Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 13 de mayo de 2002
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Política
Armando Labra M.

Economía micción: cosecha de porcientos

Se han de haber carcajeado a la salida del Casino Militar los miembros de la Fundación para el Desarrollo Rural cuando el Presidente les dijo que el primer trimestre del año la producción agropecuaria creció 7 por ciento, porque cualquiera que conozca un surco sabe que no son esos meses época de cosecha significativa en el país. ¿Quién le hizo el discurso al señor Fox? Seguramente otro campesinista de banqueta, como yo, que sólo conoce la tierra de sus macetas. O algún tramposo, pérfido maloso inflador de estadísticas, de ésos cuya estirpe considerábamos extinta...

Ni modo, tenemos que ver algunas cifras. El Banco de México en su informe anual, recientemente difundido, consigna que la agricultura, la pesca y la silvicultura arrojaron un crecimiento de 2.5 por ciento en 2001 respecto al año anterior. También consigna que las exportaciones agropecuarias decayeron -7.5 por ciento en ese lapso.

Como se sabe, el año pasado la economía nacional decreció -0.3 por ciento a consecuencia del decaimiento de las actividades industriales (?3.9 por ciento) y la construcción (?4.5 por ciento), principalmente. Ciertamente no toda la agricultura, considerada ahora como nuevo "motor de la economía", contribuyó a que el sector primario tuviera un buen desempeño en 2001. Desde luego, no es positivo el panorama para los cultivos que más importan a los mexicanos por su aporte a la alimentación popular y al empleo, ya que, como consigna la Sagarpa en su página web, en 2001 la cosecha de maíz fue 6.9 por ciento inferior a la del año anterior, la de frijol en -1.7 por ciento, la de arroz en ?5.9 por ciento, la de trigo en -4.2 por ciento y la de sorgo en -11.4 por ciento.

En cuanto a oleaginosas crecieron importantemente los volúmenes de ajonjolí y cártamo, pero decreció en ?16.4 por ciento la producción de soya. Salvo un leve aumento de la producción avícola (2.0 por ciento), todos los renglones ganaderos disminuyeron entre -1.6 y -2.2 por ciento. Baste mencionar que de 1995 a 2001 la contribución del sector agropecuario al PIB disminuyó de 6.0 por ciento a tan sólo 5.2 por ciento, según el Banco de México con datos del INEGI, para darnos cuenta de que el campo no anda bien, sino muy mal para la mayoría de los campesinos y para el bienestar de todos los mexicanos

Con estos antecedentes, aunados a la sostenida descapitalización del campo y a la adversidad del mercado exterior no sólo en cuanto a precios, sino a demanda, más un decrecimiento de -1.6 por ciento de la economía nacional entre enero y marzo del presente año, no es muy creíble la cifra de un aumento de 7 por ciento real en el campo, durante el primer trimestre. En efecto, hay productos que muestran, hasta marzo, aumentos impresionantes tanto en volúmenes como en rendimientos por hectárea, pero el sistema de información de Sagarpa (SIAP) en la red revela que el ciclo otoño-invierno mostró al 31 de marzo sólo un pequeño aumento (1.67 por ciento) de la producción agrícola y en la pecuaria -se dispone de datos mensuales a febrero- incrementos de 2.5 por ciento o menos (leche y carne) y disminuciones de -5.2 por ciento en otros productos (huevo, miel, etcétera). También es cierto que 2001 fue un año de buenas lluvias y pocos desastres, lo cual permitió siembras oportunas y seguramente eso se reflejará en el bienestar de algunos rancheros ricos, pero de muy pocos campesinos pobres que constituyen la mayoría rural del país.

Sea 7 por ciento o el dato que resulte, dada la proclividad inventiva en la residencia oficial de Los Pinochos, ya resulta imperativo exigir al Presidente que cite las fuentes de su información y que nos ilustre con certeza. La evolución natural del sector agropecuario no permite anticipar un desempeño como el que mencionó el Presidente. No que lo dicho sea mentira flagrante, como en otros casos más conspicuos, pero sí fantasía rural, a menos que se muestren los datos duros. ¿Peras al olmo? ¿Y por qué no?, todo es posible sobre cualquier tema, en el discurso de estos días, hasta una verdad de vez en cuando.

De la atonía y la administración de la abundancia de hace algunos años, a la reciente economía ficción de triste memoria, pasamos ahora, de tanto regarla, a la economía micción en la que el PIB decrece notablemente, pero "mejoran las expectativas de fin de año"; en la que sube el precio del petróleo pero se recorta el gasto público; donde los empresarios, a los que el gobierno sirve, dicen que "vamos en la dirección correcta" pero mantienen sus dineros afuera; donde privatizar significa robar, donde el campesino se hunde, pero aumenta la cosecha de porcientos... Pobre campo. Pobre país.

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