Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 6 de febrero de 2002
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Política

Ť Presenta el cardenal Norberto Rivera Carrera el Plan Pastoral 2002

Urge mayor presencia de la Iglesia católica para "humanizar" el deteriorado tejido social

Ť Ni sacerdotes, ni religiosos ni laicos se han comprometido con la evangelización, dice

JOSE ANTONIO ROMAN

Ante la creciente secularización de la sociedad y la presencia de "antiguas y nuevas pobrezas" que afectan gravemente todos los ambientes y estratos sociales, la presencia de la Iglesia católica se hace cada vez más urgente para "humanizar" el ya deteriorado tejido social, señala el arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, en su Plan Pastoral 2002.

En el documento de 28 páginas el prelado reconoce que ni los sacerdotes, ni los religiosos ni los laicos se han comprometido lo suficiente en el proceso de evangelización, además de que la práctica pastoral tradicionalmente ha estado muy limitada y fragmentada. No se ha sabido llegar eficazmente a los más alejados de la Iglesia, a los jóvenes y a las familias, sectores que, por otra parte, son las prioridades en la tarea evangelizadora.

Con frecuencia, dice, en las parroquias de la ciudad de México se observa no sólo una enorme ausencia de jóvenes, sino también una falta de sensibilidad, compromiso y organización de las comunidades católicas hacia los más pobres y marginados. Además, observamos "nuestra incapacidad para incidir en favor de las familias y sus graves necesidades".

Rivera Carrera destaca que los jóvenes son un vasto campo de la sociedad y su importancia en la evangelización es urgencia pastoral. "Vapuleados en su integridad física, emocional y moral por el mundo de los adultos, encuentran seriamente comprometido su presente y su futuro. Son espejo de la crisis generalizada de la sociedad actual".

Sin embargo, pide a sacerdotes y religiosos que se den cuenta que cuando se logra contagiar a los jóvenes del interés de integrarse a la tarea evangelizadora, éstos se convierten en agentes que imprimen gran dinamismo al trabajo de la Iglesia.

En el punto 90 del documento, el arzobispo Rivera señala que la ciudad de México presenta "antiguas y nuevas pobrezas" que afectan ambientes y grupos de todo estrato social, expuestos a la falta de esperanza para vivir, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social.

El Plan Pastoral 2002 subraya que la inculturación del evangelio es una exigencia de primer orden y con ello se busca que los valores religiosos inspiren la vida diaria de los habitantes de esta gran capital.

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