Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Jueves 7 de noviembre de 2002
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Cultura

Margo Glantz

Aires de cambio

Cuando se viaja suele ser difícil situarse de manera coherente en el mundo. Y, claro, esta frase, como la mayoría de las frases que quieren abarcar mucho, es un lugar común: obviamente lo es, y sin embargo, es también una verdad a medias.

Veamos: en agosto estaba yo en América Latina y he relatado aquí algunas de mis experiencias; luego estuve en Chicago a finales de septiembre y desde hace como 15 días ando por España, primero en Alicante y ahora en Barcelona, lugares donde he tenido que entrenarme en una forma nueva de la globalización: la que implica pagar en casi todos los países con la misma moneda, los euros, y advertir que los precios han sufrido un redondeo, pero hacia arriba, es decir que lo que antes costaba una cantidad razonable de pesetas cuesta ahora muchos más euros, realidad apabullante: en las agencias de cambio se ha alterado radicalmente la lista de monedas que ahora son susceptibles de mercadeo; hay unas cuantas monedas imperiales como el dólar, la libra esterlina, el franco suizo o el yen y muchísimas más monedas del más flagrante subdesarrollo, que antes ni siquiera se mencionaban, las monedas casi inexistentes de los países que fueron socialistas, las polacas, las lituanas, las eslovacas y también han hecho su aparición vergonzante las de nuestros países latinoamericanos, el peso argentino, el peso mexicano, los bolívares, los soles, los reales, etcétera, a cambio de las cuales se reciben muy pocos euros, pero, claro, todo sea en aras del progreso del primer mundo y su modernización.

Me detengo y reflexiono: pero, Ƒacaso no se nos está contaminando el progreso? ƑNo se nos informa cada vez más seguido, de manera obsesiva y excesiva, de nuevos brotes de terrorismo y, claro, de antiterrorismo, acciones que suelen suceder casi de manera simultánea? Y me viene a la mente un relato que en sus Memorias hace Nadezhda Mandelstamm, la mujer del gran poeta ruso ejecutado por Stalin, en el que muestra cómo, aprovechando el desorden y el miedo a caer en el caos después de la muerte de Lenin en la Unión Soviética, y con el pretexto de regresar al orden, se instaló sin remedio el Estado totalitario.

Los signos de nuestro tiempo se me antojan tan ominosos como los que prefiguraron el nazismo, sigo pensando, mientras visito una muy hermosa exposición de la fotógrafa judeo-alemana Gisèle Freund, exhibida en el Centre de Cultura de Barcelona, donde, además de sus magníficos retratos, entre los que se admira a Virginia Woolf, Walter Benjamin, André Breton, Malraux, Joyce, Frida Kahlo, Evita Perón, se nos informa de la vida de la fotógrafa, la de una exiliada que debió refugiarse en diversos países para escapar del nazismo: sí, no cabe duda, concluyo, el 11 de septiembre ha sido rico en consecuencias trágicas y reacciones en cadena, un endurecimiento temible de las relaciones internas en los países, la reducción de las garantías individuales, una relativización del concepto de derechos humanos y un deterioro cada vez más grave de las relaciones internacionales y la posibilidad de que estallen muy pronto nuevas guerras con consecuencias tan imprevisibles como las de la Segunda Guerra Mundial.

''El terrorismo debe ser vencido, y lo será", cita Juan Goytisolo. Y continúa: ''šCuántas veces no habremos oído esa sentencia altisonante en boca de los supuestos defensores del orden! Pero, Ƒa qué terrorismo se refieren? El término es camaleónico y mutante: encierra múltiples sentidos y se aplica a realidades distintas y a menudo opuestas".

Me da la impresión, con todo, y me tranquilizo un poco, de que hay una conciencia muy clara de estos peligros y que las críticas se verbalizan de manera más generalizada. Ojalá que no sea sólo una impresión equivocada surgida de la lectura de varios de los periódicos europeos que a la mano tengo.

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