Cura cuando se aleja, cuando es recuerdo, cuando el día adquiere otros ojos y las tintas otros tonos. Alivia cuando el tiempo, los amigos o la medicina restañan las llagas y la certeza de saberse vivo sepulta las imágenes del sufrimiento. Cura cuando es escuela: da sentido a la existencia, proyección al presente, arados a la lucha. Y mejora el sabor de lo corporal y el valor del momento cuando lo imperceptible se transforma en piel. Palia, porque las aflicciones dan vida a lo etéreo y presencia al olvido.

Y el dolor también pregunta. Somos, como decía Paul Valéry, dos mundos alojados en un mismo mundo, "la piel humana separa el mundo en dos espacios. El lado del color y el lado del dolor". Eso somos: dos realidades que transitan de la salud a la enfermedad, de la vida a la muerte y de la dulce inconsciencia del vivir que cobija nuestro cuerpo, cuando la enfermedad no ha abierto las puertas de los yos insanos, ni expuesto el alma a las noches turbulentas y aciagas que no acaban cuando la patología acecha.

Cuando las mermas físicas amenazan la existencia el mal también inquiere y reacomoda los ladrillos del alma: Ƒcómo cohabitar con uno mismo si la enfermedad me ha modificado? ƑCómo leer los largos insomnios donde la idea de finitud nace del cuerpo lastimado y la pulsión de vida adquiere otras vetas a partir del cuerpo rencontrado? El dolor del ser humano y de la sociedad es un memento mori que nos devuelve a la tierra y nos confronta con la muerte. Es un estado que ensancha la cotidianidad y escarba profundo. La salud, en cambio, es un ensayo de la insonoridad, donde el sujeto sano puede llegar a ignorar incluso que tiene cuerpo.

Viajar a través del dolor es un camino sinfín: sus avenidas no se agotan y sus puentes nunca acaban de construirse. El sufrimiento es proteico y sus caras clepsidra. Es posible leerlo en la vejez, en el Holocausto, en Sábato, en la enfermedad de Alzheimer, en el arte, en el feminismo, en la soledad, en la desnutrición, en el paciente terminal, en la pobreza, en todo. En ese todo que camina siempre junto al ser humano y que recorre las venas de la memoria y las preguntas del presente.

ƑQué sería el ser humano si la melancolía no cuestionase? ƑQué sucedería con el deseo o la empatía si la muerte no existiese? ƑQué hubiese y qué no hubiese escrito Kafka sin su compañera tuberculosis? ƑQué habría sido de la literatura si Chéjov no se hubiera atrevido a compartir su vida con sus dos amantes, la medicina y la escritura? ƑY qué sería del poeta anónimo si la sangre no fluyese? Será la sangre derramada/ la que caliente los días. Serán nuestras palabras/ las que abonen los/ pisos de la casa. Quizás no sean muchas,/ acaso no sean largas,/ tal vez sean torpes,/ incluso duelan. ƑY qué?

El dolor abre la piel y perfora las almas. Quien se siente repentinamente amenazado por el pathos comprende que algunas porciones de su esqueleto están ocupadas por otras formas de vida. Otras lecturas que devienen miradas, vivencias y palabras distintas. Otros sabores que revelen glebas impensables. Que evidencian, que cuando se habla a partir del dolor, la interiorización deviene entresijos impensables. Las miradas, desde el dolor, son incontables; son una suerte de diván donde lo impalpable transforma el sufrimiento en maestro y la reflexión en literatura.

A través del dolor, la sociedad también encuentra muchos rescoldos que hermanan a individuos desconocidos. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida, los niños y niñas de la calle, la soledad de los viejos, el hambre, la prostitución infantil, los vínculos entre enfermedad y pobreza, la estigmatización y el maltrato contra los homosexuales son renglones cuya lectura "duele" y cuya realidad emerge como resultado de quiebras sociales, amnesias, abuso del poder. En todos esos rubros "el dolor" tiene cabida. Existe. Se respira. Incluso da significado a muchos de los componentes de esas mermas. Es una forma de ruptura social y extensión de la comunidad enferma y de la "ecología del mal".

Quizás el dolor profundo que emana de ver "al otro", al otro yo, pudiese servir de semilla para entender y lidiar mejor con este tipo de descuidos.

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