Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 20 de julio de 2002
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Cultura
Altos funcionarios denigran a los autores y arremeten contra el libro, dijo el escritor

Pitol: el gobierno castiga a la cultura con ferocidad nunca vista en México

Hay una ''ignorancia escalofriante'' entre los miembros del gabinete presidencial, deplora

El Partido Acción Nacional nada ha expresado en defensa del conocimiento, señala

ANASELLA ACOSTA NIETO

El Partido Acción Nacional (PAN) se suma a la ''avanzada" contra la cultura en el país, dirigida por el actual secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, pues ninguno de sus miembros ha defendido la importancia del libro y sus autores para la formación y el imaginario de las instituciones y la sociedad mexicanas, manifestó el escritor Sergio Pitol.

Durante su participación en el ciclo de conferencias Ser escritor hoy, testigo y fabulador, la tarde del jueves en la Casa Refugio Citlaltépetl, el autor de El arte de la fuga expresó que los ''altos funcionarios gubernamentales han castigado al libro y denigrado a sus autores con ferocidad nunca vista en México".

Hay una ''ignorancia verdaderamente escalofriante, sobre todo en el titular de Hacienda; él y otros secretarios ignoran las contribuciones del libro y los autores en la conformación de México, de sus instituciones republicanas y de su imaginario. Nunca se había registrado una saña tal contra el libro. Lo más asombroso es que el partido en el poder también está de acuerdo, porque ninguno de sus diputados, senadores o teóricos ha defendido el libro".

Desprecio por el humanismo

A diferencia de uno de los fundadores del PAN, Manuel Gómez Morín, quien figura entre los grandes intelectuales del siglo pasado, los actuales panistas se muestran ''como personas que nunca han leído. Desconocen la cultura mexicana y su prestigio en el exterior, donde se realizan numerosos estudios sobre la literatura y los escritores de México; son otro partido", señaló Pitol.

El escritor hizo un recuento del nacionalismo en México a partir de la Independencia y la Revolución para llegar al tiempo actual:

''En los recientes años, los de la globalización, sorprende ver a los exponentes del viejo nacionalismo de extrema derecha revestidos con nuevo disfraz. Hasta hace poco exaltaban los valores nacionales más tradicionales y hacían culto supremo de la raza, la blanca por supuesto. Su ideario no era propositivo sino restrictivo: combatir y, si les era posible, suprimir cualquier acto y programa que pudiera poner en duda la estructura de la religión, la tradición y la familia. Funcionaban como fiscales o censores de la televisión, el cine, la prensa, los espectáculos, las exposiciones y, sobre todo, las costumbres. Su ideal era producir una parálisis de ideas y un entristecimiento del lenguaje.

''En estos tiempos el panorama se ha modificado. Esa misma obtusa mentalidad pareció de repente hartarse de exaltar los signos más evidentes de la nacionalidad y ahora presume de una modernidad a ultranza, descubre el placer de ser cosmopolita, cosa que no es, no hay que creerle. En el fondo su mentalidad es la de siempre, aunque el ropaje parezca diferente. Ahora se estimula el desprecio a la tradición humanista y también a cualquier tipo de experimentación que pudiera salir de los caminos admitidos, se ha llegado a atentar contra la existencia del libro. Lo único que en verdad tolera este ignorante es la lectura epidérmica, la llamada literatura light. Si ese concepto triunfara nos habríamos internado en el mundo de los robots.''

La literatura no desaparecerá

Pitol alertó sobre la importancia de preservar la cultura nacional, cuya base, en México, es el indigenismo. Explicó que los movimientos trasnacionales del espíritu, como el cristianismo, la reforma, el renacimiento, el romanticismo, ''sólo fructificaron en formas vivas donde hubo una cultura local que supo acogerlas y enriquecerlas. Si la cultura receptora desapareciera podría producirse una tremenda disecación de todo lo humano, el mundo se convertiría en algo plano y extraordinariamente vulgar".

En defensa de las culturas locales, se refirió a la tolerancia defendida por muchos humanistas como ''único y último camino para llegar a la armonía", a pesar de ''los que detestan el cambio libre de ideas y cuyo acervo intelectual son unas cuantas afirmaciones que tratan de imponer a los demás dentro de un sistema cerrado, en el que las ideas y los valores estéticos no tienen cabida".

Describió al intolerante en un padre de familia que se enfurece porque su hijo lee una novela en vez de limitarse sólo a los libros de texto, o estalla si en lugar de la novela descubre un poemario y jura que si lo vuelve a encontrar con ''esas mariconadas" lo internará en una correccional o en la academia militar ''para enseñarlo a machito."

Pitol aludió a la quema de libros en la Alemania nazi y en la Revolución Cultural en China. Pareciera que ''estamos lejos de esos horrores, pero en los últimos tiempos altos funcionarios han castigado al libro y denigrado a los autores con ferocidad nunca vista en México".

Si bien ''la literatura no desaparecerá" por las políticas fiscales, pues vivimos tiempos más extraordinarios, imaginativos e innovadores, explica, sí habrá una pérdida para la sociedad: quizá se publique menos, desaparezcan editoriales mexicanas y dominen las grandes españolas, y lo más grave es que seguramente se leerá menos.

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