Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Martes 1 de octubre de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  CineGuía
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  Fotos del Día
  Librería   
  La Jornada de Oriente
  La Jornada Morelos
  Correo Electrónico
  Búsquedas
  >

Política

Los damnificados agradecen las plegarias del gobernador, pero demandan más ayuda

En Yucatán "nuestros hijos no se llenan con oraciones"

Los municipios con mayor grado de marginación son los más afectados por Isidore

JENARO VILLAMIL ENVIADO

Merida, Yuc, 30 de septiembre. Bien dice el sentido común yucateco que lo peor de un huracán viene después, a pesar de que las autoridades estatales insisten en desestimar la desesperación de los cerca de 500 mil damnificados en toda la entidad. "Voy a orar por ustedes", les dijo el gobernador Patricio Patrón a un grupo de afectados y, pronta, una mujer maya le respondió: "gracias, pero nuestros hijos no se llenan con oraciones".

Tras la destrucción, en esta entidad ha llegado la desesperanza y se observan con mayor crudeza las condiciones de miseria de cerca de 70 por ciento de la población, que subsiste con menos de dos salarios mínimos. Algunos especialistas calculan que, inevitablemente, en las próximas 72 horas pueden darse los brotes de múltiples enfermedades gastrointestinales.

En Yucatán, reiteran sus habitantes, lo peor apenas comienza y están alarmados por la llegada de la tormenta tropical Lilly. Los 46 municipios clasificados como zonas de desastre son, desde antes, los sitios de más alto grado de marginación y pobreza en toda la península, con índices de mortalidad infantil que rebasan el promedio nacional, con "semilleros del cólera" y del dengue, como señalan las autoridades de salud, y con una economía de subsistencia que ha sido golpeada por el peor meteoro en décadas que haya asolado a esta planicie.

En menos de 30 horas que duró el paso de Isidore por Yucatán murieron cerca de 50 millones de aves, y se perdió el equivalente a la producción de un mes de huevo, 240 mil cajas. La industria avícola se había convertido, desde finales de la década de los ochenta, en un paliativo para la pobreza de lo que antes fue la próspera zona henequenera. El daño para esta industria rebasa los mil 500 millones de pesos.

En el campo, la Secretaría de Agricultura diagnosticó como perdidas 50 mil hectáreas de maíz y 5 mil 500 de hortalizas.

A la costa yucateca le fue peor. Los enclaves pesqueros de San Felipe, Río Lagartos, Puerto Progreso y Telchac difícilmente se recuperarán en los próximos tres meses, según cálculos de las autoridades estatales. A estas comunidades Isidore los dejó sin luz, sin agua potable, sin embarcaciones, sin refugios pesqueros. El mar inundó las viviendas.

En Progreso, a escasos 32 kilómetros de Mérida, el mar entró hasta un kilómetro. Las imágenes y los testimonios subrayan que a una semana de la devastación las cerca de 50 mil personas que viven de la pesca no cuentan ni siquieraoaxaca_lluvias con una hamaca para poder dormir. Perdieron muebles, ropa, techos.

En otras regiones de la zona citrícola la producción se perdió por completo. Son municipios que viven de la siembra de naranja y limón. Se perdió la producción de un año. En Tekax, otrora municipio próspero, el alcalde calculó que 16 de sus 61 rancherías han sufrido "pérdida total". Los habitantes de estas localidades se mantienen en albergues donde por primera vez desde hace una semana han podido comer, según diversos testimonios.

En Mérida, la Ciudad Blanca, los signos de la desesperación también se dejan sentir. La alcaldesa panista Ana Rosa Payán pidió comprensión a los emeritenses porque el servicio municipal no se da abasto en la recolección de ramas, troncos y árboles caídos en toda la ciudad. "Me voy a encargar de recoger todo lo que saque la gente a la calle", anunció la semana pasada.

Por esta razón, en las calles se observan montones de ramas que el servicio municipal no ha recogido. La mitad de la ciudad aún no cuenta con los servicios de agua potable y electricidad. Las líneas telefónicas se han restablecido, con excepción de las comisarías más marginadas.

Por otra parte, la recolección de ayuda a los damnificados tiene menos de una semana. El gobierno federal reaccionó con cierta tardanza, pero finalmente ha enviado víveres, agua potable, más de 100 mil despensas, colchonetas, 600 kilogramos de medicamentos y láminas para reconstruir una cantidad aún no determinada de casas destruidas en el interior del estado.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha abanderado, junto con la Cruz Roja y la coordinación de la Secretaría de Desarrollo Social, la entrega y distribución de la ayuda que proviene del gobierno federal y de los centros de acopio privados. Hasta el viernes, la Sedena informó que 2 mil 300 elementos del Ejército Mexicano distribuyen 20 mil 739 raciones de comida, 827 cobertores y 10 mil litros de agua para cerca de 2 mil 260 damnificados, los cuales no representan ni 5 por ciento del total.

El criterio para definir a un damnificado aún no está claro. En declaraciones a medios nacionales, el gobernador Patricio Patrón afirmó: "es difícil saber quién es damnificado y quién no, porque en algún sentido la inmensa mayoría de los yucatecos son damnificados, pero si consideramos gente que sufrió daños en sus casas, entonces pensamos en 100 mil familias".

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año